sábado, 19 de octubre de 2013

INFANTERÍA DE MARINA. REGIMIENTO NAVAL Nº 1. POR TIERRA Y POR MAR I

    Después de la aparición de la "Maleta Mejicana" se publicaron numerosas  fotografías inéditas hechas por Robert Capa, cuyos negativos contenía la famosa maleta. Hace años, ojeando en un VIPS un libro de fotos de este autor (incluyendo el engaño de "La muerte de un miliciano"), encontré una que me llamó la atención, pues incluía un grupo soldados republicanos en el frente del Río Segre en el año 1938, con la particularidad de que pertenecían a la Marina y me pregunté a qué unidad podrían pertenecer. Una rápida investigación me llevó a descubrir la existencia del llamado Regimiento Naval nº1, sucesor del Grupo de Fuerzas de Infantería de Marina de la Base Naval de Cartagena. Recientemente un viejo amigo me ha remitido una copia del libro Guerra y Exilio  escrito por Ginés Sánchez Balibrea, que ha vuelto a encender mi curiosidad por la Infantería de Marina de la República,  que en la historia "oficial" parece no haber existido

      No pretendo hacer una recensión del libro, ni entrar en consideraciones sobre los juicios de valor del autor, o sobre las razones de la trágica Guerra Civil, sino solo exponer someramente algunos aspectos de historia militar que me sugirió su lectura, y comentar la visión que el autor presenta de un trágico hecho que ha llamado especialmente mi atención.
Cadetes de la Academia de Infantería de Marina. 1929

      El libro es una recopilación de los recuerdos de la vida de una persona que vivió tiempos convulsos en los que condujo con valor tropas al combate (a veces con éxito) y con las que compartió al final la amargura de la derrota y el exilio. El autor presenta su visión de algunos hechos de la época con cierto detalle y otros con olvidadiza memoria, en particular el alzamiento en Cartagena. Su pretensión no parece que sea la de escribir unas memorias formales, sino más bien el que no quede en el olvido tanto las actuaciones que los Infantes de Marina de la República tuvieron en los frentes cómo la suya propia, de la que se muestra particularmente orgulloso, además de incluir aspectos de su vida antes de la guerra y del exilio. La descripción de los hechos históricos que vivió y algunas imprecisiones se pueden fácilmente someter a crítica, pero en su descargo el autor se lamenta de que para escribir sus recuerdos no contó con fuentes documentales, por lo que hay que leerlos a la luz de quien, al ocaso de su vida, reflexiona en voz alta sobre los acontecimientos que ha vivido, resaltando sus aciertos y minimizando sus errores y fracasos.
Cadetes de la Academia de Infantería de Marina. 1929

      Ginés Sánchez Balibrea fue admitido en Julio de 1924 en la Academia de Infantería de Toledo y en 1926 ingresó mediante concurso en la Infantería de Marina pasando a la Academia General Central del Cuerpo en San Fernando, de la que salió con el empleo de Alférez en 1928 para ser a continuación destinado al 3º Regimiento de guarnición en Cartagena. En Julio de 1936 se encontraba destinado cómo Capitán en el Grupo de Fuerzas de la Base Naval de Cartagena, nombre que tomó el antiguo 3º Regimiento, hoy Tercio de Levante. La razón del cambio de designación de la unidad se deriva del hecho de que tras la proclamación de la República el 14 de Abril de 1931 y bajo inspiración de Azaña como Presidente del Consejo de Ministros, su ministro de Marina, Santiago Casares Quiroga, llevó a cabo una radical reforma en la institución. El Decreto de reorganización declaraba la extinción del Cuerpo de Infantería de Marina, lo que para el autor auguraba un horizonte profesional poco prometedor, por lo que en este hecho se podría encontrar la razón del comienzo de la Licenciatura de Derecho, que concluyó en 1935.
      Para la hoy llamada "Memoria Histórica" convine recordar que en Julio de 1936 el Grupo de Fuerzas de la Base Naval se encontraba al mando de un Teniente Coronel y no contaba con demasiados efectivos dada la situación de extinción del Cuerpo.  Después de la proclama de Franco y una vez que las fuerzas partidarias de la República dominaron la situación, más de la mitad de los oficiales de la unidad, nueve en total, de cuya lealtad dudaban los republicanos, fueron detenidos y posteriormente asesinados. Seis de ellos fueron encarcelados en el buque "España nº 3"  al que se ordenó salir a la mar el 15 de Agosto de 1936 para ser, según Sánchez Balibrea  "...vilmente ejecutados por los pistoleros-verdugos de la Brigada Roja. Esta fue la acción más sucia de las ocurridas en nuestra zona."  La tristemente célebre Brigada (también llamada Guardia Roja) estaba constituida por cabos de la dotación del Acorazado "Jaime I". En total fueron asesinados sin juicio en el citado buque 146 oficiales, cuyos cadáveres fueron arrojados al mar, muchos de ellos, moribundos.
      Sánchez Balibrea escribe en los amenes de su vida, con tiempo para haber reflexionado y, sorprendentemente, para un licenciado en Derecho, dice que fueron "vilmente ejecutados" cuando debería haber dicho "asesinados" pues no había ninguna sentencia judicial que los condenara. Por otra parte, aunque es crítico con estos hechos no parece que recuerde qué medidas tomaron, si es que alguna tomaron, para detener y juzgar a los responsables de los asesinatos de sus propios compañeros de unidad. Quizás la lealtad a una República, cuya política él mismo critica, no muy firme en todos los oficiales de su unidad, u otras consideraciones, como el muy humano miedo, pudieron sobre la lealtad debida a sus compañeros de armas. No parece ilógico pensar que los asesinatos debieron pesar sobre sus conciencias, porque además no es creíble que no tuvieran cumplido conocimiento del fin que se estaba preparando para los detenidos en el "España nº 3". Sin embargo, al autor este hecho solo le merece quince líneas en su libro, incluyendo un pequeño comentario sobre lo que desde el punto de vista legal debería haberse hecho con los sublevados, pero no con sus asesinos y quienes dieron las órdenes, que siguieron sirviendo a su lado a la República.
     Retomando el hilo de la historia de la Infantería de Marina de Cartagena, hay que añadir que una vez abortada la sublevación se designó para el mando del Grupo a un Comandante, de la Escala de Reserva, con el empleo provisional de Teniente Coronel. Se podrá o no estar de acuerdo con la línea política que defendieron él y sus oficiales, pero lo que no se les puede negar es la capacidad y profesionalidad que demostraron para la organización y adiestramiento de las fuerzas, que en Junio de 1937 sumaban ya siete Batallones. Seguramente estas unidades se organizaron haciendo uso del clásico "entusiasmo" español, que Wellington no comprendía durante la Guerra de Independencia.
      La actuación de estas unidades y su papel en la represión de la sublevación en Cartagena llevó al Gobierno de la República a promulgar el  Decreto de 29 de Junio de 1937, por el que creaba en esa ciudad el Regimiento Naval nº1, reconociendo en su preámbulo el error cometido al declarar a extinguir al Cuerpo de Infantería de Marina, por lo que se propone impulsar de nuevo su crecimiento. Este Regimiento generó tres Brigadas Mixtas: la 151ª, la 94ª y la 95ª, cada una compuesta de cuatro Batallones, cuya historia detallada y el análisis de sus operaciones espera desde entonces una pluma generosa.
Infante de Marina de la 94 Brigada. Frente del Río Segre

   La  1ª Brigada de Infantería de Marina (151ª Brigada Mixta) se formó al comienzo de la guerra y sus Batallones combatieron en el frente de Málaga y en el de Madrid, siendo diezmada en la Batalla de Brunete y posteriormente disuelta en la Campaña de Cataluña. La siguiente Brigada en marchar al frente fue la 2ª Brigada de Infantería de Marina (95ª Brigada Mixta). Esta Brigada combatió en Teruel y Belchite en donde fue diezmada y sus supervivientes asignados a la 3ª Brigada de Infantería de Marina (94ª Brigada Mixta) que bajo el mando de Sánchez Balibrea tuvo una actuación brillante e le hizo acreedor a la Medalla del Deber de la República. El relato que hace de sus acciones respira el orgullo de un militar profesional con una buena formación y un acusado espíritu de Cuerpo. Su actuación más importante, ya al mando de la 34ª División del Ejército Republicano, que encuadraba a su antigua 94ª Brigada, tuvo lugar en las operaciones ofensivas de octubre de 1938 en el río Segre, en la que su División cruzó el río para aliviar la presión que el ejército de Franco ejercía sobre las fuerzas republicanas en los frentes de Levante y del Ebro. Después del éxito inicial y ocupación de  las posiciones enemigas al oeste del Segre, la ofensiva fue detenida y en Enero se vieron obligados a replegarse al Este del río. Fue en la fase ofensiva de esta operación, el 7 de noviembre, cuando Robert Capa hizo sus famosas fotografías de la "Maleta Mejicana" en las que se puede ver a la 94ª Brigada en combate. Después de la Batalla del Ebro y la campaña de Cataluña los diezmados efectivos que quedaron cruzaron la frontera, internándose en Francia.
Infantes de Marina de la 94 Brigada. Frente del Río Segre. 1938

      Para finalizar, sorprende ver que ambos bandos restablecieran la Infantería de Marina durante la Guerra Civil, aunque hubo algún intento previo de la Marina y de un diputado para hacerlo antes de 1936. La República la restableció en Junio de  1937, y en Septiembre de ese mismo año el Gobierno de Franco, ambos bandos animados por un reconocimiento a su actuación  durante el alzamiento en Cartagena, Ferrol y Cádiz respectivamente. En lo que se separan ambos bandos es en el concepto de empleo de sus unidades durante la Guerra Civil.
      Para empezar solo el bando nacional siguió embarcando tropas del Cuerpo en los las principales unidades de combate, acorazado, cruceros y minadores, a bordo de los que servían las armas antiaéreas. Para el envío de tropas al frente el concepto que se aplicó fue también diferente, pues la Marina de Franco se conformó (al contrario que en la Guerra de Independencia) con destacar alguna compañía independiente y oficiales sueltos para mandar unidades de otros cuerpos, y no escogió la opción de crear nuevas unidades del Cuerpo, de lo que se lamenta Rivas Fabal en su Historia de la Infantería de Marina. En total las unidades de Ferrol y San Fernando solo enviaron al frente sendos  Batallones Expedicionarios, contra los doce que envió el Regimiento Naval Número 1 de Cartagena.
      En el período de la Guerra Civil parece como si la Marina  de Franco ya hubiese interiorizado que la Infantería de Marina no existía y que, cómo mucho, solo era necesaria para el mantenimiento de la disciplina y mantener una simbólica participación en los frentes. Al concluir la guerra civil se asignó al Cuerpo la extraña misión de "dar con su irreprochable presencia la tónica militar destacada en buques y dependencias...", como así determina en 1940 el Decreto de su restablecimiento en un increíble alarde de imaginación del legislador que te deja sin palabras, y cuyo preámbulo dice que "...esta institución no evolucionó al ritmo de las necesidades de la Armada, encontrándose en el momento actual con una gloriosa historia, pero sin misión definida y con conceptos orgánicos que no corresponden a la realidad presente".
      Es lamentable que la Armada, en una demostración de "tardo-mirandismo",  cargara  sobre la Infantería de Marina su incapacidad de dotarla de una organización y misión adecuada, de lo que aquella era responsable ya que la tenía subordinada orgánica y operativamente. Hubo que esperar hasta 1968 para que la Armada, asimilando las lecciones de la Segunda Guerra Mundial (terminada la friolera de 23 años antes) le diera a su Infantería de Marina una misión digna y propia de una Armada con ambición.
      Revisando la actuación de sus unidades en la Guerra Civil alguien podría argumentar que la Infantería de Marina no está para ser empleada en campañas terrestres, aunque su dilatada  historia demuestre lo contrario, pues su esencia cómo una fuerza terrestre orgánica de la Armada (sus soldados de Marina, los "Marinos", que es al fin y al cabo lo que quiere decir los "Marines") ha hecho que sus tropas hayan acudido, y previsiblemente lo seguirán haciendo, donde "truene el cañón" y lo necesiten los intereses de España: por tierra y por mar.

miércoles, 28 de agosto de 2013

EL MONASTERIO DE LEYRE

     Desde mi etapa jacetana, y después de haber visitado el Monasterio aragonés de San Juan de la Peña, me faltaba hacerlo al navarro de Leyre, el otro gran monasterio de la Canal de Berdun. A pesar de volver al Pirineo Aragonés casi anualmente no encontraba el momento apropiado, que finalmente llegó este verano. 
     En la década de los setenta tuve ocasión de marchar por las inmediaciones de la Tabla de los Tres Reyes, situada en los límites de Aragón, Navarra y Francia, y cuyo apellido no deja duda del carácter fronterizo de la zona. Para recordar aquellos tiempos en los que practicaba el antiguo oficio de soldado con fusil en la mano, mochila, esquís y el cielo por montera, volví a visitar otra vez la zona, esta vez sobre cuatro ruedas. Acompañando a un pequeño grupo familiar subimos por el Valle de Hecho, admirando la belleza del paisaje de montaña, hasta la Borda "Chiquín", en la que nos socorrimos con unas buenas migas regadas con vino Somontano para luego, con el viático ya a bordo, continuar hasta Zuriza, cruzar a las tierras navarras del Roncal, y bajar por valle hasta el Monasterio de Leyre.
La borda Txiquin

     El interés por la historia me ha llevado siempre a asociar las lecturas con visitas a castillos, palacios, iglesias y monasterios, y así intentar comprender mejor nuestra compleja historia medieval. Esta historia estuvo marcada por un lado por los conflictos con los poderes musulmanes de Al Ándalus y por otro entre los condados y reinos cristianos entre si, que coadyuvaron a definir las personalidades de regiones peninsulares que se han asentado, con más o menos fuerza, a lo largo de los siglos, aunque algunas de ellas hayan distorsionando la historia creando mitos inexistentes que el historiador tiene la obligación de denunciar.
     En la Edad Media el territorio navarro fue zona de contacto y mezcla, favorecido por los pasos pirenaicos hacia Aquitania y por los influjos europeos de las peregrinaciones jacobeas que traían ideas, costumbres, arte y cultura.  Desde la separación de Navarra del dominio franco fueron las luchas contra la dominación musulmana y su esfuerzo para hacerse con un espacio vital entre sus más poderosos vecinos lo que definió su personalidad como reino hispánico. Su momento de máximo esplendor en la Edad Media llegó con el reinado de Sancho Garcés III el Mayor de Navarra (1005-1035) quien llegó a dominar Castilla, Aragón, Álava, y Ribagorza.  
     Al dividir su herencia entre sus cuatro hijos, Sancho III perdió la oportunidad de iniciar desde Navarra la unión peninsular y continuar bajo un solo rey la Reconquista, que para concluirla hubo que esperar casi quinientos años. Uno de sus hijos y heredero, Ramiro I, rey de de Aragón, descansa en el panteón de reyes del vecino Monasterio de San Juan de la Peña, que fue refundado por su padre en el primer tercio del siglo XI y que es visita obligada para quien llegue al Pirineo aragonés.
     Los orígenes del Monasterio de Leyre se remontan al siglo IX, con referencias como la visita de San Eulogio y la devoción a las mártires Nunilo y Alodia, algunas de cuyas reliquias se encuentran en el Monasterio. La historia posterior se inicia en tiempos de Sancho el Mayor, que parece fue educado en el Monasterio. Las convulsiones del XIX y la desamortización de los bienes eclesiásticos vieron en 1836 la salida del patrimonio, el fin de la vida monacal y su ruina, que también conllevó la desaparición del claustro y el derrumbe de algún edificio. Afortunadamente consiguió salir de su ruina en 1867 cuando fue declarado Monumento Nacional, de manera que en 1915 se devolvieron a Leyre los restos de los Reyes que habían estado allí enterrados y cuyas sepulturas habían sido profanadas, en la más pura tradición revolucionara española. 

     De la época románica data su cabecera, de altos ábsides que se apoya en su parte baja en la cripta, una joya del románico, con bóvedas de medio cañón y arcos fajones de medio punto sostenidos por columnas de corto fuste con capiteles decorados.  En el siglo XIV los monjes cistercienses que lo habitaban eliminaron las antiguas naves románicas y las sustituyeron por góticas. En el altar mayor se aprecia el enlace de ambos estilos y lo impreciso de la construcción inicial románica; en él se venera la imagen de Santa María de Leyre.



     
     En la nave se encuentra una arqueta conteniendo los restos de los primeros reyes de Pamplona-Navarra, aunque los de Sancho el Mayor, a pesar de haberse educado en Leyre, descansan en el Monasterio de Oña en Burgos. En el pie occidental de la Iglesia se encuentra el pórtico llamado la "Porta Speciosa", del siglo XII, al que en posteriores intervenciones se le añadieron esculturas de otros lugares de la iglesia.
Porta Speciosa

Al entrar en el templo del Monasterio llama la atención la sobriedad y paz que allí se respira y que apoya la vida contemplativa de sus monjes benedictinos. Al oírlos cantar las Vísperas "a capella" con la luz tenue de la caída de la tarde me vinieron a la mente los versos de Fray Luís de León que alaban la vida retirada del mundo:

¡Qué descansada vida
la del que huye el mundanal ruido
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!

jueves, 8 de agosto de 2013

EN TIERRAS OCCITANAS DE LOS CÁTAROS

     Con cierto retraso empecé a apreciar la historia y cultura de Francia, quizá porque no le faltó a mi época de infancia y juventud un cierto sazonado francófobo.  La lengua, algunos viajes y estudios en la patria de Moliere me llevaron al interés por su historia, en especial la de las relaciones con España, que desde la dominación romana han sido numerosas, aunque no siempre fructíferas. Las influencias han sido mutuas y han dado a luz a una base cultural común con aspectos particulares en cada país. En común creo que también tenemos pendiente el saldar cuentas con la historia de nuestro reciente pasado.

     Roma trajo sus Legiones de la Galia a Hispania para resolver sus conflictos civiles; los visigodos extendieron su dominación y cultura por ambos países; la Edad Media trajo las estrechas relaciones de la corona de Francia con Castilla y los conflictos con la de Aragón; las herejías afectaron a ambos lados de los Pirineos con su secular basculante frontera, y aquí me detengo para iniciar una breve crónica de un viaje a las tierras occitanas de los cátaros.
Catedral de Sainte Marie, Auch
     El itinerario lo iniciamos en la capital de la Jacetania, en el Pirineo Oscense, con una  primera escala en una tarde muy calurosa  en Auch, capital de Gascuña, situada sobre el rio Gers. Su Catedral de Sainte Marie fue construida desde el final del XV hasta el XVII en estilo gótico y con fachada del Renacimiento; cuenta con unas preciosas vidrieras de Arnaud de Moles de principios del XVI.  Cuando llegamos a la ciudad entraban en la Catedral numerosos fieles para asistir a una solemne ordenación sacerdotal. Las funciones de culto de la Iglesia católica francesa tienen un aire de autenticidad del que carecen las españolas; debe ser el resultado de más de doscientos años de tensiones y conflictos que jalonan, en líneas generales, las convulsiones revolucionarias, el Concordato de 1801, el Tratado de Viena, y finalmente la Ley de 1905 que institucionalizó el laicismo, garantizando el libre ejercicio de los cultos pero sin subvención alguna por parte del Estado.

Auch
D'Artagnan
            Quizá sea la secuela de esta laicidad -curiosamente ahora reivindicada por el Papa Francisco- la que convierta en Francia a la práctica de la religión en un compromiso de vida, lo que se evidenciaba en la solemnidad que los fieles franceses daban a la ceremonia de ordenación. No parecía que faltara nadie a la ocasión: representantes de asociaciones católicas con sus vestimentas características, asociaciones juveniles con sus uniformes, y el público en general luciendo sus mejores galas, las mejores, como para una boda, a pesar de la temprana hora y del calor de la jornada. El conjunto conformaba un espectáculo muy edificante ya que permitía comprobar la existencia de otra actitud para aceptar la etiqueta de las ceremonias civiles y religiosas, no cómo en España, en la que la propia Princesa de Asturias se presenta en funciones de gala como si fuera a realizar un reportaje para "Diez Minutos"; eso sí, todavía no hay un comunicado de la Casa Real que suprima la ridícula reverencia que tanto parece gustar a la familia real. La degradación del rigor en la etiqueta para asistir a las ceremonias religiosas también parece seguir la igualitaria moda a la baja que dicta  la asturiana: "informal, pero arreglada..."
     Salimos de la ciudad después de cumplimentar en la escalera monumental que desciende desde la Torre de Armagnac hasta el río Gers a uno de sus más famosos ciudadanos y que inspiró a Alexandre Dumas su inmortal novela. De su lectura se desprende que en su vida el caballero D'Artagnan siguió el consejo que su padre le dio en la despedida: "C'est par son courage...par son courage seul, qu'un gentilhomme fait son chemin aujourd'hui."
Catedral de Albi
     La  siguiente escala del viaje fue Albi, en donde sentamos nuestros reales. La ciudad a la caída de la tarde es un espectáculo lleno de colores, destellos y sombras; los rayos de un sol bajo en el cielo arrancan brillos al color rojizo de los ladrillos con que están construidos los principales edificios de la ciudad. El resultado es espectacular, en especial el conjunto de la Catedral y el Palacio Episcopal de la Berbie sobre el río Tarn. No se puede inferir de la elección del ladrillo una influencia musulmana como en muchos monumentos en España sino más bien una elección estética consciente ante la lejanía de las canteras, tal vez para ahorrar costes.
Albi y el Tarn desde el Palacio de la Berbie
     Albi es la capital del Región de Tarn y dio involuntariamente su nombre a la herejía de los albigenses en los siglos XII y XIII, más conocidos como Cátaros, pues parece que el primer nombre  fue debido a San Bernardo de Claravel quien estimó que la  acogida que le había dispensado la ciudad no había sido muy calurosa por lo que colgó a los albigenses el sambenito de herejes. 
Catedral de Albi

     La impresionante catedral de Sainte Cecile simboliza la victoria del catolicismo. Su estructura de fortaleza con una gran torre, toda ella en ladrillo, le da un aspecto macizo que contrasta con la extraordinaria belleza de su interior en el que el gótico muestra todo su esplendor. Los frescos del Juicio Final recuerdan a potenciales herejes cual sería su cruel destino en la otra vida si abandonasen la ortodoxia católica.
Catedral de Albi

     En la Edad Media hubo intentos de reformar al desprestigiado clero local y de ese modo retirar el apoyo de la población a la herejía dualista cátara, pero finalmente ante su expansión el Papa Inocencio III autorizó en 1209 una cruzada contra los cátaros y los nobles que los protegían, en la que contó con el apoyo del rey Felipe Augusto de Francia. En 1213 el rey de Aragón Pedro II acude en ayuda de su vasallo feudal Ramón VI, Conde de Toulouse, pero fue derrotado y muerto por los cruzados de Simón de Monfort en la batalla de Muret, quién a su vez moriría cinco años después en el sitio de Toulouse. En la segunda parte de la cruzada la intervención personal del rey de Francia Luis VIII "el León", esposo de la Infanta Blanca de Castilla madre del futuro rey Luís IX -San Luís- consiguió erradicar la herejía con gran violencia, mientras que a la vez amplió hacia el sur sus dominios y los de sus señores feudales. La paz lograda con el Conde de Toulouse en el Tratado de Meaux en 1229 certificó el poder del rey.

Catedral de Albi
     Desde el siglo XV la ciudad prosperó de la mano del comercio del azafrán y del pastel, que es el nombre de una planta que produce tintes de color azul que adornan también contraventanas y puertas de las casas y que junto con el rojizo del ladrillo dan un tono característico a las ciudad y sus inmediaciones.  Albi es además la cuna de ilustres franceses, de los que quizá el más conocido sea el pintor Touluse-Lautrec, cuyas obras se exponen en el Museo del Palacio de la Berbie; es una visita obligada para comprender la trayectoria artística del pintor, cuya familia cedió sus obras a la ciudad pues en París no había quien las quisiera acoger, a pesar de haber inmortalizado en sus carteles el Montmartre de final del XIX. Contiene alrededor de unos 1000 cuadros, diseños, carteles, estudios...etc, obras desde su juventud hasta las del  final de su vida.






     Salimos desde Albi para visitar Cordes sur Ciel, una ciudad medieval amurallada (bastida) de las que comenzaron a establecerse en el sur de Francia a partir del siglo XIII en lo alto de colinas. La villa está muy bien preservada y merece una visita; pasear por sus empedradas calles en cuesta a la caída de la tarde admirando su urbanismo medieval, su iglesia, lonja, palacios góticos y casas, te transporta a tiempos en los que los campesinos de estas tierras trabajaban los campos propiedad de nobles o abades y se recogían para protegerse detrás de sus murallas al final de la jornada. Hoy, pequeños restaurantes, bares con terrazas, tiendas de artesanos y pequeños museos completan los encantos de una villa tan singular.




     En las inmediaciones de Albi también se encuentra Gaillac, una pequeña ciudad sobre el Tarn y centro de una zona de viñedos que producen unos caldos muy decentes. Merece la pena recorrer sus viejas calles y detenerse a visitar la Abadía del siglo XIII de Saint Michelle, que jugó un importante papel en el desarrollo agrícola de la región. La abadía sufrió daños durante las guerras de religión del XVI entre hugonotes y católicos y tuvo que ser reconstruida. La Revolución también dejó su huella, al clausurarla, pero fue de nuevo abierta en el XIX. Un par de botellas de blanco de Gaillac que me acompañan de "souvenir" ayudarán a escribir esta crónica.
Abadía de Saint Michelle
     A Francia la premió la naturaleza con grandes y caudalosos ríos que riegan fértiles campos. El Garona es uno de ellos, que en su cauce medio atraviesa Toulouse, la Tolosa de Francia, la cuarta de las grandes ciudades de Francia, con casi medio millón de habitantes y polo aeronáutico francés por la presencia del gigante AIRBUS. En sus inmediaciones tuvieron lugar algunos hechos de armas que guardan relación con la historia de España.Ya en 1213 muere en la batalla de Muret el Rey Pedro II de Aragón: trágico fin para uno de los vencedores de los Almohades en las Navas de Tolosa en 1212. Toulouse también guarda un importante significado para los soldados de Marina, que allí debemos tener un recuerdo a nuestros antecesores del Cuerpo de Batallones, pues durante los primeros meses de 1814 los Batallones del 6 º Regimiento de Marina de la guarnición de Ferrol, al mando del Brigadier Don Ramón Romay,  después de ser la primeras fuerzas españolas que entran en Francia persiguiendo al Ejército napoleónico, participan en abril en la toma  de la ciudad. Estas tropas, encuadradas en el ejercito de Wellington -sin que sirva de precedente- demostraron gran bravura y arrojo, por lo que la corona concedió a los Batallones de Marina ferrolanos la "Corbata de Tolosa", en cuya cruz aparece la leyenda "Valor y disciplina".
Toulouse, Catedral de Saint Etienne
     La ciudad cuenta con monumentos que reflejan su larga historia, y como en muchos lugares de Francia los efectos de los tiempos revolucionarios. Entre los edificios civiles merece visitarse el Capitolium, sede del municipio, que representa con su magnificencia y decoración el poder municipal a lo largo de la historia; además sus calles tienen magníficos edificios civiles  como el Hotel de Pierre o el de los Caballeros de San Juan.  Entre los religiosos destacan la Catedral de Saint Etienne en la que se aprecian las fases de su construcción, una nave románica  del Siglo XIII que lleva adosada en el coro otra gótica del XVI,  y como sucede a menudo el viejo palacio episcopal lo ocupa hoy la Prefectura. Las iglesias de La Dourade y la de Notre Dame La Dalmade son también monumentos destacables. Se marcha uno de Toulouse con ganas de volver para visitarla más a fondo, a lo que puede ayudar el que esté bien enlazada con Madrid por una línea aérea de bajo coste.
Carcasonne, La Cité
          

     Carcasonne fue la última ciudad del itinerario; situada sobre el río Aude es la capital de la región de Languedoc-Rousillon. La ciudad merece una visita, aunque el limitado tiempo nos obligó a centrarnos en "La Cité" -la Ciudadela- Fue en época romana una ciudad amurallada u "oppidum" como los bautizó Cesar; fue también villa romana y posteriormente posesión medieval del Vizconde de Trancavel. Después de la cruzada contra los cátaros la ciudad fue fortificada como símbolo del nuevo poder real en la zona. El carácter de fortaleza fronteriza con España se perdió en 1659 con la Paz de los Pirineos y la incorporación del Rosellón a la corona de Francia. Después de la revolución se fue despoblando al irse trasladando la población a la ciudad baja.
Carcasonne, La Cité

     La subida a la "Cité" desde el rio Aude te da la verdadera dimensión de la naturaleza de sus defensas; al atravesar la puerta se presenta la visión de una ciudad medieval, hoy tomada por el comercio y restaurantes para turistas, pero todo ello no resta nada al encanto de recorrer unas calles cuya vida en otros tiempos es fácil de imaginar. La doble cintura de sus murallas y baluartes están muy bien preservadas, fruto de la restauración a mediados del XIX del arquitecto Viollet-le Duc, como de costumbre no sin cierta polémica al querer darle la apariencia que tenía en el siglo XIII. El título de Patrimonio de la Humanidad le hace bien justicia. Además del Castillo es la Basílica de Saints Nazaire et Celse el monumento más significativo. Fue hasta el siglo XVIII la Catedral de la ciudad; presenta una planta de cruz latina con una oscura nave románica enlazada con una luminosa cabecera, con un diseño de "caja de cristal" a la que adornan bellas vidrieras de los siglos XIV y XVI que nos muestran el triunfo de la luz de la arquitectura gótica.
Saints Nazaire et Celse

     No debiera cerrar sin hacer algunos comentarios sobre el enlace con Francia por el Pirineo Central. El tramo desde Jaca  hasta la frontera se hace por una muy decente carretera que llega a Francia por el magnífico túnel de Somport, lo que parece augurar un viaje estupendo por un país moderno: nada más lejos de la realidad; en acabando de pasar el túnel, Francia te obsequia con la peores carreteras del hexágono; parece mentira que no se haya invertido en mejorar la conexión por la Gave de l'Aspe. El enlace ferroviario por el lado español -de muy poca calidad- llega solo hasta Canfranc en donde el túnel está intransitable. Por el lado francés la vía está bloqueada desde los 60 y el abandono total de sus estaciones son testimonio de la falta de interés por este enlace pirenaico, a pesar de que ya no es una excusa el menor ancho de vía español. En fin; incluso comprendiendo lo limitado de los recursos y la prioridad que da la Unión Europea a determinados ejes de comunicaciones no se entiende la asimetría en la calidad de este enlace por el Pirineo Central, que indudablemente ayudaría para acercar más las comarcas a ambos lados de la cordillera, unidas por varios siglos de historia común. A pesar de ello bien vale la pena el viaje a las tierras de los cátaros. 

lunes, 15 de julio de 2013

SANTA CRUZ DE LA SIERRA

     Un jueves al sol compartía un banco de Tres Cantos con un anciano jubilado quien ante mi curiosidad por su vida pasada no dudó en enzarzarse en un relato sobre sus tiempos de pastor en Pinillos de Polendos, pueblo de Segovia entre Cantimpalos y Turégano. Su bucólica narración rezumaba nostalgia; yo le observaba con ojo avizor y oído atento para no perder ripio de una sabiduría que me llevaba a una época pretérita en la que los campesinos alternaban su tiempo en el cultivo del cereal y la ganadería; siembra, recolección, trillado en las eras, ovejas que pastaban sin estabular criando dos veces al año, viajes hacia los pastos de verano por los viejos caminos de la Mesta...etc.  Me explicó el sistema de trashumancia de los rebaños, cómo entrenaban a los perros pastores, el empleo de esquilones, los altos en la marcha y su reanudación... Eran sus tiempos felices de vida en el pueblo que se cerraron, como para miles de españoles, con su venida a la ciudad. En su cara de sabiduría doctoral se reflejaba un aire de cierta condescendencia cuando yo le narraba brevemente mi limitada experiencia pecuaria en el Pirineo Oscense contribuyendo a la conducción de un rebaño de tres mil ovejas en una  jornada desde La Canal de Berdun hasta los pastos altos de Canfranc; una experiencia inolvidable.
La Iglesia de la Vera Cruz y al fondo el Convento de los Agustinos

     Pueblos, villas y aldeas siempre han llamado mi atención; en los viajes me gusta detenerme en alguno de los que encuentro en el camino y pasear un rato por ellos observando con curiosidad su vida. En la actualidad las carreteras principales ya no atraviesan pueblos, los ves en la distancia mientras te desplazas a 120 kilómetros por hora, pero en realidad como se ven bien los pueblos de España es poniendo una zanca delante de la otra moviéndose a menos de 5 kilómetros por hora, con una cámara fotográfica y una bota de vino. El mundo se ve distinto a través del objetivo de una cámara y con un gaznate fresco.

     En los 70 y 80, cuando era soldado, hacía a menudo el trayecto Madrid-Cádiz, un negocio muy incómodo, sobre todo en verano. Sucesivos viajes me llevaron a conocer bastante bien el itinerario, que planeaba en etapas con distintas paradas y pequeños desvíos cada vez, en los que aprovechaba para adquirir objetos de artesanía popular, algún libro y vino: Valdepeñas, Moriles, La Rambla, Bailén, La Carolina, Córdoba Andújar, Écija, Carmona, Utrera, Sevilla...despertaron mi interés y el de mi cámara fotográfica.

     Es conocida la anécdota de  Ricardo Torres Reina "Bombita" quien en el viaje de regreso a Sevilla después de torear en La Coruña, ante el comentario de uno de su cuadrilla que se quejaba de lo lejos que estaba Sevilla enunció el siguiente apotegma: - "Sevilla está donde tiene que estar, lo que está lejos es La Coruña." De Cádiz podríamos decir lo mismo, lo que pasa es que cuando tenías tu familia lejos y con carreteras equivalentes en calidad a las líneas del ferrocarril que llevaban al maestro de La Coruña a Sevilla todo parecía más lejano. La aparición de las autovías, los retrasos en las obras del Paso de Despeñaperros y la precisión de los GPS calculando tiempos han popularizado la ruta extremeña para ir de Madrid a Cádiz, que parafraseando al espada sevillano,  está donde tiene que estar desde hace tres mil años.
Iglesia de la Vera Cruz

     Mi interés por la geografía me ha hecho disfrutar de este itinerario por la N-V. El tránsito por la submeseta sur cruza tierras de las antiguas Órdenes Militares castellanas y ofrece la posibilidad de hacer etapas en Oropesa y Calzada de Calatrava, con su convento e Iglesia de las Agustinas Descalzas.  El camino busca el  cauce del Tajo hasta cruzarlo cerca de Navalmoral de la Mata, dejando la Sierra de Gredos al Norte. Enseguida aparecen los Montes de Toledo, que constituyen la primera barrera montañosa que hay que atravesar y que forman la divisoria entre el Tajo y el Guadiana.
Ruinas del Convento de los Agustinos
     Después de hacer varias veces el camino extremeño, al atravesar las estribaciones oeste de los Montes de Toledo por la Sierra de Montánchez,  siempre llamaba mi atención las ruinas de una Iglesia que se encuentran en la villa de Santa Cruz de la Sierra en la comarca de Trujillo. Por esta villa,  hoy con alrededor de 300 habitantes, aunque llegó a contar con casi 700, han pasado civilizaciones precélticas, celtas, vetonas, lusitanas, romanas, visigodas, musulmanas...y así hasta nuestros días. En la zona se han encontrado numerosas lápidas y se presume que Viriato pudo haber tenido enterramiento en este pueblo. La colonización de América vio a los lugareños abandonar sus reales e iniciar como conquistadores o colonos su aventura americana. Ya en el siglo XVII la villa fue señorío del conde de la Calzada y Santa Cruz, lo que señaló el principio de la decadencia del pueblo. Un nieto del primer señor, llamado don Joaquín de Chaves, levantó la Iglesia-Convento de San Joaquín, de los Agustinos Recoletos, a finales del XVII, y cuyas ruinas se divisan desde la carretera N-V, a las que me dirigí en una tarde calurosa del comienzo del verano. Dejé el coche en la plaza principal, en donde anticipé a mis esfuerzos un café con "perrunillas". Soy muy "larpeiro".

     Con ese frugal viático a bordo, zanca tras zanca, recorrí el pueblo que parece estar recuperando una cierta prosperidad. Empecé por la plaza principal en la que se encuentra el templo parroquial de la Vera Cruz, construido en los inicios del XVI con aparejo de mampostería y sillería granítica. En la fachada oeste se abre una portada apuntada gótica; el costado que da a la plaza está precedido de un pórtico de inicios del XVII, con siete arcos de medio punto sobre pilares que se apoyan en un zócalo liso. Deberé volver a ver su interior, pues estaba cerrada. Muchas iglesias solo abren para el culto, olvidando su papel de testimonio histórico-artístico; será porque no hay suficientes casillas cruzadas en la declaración de la renta para subvenir al gasto de contratar vigilantes.

 

     A continuación encaminé mis pasos hacia las ruinas del Convento de los Agustinos Recoletos, que se divisan desde la carretera N-V. El conjunto contó en su día con una Iglesia de planta de cruz latina de estilo barroco y junto a ella se ubicó el Convento, cuya comunidad fue poco a poco aumentando sus propiedades. En 1835 fue desamortizado con la Ley de Mendizábal cuyos efectos sobre el patrimonio eclesiástico fueron devastadores y de ellos este Monasterio es un ejemplo. Posteriormente se usó como almacén y cuadra de ganado. Hoy solo se conserva la estructura de la Iglesia con sus muros, techos de bóveda de cañón y la cúpula bajo la que se encuentra un pozo; de la decoración solo quedan restos de frescos, en especial en el Coro: una visión descorazonadora ante la incapacidad de restaurar nuestro patrimonio.

     Desde luego valió la pena la visita en la que sentí el decaimiento que produce la visión de las ruinas, cómo refleja magistralmente Góngora en estos versos:  
                                                     Los que ya fueron corona
son alcándara de cuervos
además que como dientes
dicen la edad de los viejos
    Volví a los 120 Kilómetros por hora para continuar el viaje. Ahora me queda planear otro a Pinillos de Polendos.

martes, 18 de junio de 2013

FERROL Y SUS VISITANTES

      A finales de enero de 1911 se reunieron unidades de la Flota Británica de la Metrópoli al mando del Almirante May, con las del Atlántico y el Mediterráneo para efectuar maniobras en aguas próximas a las costas gallegas. No quedaba al margen de esta actividad el ejercicio de la "diplomacia de cañoneras" delante de las narices de las autoridades españolas, en especial las del Ministerio de Marina y las navales, quienes entregadas al Reino Unido para reconstruir nuestra capacidad naval, debían aceptar los efectos de esta diplomacia.


                              Acorazado "Dreadnought"

      Sin duda la decisión española fue de importancia estratégica de clara inspiración anglófila y el resultado de la presión de fuertes intereses económicos británicos representados en España por quienes veían oportunidad de negocio en la regeneración y reconstrucción de la industria nacional. Se podría haber escogido otra alternativa para reconstruir los Arsenales y la Armada después de los desastres del 98 y no la de entregarse con armas y bagajes al abrazo de oso de nuestro tradicional adversario en la mar, y lo que es peor aún, propietario de una colonia en nuestro territorio. Los españoles hemos sido tradicionalmente muy benevolentes juzgando los sacrificios que se nos exigen en el altar de la modernidad, pero esa ya es otra historia.



                              Acorazado "Saint Vincent"
        Revisando cajas antiguas redescubrí la existencia de una colección de negativos de pares estereoscópicos en cristal hechos por mi tío-abuelo Julio de la Peña Cussí, entre las que se encontraban las que ilustran este artículo. Aunque en la red hay varias páginas con buenas fotos de estos mismos barcos, las que aquí se incluyen tienen la particularidad de haberse tomado durante los días de su escala en Ferrol.
     Volviendo a la Flota británica y por lo que se deduce de las crónicas del ABC de aquellos días, resulta que el 30 de Enero salieron de Vigo y Villagarcía algunas de las unidades al mando del Almirante May, que arbolaba su insignia en el "Dreadnought", flamante cabeza de serie de los nuevos acorazados británicos que revolucionaron la construcción naval. Después de unos días de mar algunas unidades regresaron al Reino Unido y otras se repartieron por los puertos de La Coruña y Ferrol. En éste último entraron el sábado 11 de Febrero (aunque alguno no lo consiguió a la primera) las siguientes unidades de combate: los Acorazados "Dreadnought", "Collingwood" y "Saint Vincent", el Acorazado Pre-Dreadnought "Agamemnon" y el Crucero de Batalla "Inflexible", además de algunos buques auxiliares.



                             Crucero de batalla "Inflexible"
     Por los periódicos sabemos que antes de realizarse las escalas se reunieron las autoridades militares y locales con los representantes de las empresas que trabajaban en Ferrol en la reconstrucción de nuestro poder naval, con la intención de planear algunos festejos. Aquí es donde la prensa saca lo mejor de su repertorio de "ecos de sociedad", digno de las mejores crónicas del gran "Chalín". El ABC nos informa que en La Coruña se celebró un "garden party" en el Sporting Club y el Ayuntamiento dio un "lunch". Los alumnos de la Escuela de Comercio cantaron (en vez de "Negra sombra", que era lo que tocaba) el himno inglés en el jardín de San Carlos, en donde está la tumba del General John Moore, muerto en combate contra las tropas francesas en 1809. El día 13 se jugó un partido de "balompié" entre el Real Club Deportivo y las dotaciones de dos Cruceros, venciendo los locales por tres "goals" a cero.



                                Acorazado "Collingwood"
     En Ferrol no se quedaron atrás con los agasajos; en el Arsenal se ofreció un almuerzo al Almirante May, a los comandantes de buques y sus oficiales, para lo que se instalaron tres mesas formando las letras del apellido del Almirante, amenizando el almuerzo una rondalla que interpretó obras gallegas. En fantasía los ferrolanos nunca nos quedamos detrás de los coruñeses. En el Teatro (Jofre) la empresa "John Jackson" que construía el dique del Arsenal ofreció un lunch y un baile, y a bordo del buque-insignia se celebró una "matinée" y otros agasajos.
       Como era costumbre en la Marina el Almirante Morgado ofreció un té y un baile en Capitanía, a decir de los cronistas el mejor de los festejos locales. Por su parte el Almirante May y sus Comandantes fueron a "engordar el caballo" al visitar la factoría de la Sociedad Española de Construcción Naval, en donde debía de estar en grada el Acorazado "España", primero de los tres Dreadnought españoles de la Ley Ferrándiz, que tenían menos tonelaje, eslora, velocidad y artillería que sus homónimos británicos, hijos de Fisher, que se construían por la misma fecha. Debió de tratarse de una cuestión de ajustar el diseño a los créditos disponibles: suena familiar. La visita de los esforzados argonautas, que comprobaban que el vellocino de oro seguía siendo suyo, se redondeó con el almuerzo que les ofrecieron.



                               Acorazado "Agamemnon"
      Decía antes que no todos los barcos consiguieron entrar en Ferrol a la primera, pues es bien sabido que los ingleses no se van de Ferrol sin un rasguño, y sino que se lo pregunten a Pulteney. Esta vez los muy contumaces vuelven a varar el Acorazado "Collingwood" en los bajos de Pereiro, salvándose de milagro de un largo franco de ría en Ferrol -y eso que los castillos no hacían fuego- repitiendo así la hazaña del "Howe" en 1892 que para disfrutar de la gastronomía local y restañar los rasguños se quedó casi un año hasta que pudo navegar por sus propios medios. La prensa recoge la absoluta reserva con que se guardó la noticia de la varada y el ABC la achaca a un exceso de confianza, pues desde la varada del "Howe" el bajo estaba perfectamente balizado.
       El día 15 de Febrero los barcos se hacen a la mar y la prensa recoge lo mucho que se comentó, y en todos los tonos, la libertad con que operaron los buques británicos en las rías gallegas y cómo se habían permitido rectificar señales, levantar cartas y colocar boyas como si se encontraran en un puerto británico: otro ejercicio de arrogancia del inglés que te trata con cierta consideración si los consideras superiores, y más aún cuando te están ayudando a reconstruir tu Marina. Menos mal que las fragatas "Leander" no se llegaron a construir, aunque la Marina Española -también a veces contumaz- creía que eran la mejor opción. Tuvieron que pasar algunos años hasta que de nuevo se creyera que el diseño del caza-minas inglés era el mejor para la Armada...ya te digo: contumacia; sería porque nos iban a devolver la roca.
     No quisiera cerrar pareciendo émulo de Bradomín y debo manifestar mi aprecio a muchas de las manifestaciones del carácter del pueblo británico, ni menos ni más que a las de otras naciones europeas, pero es que la gigantesca hipoteca que tenemos en el saldo de nuestras relaciones no la olvido con facilidad, cómo hacen otros a menudo.