jueves, 21 de mayo de 2020

INFANTERÍA DE MARINA. LA CRISIS DE 1931-1934. POR TIERRA Y POR MAR XVIII


INTRODUCCIÓN.

Subyace en los universos mentales de los infantes de marina un comprensible y permanente "estado de alerta" ante acciones que pudieran poner en peligro la existencia digna del Cuerpo en el que sirven. Un somero análisis a la historia de larga duración de la Iª de Mª, de casi cinco siglos de existencia, demuestra que esos peligros se repiten cada vez que ha habido que afrontar una nueva coyuntura o un acontecimiento inesperado, como cuando algún alto cargo del ministerio o de la Armada cree que tiene una receta mágica para mejorar la organización, o decide hacer economías con su presupuesto.
Esta entrada es un ejemplo de la razón de este permanente estado de "alerta". En ella se presenta un asunto que tiene escasa presencia en la "historia oficial" de la Armada y de la Infantería de Marina. Relata los problemas a los que se enfrentó el personal del Cuerpo, derivados del Decreto de "exterminio" del año 1931, pues solo así se puede calificar, aunque en las normas de la época se hablaba de "extinguir" o "disolución".
El desarrollo se hará en tres partes. En la primera, por medio de una síntesis de las disposiciones ministeriales relativas al personal que afectaron al Cuerpo en ese año crítico. En la segunda, se expone las inquietudes que se manifestaron en el personal. Y en la tercera, se presenta un apunte de una propuesta parlamentaria para restablecer la Infantería de Marina.
Para el análisis se usa como fuentes primarias los documentos y correspondencia particular del archivo del coronel de Iª de Mª don Cándido Díaz (del Río) Montero, además de los Boletines Oficiales de Marina y el Boletín Oficial de las Cortes, que aportan suficiente material de investigación para elaborar un apunte histórico que, en definitiva, es la esencia de esta entrada de Blog
FERROL. OFICIALES DEL 2º REGIMIENTO

 LAS DISPOSICIONES REFERENTES AL PERSONAL DURANTE LA REPÚBLICA.

La última reforma de la Infantería de Marina, antes de la República, fue la del ministro don Salvador Carvia y Caravaca,  quien por real Decreto-Ley de 11 de julio de 1930 dispuso que la Infantería de Marina sufriera una transformación. Para ello el Cuerpo quedaba constituido por tres Regimientos y una Compañía de Ordenanzas en el Ministerio. La organización incluía también la Sección del Cuerpo en el Ministerio y una Escuela.
Ésta será la organización que se encontró, en abril de 1931, Santiago Casares Quiroga nuevo Ministro de Marina del Gobierno Provisional de la II República Española, quien pretendía iniciar un programa reformador, en línea con el establecido por Manuel Azaña en el Ministerio de la Guerra, en especial con la reducción de efectivos, Cuerpos, Escalas, Unidades y Centros.
Al contrario que en el Ejército que contaba con numeroso personal innecesario en los empleos de Generales y Oficiales, el caso de la Armada era diferente. Es cierto que era necesario hacer reformas orgánicas para mejorar la eficacia de la institución, pero el ministro Casares empezó intentando hacer economías con el recurso de personal, llevándolas hasta la extinción de Cuerpos, cosa que Manuel Azaña, su inspirador, no hizo en el Ejército.
SAN FERNANDO. 1931. ENTREGA DE BANDERAS REPUBLICANAS

        El 2 de junio de ese mismo año el nuevo ministro ordenó la constitución de  comisiones en los diferentes Cuerpos, incluyendo al de Infantería de Marina, para que estudiaran la reorganización de sus Servicios y expusieran con toda amplitud las reformas que estimaran oportuno introducir. Para la Iª de Mª la orden suponía un nuevo estudio de reorganización, cuando no había transcurrido todavía ni un año desde su última reforma.  También se ordenó formar una Junta compuesta de una representación de cada una de las comisiones para unificar sus informes. El informe final de esta Junta incluía algunas reformas, pero sin suprimir ni uno solo de los Cuerpos que integraban la Armada. 
      En el informe titulado "Reformas en la Marina" (del archivo familiar), el Coronel Díaz Montero cita la constitución de estas comisiones, y añade que posteriormente, el Estado Mayor de la Armada emitió su informe sobre la organización de la Armada, en el que en relación con el Cuerpo de Iª de Mª no solo consideraba necesaria su existencia, sino que ampliaba sus cometidos, que recoge en el Artículo 12 del informe:
  
ARTÍCULO 12
La Sección de Infantería de Marina tendrá a su cargo todo lo referente al material y personal de este Cuerpo, cuya misión será desempeñar el servicio militar en las Bases Navales, Arsenales, y demás establecimientos de la Armada que se juzgue oportuno, así como la cooperación a los desembarcos, cuando se crea conveniente. Podrá así mismo encomendársele misiones de servicios a bordo de los buques, la constitución de columnas volantes de comunicaciones que puedan ser necesarias sobre la costa y demás cometidos apropiados a la misión de este Cuerpo a cuyo cargo quedarán los campos de tiro de armas portátiles. Un reglamento orgánico detallará las disposiciones necesarias para la formación y reclutamiento  de esta sección; la cual como servicio tendrá la mayor autonomía, dependiendo del Estado Mayor de la Armada para todo lo referente a la utilización militar.


Las fuentes bibliográficas recogen escuetamente estos hechos. La obra de referencia de José Enrique Rivas Fabal, "Historia de la Iª de Mª Española", ni siquiera los cita, aunque luego se extiende en la relación de normas de personal y plantillas, confirmando su carácter de "pañol de referencias históricas". Solo dos obras le dedican una  mínima atención. 
La primera, de Ricardo Cerezo Martínez: "Armada Española Siglo XX", en la que se apunta que se constituyó una comisión para "dar pronto término a la redacción de un proyecto de organización de la Armada", pero no cita que también se habían constituido comisiones de cada uno de los demás Cuerpos, y que la que el autor cita, la del Cuerpo General, tenía la responsabilidad de coordinar todas las propuestas particulares. Esta obra induce a una interpretación errónea cuando afirma que: "La información recopilada en este metódico estudio será la esencia (y el detalle, en gran parte) de la reorganización del decreto de 10 de julio de 1931", pues ya sabemos que la propuesta de extinción del Cuerpo de Iª de Mª no salió de esta comisión. 
 La segunda, de Fernando Bordejé y Morencós: "Vicisitudes de una Política Naval",  tampoco es fiel a lo sucedido cuando afirma: "Con el fin de salvar lo inevitable, el 22 de junio de 1931, una ponencia de dicho Cuerpo [Iº de Mª] elevó al ministro un Proyecto de Reorganización de la Iª de Mª... ". El autor se olvida de incluir el dictamen del propio Estado Mayor de la Armada, que como sabemos era contrario a lo determinado en el decreto de extinción. Tampoco es fiel a los acontecimientos el presentar la propuesta de la Iª de Mª como una medida desesperada y aislada. 
La tercera es la obra de Pascual Díez de Rivera y Casares: "Historia de la Organizaciones Navales de España y Francia (Orgánica Naval)", que solo trascribe el Artículo 51, pero no trata la supresión de la Iª de Mª, a pesar de citar los esfuerzos de la Escuela de Guerra Naval para mantener los principios de la organización naval, concentrádose solo en las funciones de la Subsecretaría. Al parecer tanto a Cerezo como  a Bordejé, o a Díez de Rivera no les parece importante la extinción de un Cuerpo de la Armada.

         Después de elevarse los informes de las comisiones y una vez consultadas todas las juntas y organismos técnicos oficiales de la Armada, hay  unanimidad en reconocer la necesidad de la existencia del Cuerpo, pero estos informes no disuaden al ministro de su idea. Las razones que le llevaron a esta determinación en tan corto espacio de tiempo, a pesar de todos los informes en contra, parecen más fruto de un "frenesí reformador" y de una "pulsión dictatorial" que de una razonada reflexión y análisis. En consecuencia, el Artículo 51 del  decreto de 10 de julio de 1931 del Presidente del Gobierno provisional de la República, Niceto Alcalá-Zamora, establece la extinción del Cuerpo, todo él: Oficiales, Suboficiales y Tropa.

DECRETO DE 10 DE JULI0 DE 1931
Artículo 51. E1 Cuerpo de Infantería de Marina se declara a extinguir con la plantilla que se fije. Los servicios actualmente encomendados a este Cuerpo se cubrirán con marinería seleccionada a su ingreso en el servicio, al mando de Oficiales del Cuerpo General, que tendrán en estos destinos la mayor estabilidad posible. Estos servicios continuarán en su forma actual en tanto no se proceda a la sustitución, cuyos detalles orgánicos se prevendrán mediante la reglamentación oportuna.

Para la aplicación práctica de la extinción, se usó el Decreto de 23 de junio de 1931, que concedía el pase a la situación de retirado, con el mismo sueldo que estaban disfrutando en su empleo, a todos los Jefes, Oficiales y asimilados de todos los Cuerpos de la Armada que lo solicitaran, siempre que contaran veinte años de servicios efectivos. Para rematar la extinción, el 24 de julio de 1931 otro decreto estableció una reducidísima plantilla inicial para la Infantería de Marina (cuadro 1). Esto suponía, en la práctica, la supresión de todo el personal excedente; lo dicho: el exterminio del Cuerpo.  
Parece como si el Gobierno se hubiera dado cuenta que había obrado con excesiva precipitación, ya que los servicios que cubría la Iª de Mª tendrían que seguirse dando, y las economías no serían tantas, al tener que cargar en el presupuesto con, al menos 184 oficiales excedentes. 
Esta situación la pone de manifiesto la exposición de motivos del  Decreto de 22 de agosto de 1931,  en el que se lee que "suprimido el Cuerpo... y declarado a extinguir su personal", estima que: "exigencias de justicia obligan a dictar normas que armonicen la consecución de esta finalidad con el respeto debido a derechos adquiridos legítimamente..."   y  "pretende evitar la paralización de las escalas de los diversos empleos y asegurar a sus titulares el percibo de las pensiones que les correspondería de no tener que permanecer una gran parte en situación de disponibilidad por la desproporción entre el personal que existe en activo y el número de destinos que deben desempeñar".
Para arreglar esta situación el decreto  fija las denominadas "plantillas de extinción". En consecuencia, para la extinción del personal del Cuerpo se fijó una nueva plantilla (cuadro 1), añadiendo que: El personal que no desempeñe destino quedará en la situación de disponible forzoso y percibirá el 80% del sueldo asignado a su empleo.


PLANTILLA INICIAL
PLANTILLA EXTINCIÓN
PLANTILLA
REDUCIDA
PLANTILLA

ESC.ACTIVA
24-7-1931
22-8-1931
24-11-1931
JUL 1936
GRAL Bg

1
1
1
COR

4
1
4
TCOL
1
10
4
10
CTE
3
22
8
22
CAP
5
30
17
30
TTE
9
22
22
34
ALF

Indeterminado
Indeterminado
Indeterminado
CUADRO Nº 1.
EVOLUCIÓN DE LAS PLANTILLAS DE 1931 A 1936

A pesar de estas rectificaciones el ministro sigue insistiendo en que se organizarán fuerzas de marinería para prestar el servicio Militar de las Bases Navales, pero hasta que esto no se lleve a cabo, el 7 de septiembre de 1931, establece una organización transitoria para lo que queda del Cuerpo, distribuyendo las fuerzas como se expresa en el cuadro nº 2 siguiente:


B.N. CADIZ
B.N. FERROL
B.N. CARTAGENA
TCOL



CTE
1
1
1
CAP
4
2
2
TTE
8
6
6
ALF
8
4
4
AUX MAY 1º
1
1
1
AUX 1ª
6
4
4
AUX 2ª
12
8
8
CABOS
66
25
25
BANDA
7
7
7
SOLDADOS
450
250
250
M. ARMERO
1
1
1
CUADRO Nº 2.
ORGANIZACIÓN TRANSITORIA DE SEPTIEMBRE DE 1931

El frenesís reorganizador fue remitiendo y la realidad se impuso, por lo que no durará mucho esta organización. Tres meses después, por Orden Comunicada de 20 de noviembre de 1931, el nuevo Ministro, Giral Pereira, estableció otra "Organización de las Fuerzas y Servicios del Cuerpo", en la que se aumentó ligeramente el número de oficiales y tropa en Ferrol y Cartagena. El incremento más sustancial fue en las Músicas de cada unidad, que en la anterior organización habían desaparecido y ahora se autorizaban unas razonables Unidades de Música. En la Base Naval Principal de Cádiz, se estableció un Batallón de cuatro Compañías, y en las Bases Navales Principales de Ferrol y Cartagena, sendos Grupos de tres Compañías. A estas fuerzas hay que añadir un Sección de Ordenanzas en el Ministerio y la Sección del Cuerpo en el Ministerio, todo según la distribución del cuadro nº 3 siguiente:


B.N. CADIZ
B.N. FERROL
B.N. CARTAG.
SECCION ORDENANZAS
SECCIÓN
MINISTERIO
GRAL BRIG.




1
COL




1
TCOL
1
1
1

1
CTE
2
2
2

2
CAP
6
5
5
1

TTE
8
6
6
2

ALF
8
4
4
1

AUX MAY 1º
1
1
1
1

AUX PRIMERO 1ª
2
2
2
3
1
AUX PRIMERO
6
5
5


AUX 2ª
16
12
12
6
4
CABOS
66
36
36
12

BANDA
7
7
7
1

SOLDADOS
450
300
300
60

M. ARMERO
1
1
1
1

MÚSICOS
31
26
26


CUADRO Nº 3.
DISTRIBUCIÓN DE FUERZAS. 20 NOVIEMBRE DE 1931

Durante los meses de agosto a noviembre se produjo un intenso pase a la situación de retirado, que afectó a un total de 165 oficiales de la Escala Activa y de la ERAR (Escala de Reserva Retribuida), además de 146 Auxiliares de todos los empleos. En consecuencia, ante la disminución de efectivos, la ley de 24 de noviembre de 1931 volvía a modificar la plantilla, y reducía el número de oficiales, quedando como muestra el Cuadro nº 1.
CARTAGENA. COMPAÑÍA DEL 3º REGIMIENTO

 EL "CONVENIO PARTICULAR".

Para iniciar la segunda parte de esta entrada, hay que volver un poco atrás en el tiempo, pues se produjo un hecho que trastornó el marco normativo en el que se estaba desarrollando la extinción del Cuerpo, pues el 10 de septiembre de 1931 el Presidente del Gobierno autorizó al Ministro de Marina a que presentara a las Cortes un proyecto de ley. La iniciativa suponía que todos los generales, jefes y oficiales de Iª de Mª, pasarían a la situación de retirados desde el momento en que se promulgara esta nueva ley, aunque les concedía los anteriores beneficios de los decretos de petición de pase a la situación de retirado.
La propuesta de presentar este proyecto de ley produjo alarma e inquietud, y supuso un duro golpe a las expectativas de encontrar una solución transitoria que permitiera la extinción  paulatina del Cuerpo, y a la vez respetara los derechos adquiridos.
La reacción a este anuncio de proyecto de ley fue la unión de todo el personal para tratar de salvar todo lo que se pudiera del desastre que se avecinaba y atenuar, en lo posible, los perjuicios. Se buscaron apoyos parlamentarios,  se efectuaron estudios y reuniones de trabajo, y se aportó dinero. Finalmente se consiguió alejar el espectro del retiro forzoso, obteniéndose algunas ventajas que permitirían retirarse en mejores condiciones que las que iba a ofrecer el proyecto de ley.
La lectura y análisis de los documentos no oficiales utilizados, relacionados con esta propuesta, pone de manifiesto las mentalidades que imperaron en aquella difícil coyuntura. Como en todas las épocas de crisis, se dividen en dos: las de los que agotados sus ánimos manifiestan "el dolorido sentir", y las de los que creen en la justicia de su causa y están dispuestos a pelear por ella.
Las reacción ante el proyecto de ley y la unión que se había logrado se fragmentaron, cuando un grupo de oficiales pretendió mejorar aun mas las condiciones de retiro por medio de una mayor movilidad en el escalafón. Estos oficiales prepararon, para estudio y aprobación,  un proyecto que permitiera que alguno más de los previsibles pudiera alcanzar los empleos altos del escalafón, fundamentalmente, General de Brigada. La  justificación que aducían era una mezcla de comprensible amargura y desánimo, con la intención de ofrecer un futuro mejor a los más jóvenes, y a la vez intentar mejorar en lo posible las pensiones. Los oficiales que promovían la propuesta eran: el Teniente Coronel don Andrés Sánchez-Ocaña y Rowley, y los Comandantes don Jaime Togores Balzola y don Enrique Ardois Caraballo.
La propuesta era sencilla, aunque aparentemente fraudulenta. Creían los promotores que al no ser el movimiento del escalafón lo suficientemente rápido no podría causar extrañeza y, en esencia, suponía que después de servir seis meses en el empleo de General de Brigada, el titular pidiera el retiro para permitir el ascenso de otro Coronel. Por este procedimiento entre 1933 y 1941 servirían en este empleo catorce generales, en vez de los tres que hubiera permitido el movimiento natural del escalafón.
A este plan le llamaban los promotores "abrir el escalafón por arriba", y a la propuesta la calificaban de "convenio particular", pero sin renunciar  a "una reorganización que satisfaga el ideal de todos los componentes de la corporación y que permita una vida digna y útil a este desgraciado Cuerpo." La propuesta se extiende con unas consideraciones sobre dejar el camino libre a los más jóvenes, a la vez que obtener de beneficio mejores pensiones para todos los que ascendieran cuando comenzaran  los retiros voluntarios, pues habría un efecto cascada en los asensos. También creían los promotores que vivían "en una época que es propicia, no a los idealismos, sino en la que triunfa un total espíritu utilitario."
EL TCOL DÍAZ MONTERO CON OFICIALES DEL 1º BATALLÓN DEL 3º REGIMIENTO

El 1 de marzo de 1933 el Comandante Enrique Ardois, remitió la propuesta, a la que han denominado "Proyecto de Circular", al Coronel Díaz Montero, como se había hecho a todos los jefes. El coronel se encontraba entonces en situación de disponible forzoso, después de entregar en Cartagena el mando del 3º Regimiento, del que ya había anteriormente mandado su 1º y 2º Batallón.
En su contestación al Comandante Ardois, el Coronel expone su postura ante el "despiadado proyecto de Ley del Ministro Casares conducente a la extinción absoluta, completa y fulminante del Cuerpo". Mantiene que las ventajas obtenidas para el retiro se deben solo al Sr. Pérez Madrigal (Diputado por Ciudad Real) y al Comandante Togores. Cree que el inesperado movimiento del escalafón, motivado por el elevado número de los que se acogieron a la ley general de retiros, ha "abierto exagerados apetitos, no por legítimos y humanos, menos infundados y desproporcionados". No cree que para beneficio de unos, que nunca hubieran alcanzado los empleos superiores, deban otros renunciar voluntariamente y en perjuicio propio, a lo adquirido por su esfuerzo o su suerte. Tampoco está de acuerdo con que el movimiento del escalafón pueda pasar desapercibido, pues se llevaría a cabo sin tener en cuenta los intereses del Estado y sin acuerdo con él.
El Coronel muestra su escepticismo con la propuesta y encuentra incongruente el deseo de lograr la reorganización y resurgir de "este desdichado Cuerpo" y a la vez desear una prematura salida de él. Manifiesta que él es una persona alejada del "materialismo utilitarista", que ha tenido bien poca influencia en sus determinaciones sobre su carrera, en la que buscó los destinos más activos... "seguramente contraria a otros cuya ausencia de ideal no es cosa nueva, ya que es bien notorio, por propia confesión no recatada, que tal actitud la vienen arrastrando desde su ingreso en el Cuerpo". Finalmente añade que tiene confianza en que los jóvenes de la institución seguirán con brillantez y entusiasmo la gloriosa tradición del Cuerpo y no cree llegada la hora de prescindir, por propia decisión, de colaborar en esa obra. Manifiesta fe en una probable y próxima reorganización, añadiendo que "con el proyecto por Vd. elaborado, se niega toda esperanza, sepultándola bajo la losa del mas negro pesimismo". 
Finalmente, el 11 de mayo de ese año, en contra de la opinión expresada en la carta citada, aceptó firmar el compromiso del ahora llamado "convenio particular". En el documento de aceptación de la propuesta manifiesta "que los sacrificios morales que mi renuncia representa, los hago gustoso, única y exclusivamente en beneficio de mis compañeros y del Cuerpo al que pertenezco". Hay que tener en cuenta que el propio Coronel era un obstáculo serio para los que habían concebido el "convenio", ya que previsiblemente, por su edad, podría servir siete años en el empleo de General.
Añade "que si al terminar el plazo de mi estancia en activo, con arreglo a este compromiso, se hubiese aprobado o presentado en las Cortes algún proyecto de reorganización del Cuerpo que lleve consigo su resurgimiento para llevar una vida digna de su historia y un aumento en las plantillas que se traduzca en mayores beneficios para el personal que los que estos retiros voluntarios proporcionan, mi obligación de pedir el pase a la reserva se demorará hasta que el proyecto fracase o sea aprobado". "Como garantía del compromiso que contraigo entrego una instancia sin fecha, para que a su debido tiempo sea cursada". El documento está firmado, en nombre de la corporación, por los tres promotores ya citados.

El 13 de mayo de 1933 el General de Brigada don Luis Cañizares Moyano, acogiéndose a los beneficios que ofrece la ley, abandonó el barco, y pasó voluntariamente y anticipadamente a la situación de reserva. Su relevo en la Jefatura de la Sección del Cuerpo en el Ministerio será el Coronel don Rafael Moratinos del Río, que ascendió a general el 1 de julio.

   

PLIEGO DE FIRMAS DE OFICIALES DE SAN FERNANDO Y CARTAGENA

El 1 de junio de 1933, el Coronel Diaz Montero pasó destinado de Jefe  del 1º Negociado (Personal) de la Sección del Cuerpo en el Ministerio. Ya habían pasado dos años desde la promulgación del decreto de extinción, y en ese tiempo se habían hecho pequeños progresos para ir avanzando en la búsqueda de una solución orgánica digna para el Cuerpo, incluyendo los contactos parlamentarios.
En este destino debió de verificar las dificultades de aplicación del "convenio", pero sobre todo, percibió que el sentir mayoritario no era favorable a esta propuesta, como lo ponen de manifiesto algunas documentos y cartas que recibía que se han conservado en el archivo familiar, entre ellos uno de San Fernando y otro de Cartagena, que firmaban en octubre de ese año un total de 25 Comandantes, Capitanes y Tenientes en activo, lo que constituía un número significativo, teniendo en cuenta la exigua plantilla en vigor.
En el encabezamiento de las páginas de firmas se puede leer: "Con el fin de que el Coronel D. Cándido Díaz Montero pueda hacer constar en su día que no es general la conformidad del personal de Jefes y Oficiales del Cuerpo en cuanto a retiros voluntarios se refiere..."

Juan Conforto Thomas.(4) (6)
Antonio Martín Giorla.(6)
Pedro Curiel Palazuelo (6)
Juan León Gutiérrez. (6)
Esteban Dodero Pérez. (1)
Gerardo Fraile Massa. (1)
Ramón Dorda Morgado. (1)
Carlos de Miguel Roncero. (1)
Fernando Ruíz de Valdivia Díaz.(1)
Vicente Vidal. (1)
Basilio Fuentes Serna. (5)
Juan Luque Canis.(5)
Luis Calleja Gonzalez.(5)
Pedro Curiel Palazuelo.(6)
Ginés Sánchez Balibrea. (5)
Marciano Gutiérrez Gutiérrez. (5)(4)
Vicente Alonso Fernández. (5)
Enrique Paz Pinacho. (5)(2)
Angel Inglada y García Serrano. (2)
Manuel Martínez Pellicer. (6)
Manuel Torralbo Marin. (6)(1)
Carlos García
Miguel López Vera. (6)
Emilio Escuain Sanchez. (6)
Francisco Mas Zandalinas. (6)
Carmelo Coello Hernandez.(6)
Fernando de la Cruz Lacaci.(6)
Vicente de Juan Gómez. (6)

(1) Asesinado en el España nº3,  Arsenal de Cartagena o Paracuellos-
(2) Fusilado por los nacionales
(3) Fusilado por los republicanos
(4) Muerto en combate
(5) Bando Republicano
(6) Bando Nacional

CUADRO Nº4.
RELACIÓN DE OFICIALES OPUESTOS AL "CONVENIO" Y SU SITUACIÓN EN 1936

Las opiniones de esta correspondencia muestran que la mayor parte de los jóvenes oficiales no deseaban la temprana marcha a la situación de reserva del Coronel Díaz Montero, pues lo consideraban muy apto para liderar el Cuerpo debido a su prestigio y su potencial futuro, y le transmitían el apoyo de otros Oficiales y Auxiliares. Las cartas dan una idea de la calidad moral y espíritu militar que les animaba, como las del Comandante Esteban Dodero, el Capitán de Miguel Roncero, y el Teniente Alonso Fernandez, en las que declaraban no querer renunciar a seguir trabajando con ilusión por el futuro del Cuerpo, y relataban las presiones que recibían para firmar el convenio, que ellos rechazaban.
Estos datos permitirán afirmar al Coronel Díaz Montero, en una  carta al General Moratinos, que no existía una opinión mayoritaria en el Cuerpo para aceptar el "convenio" y que la propuesta no reflejaba el sentir de la Corporación. La razón de la carta es doble; la primera para informarle que ha recibido de forma más o menos directa la sugestión de que no se retirara, y haber sido informado por los remitentes que no iban a firmar ningún acuerdo de retiros; y segundo, que a falta de multitud de compromisos firmados que aceptaran el convenio, y al no existir unanimidad en los deseos de la Corporación, consideraba anulada y sin valor alguno el compromiso que había firmado para su pase a la reserva. Tres años después, el 22 de agosto de 1937, el General Moratinos pasó a la reserva  al cumplir la edad reglamentaria.


LA INICIATIVA DEL DIPUTADO JOAQUIN PÉREZ MADRIGAL

En el ámbito de los apoyos para garantizar un futuro al Cuerpo, hay que citar que el 15 de junio de 1934, quince diputados presentaron a las Cortes un "Proyecto de Ley de Restablecimiento del Cuerpo de Infantería de Marina", como recoge de forma muy escueta Rival Fabal en su obra "Historia de la Infantería de Marina Española. El proyecto incluía de manera muy pormenorizada la relación de sus cometidos y su detallada organización.

EXTRACTO DE LA EXPOSICIÓN DE MOTIVOS DEL PROYECTO
"A las Cortes. En el art. 51 de la ley constitutiva de la Armada se dispone la extinción del Cuerpo de Infantería de Marina, determinando las normas generales para sustituirlo en los cometidos que le están encomendados. Esta sustitución. que hasta ahora solo ha tenido realidad muy limitada, se viene llevando a cabo en forma fragmentaria, sin responder a un plan de conjunto armónico con las exigencias de los intereses de la Armada y que, sin procurar economía apreciable al Tesoro, repercute en forma bien sensible en la eficacia de los organismos y eficacia de los servicios que desempeñan.
La necesidad de unas tropas de Marina, cualquiera que sea el nombre con que se les designe, es evidente, como impuesta por la realidad; y se halla, además, avalada por las enseñanzas de la historia y lo que se practica en las principales Marinas que pueden tomarse como modelo
.......

El ponente, don Joaquín Pérez Madrigal expuso en su intervención, que previamente había tratado el asunto con el Ministro de Marina Rocha García, presente en la sesión, y con el Subsecretario. Se acuerda tomar en consideración la propuesta y trasladarla a la Comisión de Marina para su dictamen.
El 30 de diciembre de 1934 el Sr Pérez Madrigal escribió una carta al Coronel Díaz Montero, que evidenciaba que la propuesta de ley se había trabajado con su estrecha colaboración, y se congratulaba de que... "lo interesante de nuestra conquista por ahora es el reconocimiento de la existencia, sin trabas y sin sombras, del Cuerpo de Infantería de Marina, por lo que en los primeros días de 1935 será una realidad".
             
           


El ponente presentó el proyecto en la Comisión de Marina el 29 de enero de 1935, ahora desvestido de todo detalle sobre las misiones y organización, que debería ser objeto de desarrollo por el Ministro de Marina. Ese día el proyecto encontró el obstáculo del representante de la Comisión de Presupuestos, que lamentaba no poder informar favorablemente, por suponer un aumento en los créditos presupuestarios, incompatibles con las medidas adoptadas para introducir economías; en consecuencia se pospuso el asunto para un nuevo dictamen. El análisis y resultado final de esta propuesta de ley no es objeto de esta entrada, pero viene a evidenciar lo importante que es poder contar con apoyos parlamentarios, y el que los infantes de marina no estuvieron solos en su lucha.

FINAL

El 11 de abril de 1935, una septicemia ahorró al Coronel Díaz Montero el ver el Cuerpo, al que tantos desvelos había dedicado en vida, dividido en dos bandos combatientes en la Guerra Civil (ver cuadro nº 4). También le ahorró el saber que el Coronel Sánchez-Ocaña, uno de los ponentes del "convenio particular" y compañero de promoción, había sido asesinado, junto con otros oficiales con quienes había servido recientemente en el 3º Regimiento.
El tesón y confianza en el futuro del Cuerpo demostrado por un numeroso grupo de infantes de marina, luchando por un objetivo común, ayudaron en aquellos años difíciles de 1931 a 1936 a comenzar a preparar el terreno que en el futuro permitiría la digna regeneración del Cuerpo. Sus esfuerzos y sacrificios no fueron en vano, ni tampoco el ejemplo que dejaron.




jueves, 16 de abril de 2020

PROYECTO DE DESEMBARCO EN ALHUCEMAS EN 1921. POR TIERRA Y POR MAR XVII

                                                                      Dedicado a la FGNE, los "boinas" del siglo XXI.
                                                                                         Quod sis, esse velis...

Hay autores que hablan de la decadencia y dificultades que padecía el Cuerpo de Iª de Mª, desde el fin de la última campaña colonial hasta el advenimiento de la II República.
En agosto de 1910 se puede apreciar una idea de estas dificultades al leer el mensaje de despedida del Inspector General del Cuerpo, Victor Díaz del Río (padre del autor del Proyecto de Desembarco), cuando dice:  “... Al dejar de pertenecer á la escala activa de esta nuestra sufrida Corporación, ... A la Infantería de Marina he  de guardar yo mientras viva, amor, veneración y respeto. No he de olvidar yo jamás a estos soldados, á cuyo lado combatí y  juntos obtuvimos gloriosísimas victorias, alcanzadas por un tenaz esfuerzo y temerario valor en rudos combates y batallas sangrientas, donde pusieron muy alto el nombre del Cuerpo de la Marina y dieron días de gloria á la Patria..."
A pesar de todo este sacrificio y del prestigio ganado, solo se necesitarían cuatro años mas para la puñalada que supuso el proyecto de disolución del Cuerpo, presentado en 1914 por el Ministro de Marina, y lo que es peor aún, Almirante.
Muchas razones pueden justificar esta decadencia, que se irá incrementando después de esta amarga despedida, entre ellas: la desmovilización al regreso de las campañas; el consiguiente pase a la situación de retiro de muchos cuadros de mando; el cierre de la Academia del Cuerpo, con el grave envejecimiento del cuerpo de Oficiales en el que ya no hay ingresos; la reducción de efectivos; las dificultades económicas para reconstruir la Marina; el mantenimiento de Batallones y un Regimiento Expedicionario en Marruecos y la Compañía del Golfo de Guinea, y todo ello a pesar de los escasos efectivos disponibles que vivían cargados con abundantes servicios de guarnición; y para finalizar, la falta de un decidido apoyo de la Marina a su Cuerpo de Tropas.
Todo esto creaba un ambiente propicio al desánimo, pero a pesar de ello había brillantes Oficiales que creían en el futuro del Cuerpo, y lo procuraban inspirar a sus subordinados, al intentar ponerlo en evidencia en cuantas ocasiones tuvieran la oportunidad, ya fuera en operaciones, ejercicios, estudios oficiales, o publicaciones profesionales. El denominador común era demostrar la necesidad que tenía la Armada de disponer orgánicamente de un Cuerpo de Infantería de Marina preparado para efectuar operaciones anfibias.
En la entrada de este Blog: "Infantería de Marina, 1931-1957. Por Tierra y por Mar XV" (*) se afirmaba la necesidad de retroceder más atrás de 1931 para estudiar la historia del Cuerpo de esos años, y la importancia de analizar las mentalidades que imperaban en momentos tan difíciles. https://reymeric.blogspot.com/2019/11/infanteria-de-marina-1931-1957-por.html
Esta entrada es un apunte en esa dirección, al presentar el borrador de un proyecto del concepto de la operacion de lo que hoy llamaríamos una "Incursión Anfibia" con la misión de rescate de prisioneros, redactado por un Oficial, buen conocedor del terreno y con amplia experiencia en operaciones y acciones de guerra en tierra en Marruecos, en donde sirvió en los empleos de Teniente y Capitán, y en donde ascendió a Comandante por méritos de guerra. A bordo del crucero "Carlos V" participó como comandante de la guarnición del Cuerpo en las acciones de apoyo al ejercito de operaciones en la zona.
CRUCERO "CARLOS V"
Los prisioneros que se trataba de rescatar eran el general Navarro y un grupo de jefes, oficiales, suboficiales y soldados que habían caído en poder de los rifeños en Monte Arruit y en otras posiciones durante el "Desastre de Annual" en julio de 1921.
Hubo largas gestiones para conseguir su liberación, pero las conversaciones no tuvieron éxito. Finalmente el 27 de enero de 1923 se consiguió la liberación de los prisioneros, gracias a la mediación de Horacio Echevarrieta, quién pagó la suma de cuatro millones de pesetas (que servirían para armar a Abd-el-Krim).
La mentalidad anfibia del redactor la evidencia el hecho de que, estando destinado en la Comandancia de Marina de Tarragona, solo tres meses después de Annual finalizará el borrador del proyecto de desembarco. El recorrido que pudiera haber hecho este documento es de momento desconocido, aunque sabemos que no llegó a ejecutarse ninguna operación de rescate.
Casi 100 años después de su redacción, las técnicas de planeamiento y ejecución de Incursiones Anfibias han conocido avances significativos, por lo que desde la perspectiva actual dejo para los Infantes de Marina en servicio activo (si lo creen oportuno) los comentarios al proyecto, y en cambio alabo la iniciativa de quien lo redactó, que evidencia una gran preocupación por su profesión de Infante de Marina.


CAPITÁN DE INFANTERÍA DE MARINA CÁNDIDO DIAZ DEL RÍO MONTERO




Noviembre de 1921

PROYECTO DE DESEMBARCO POR SORPRESA EN LA RADA DE ALHUCEMAS

Objetivo principal.
Golpe de mano para tratar de rescatar al General Navarro, jefes, oficiales y tropa prisioneros en Axdir.

Objetivos secundarios.
I. ¿Procurar destruir la casa de Abd el Krin?
II. Llevar la alarma e intranquilidad a las kábilas de Alhucemas, lo que trae consigo fijar allí contingentes y elementos de la harka, restándolos a los núcleos de resistencia contra el avance de las tropas de la Comandancia General de Melilla,
III. Influir en la moral del enemigo con la demostración de nuestra capacidad para ejecutar golpes de audacia que en la actualidad cree imposibles.
IV. Coger prisioneros que sirvan de rehenes.

Organización.
Jefe de la expedición: Quien designe el Gobierno
Fuerzas terrestres:
Regulares indígenas: 1 Capitán, 3 Tenientes, 3 Alféreces, 300 hombres.
Tercio de Extranjeros: 1 Capitán, 3 Tenientes, 3 Alféreces, 300 hombres.
Dotación para 12 ametralladoras: 48 hombres.
Fuerzas Marítimas:
Cuerpo General: 1 Teniente de Navío, 5 Alféreces de Navío
Cuerpos Subalternos: 6 Contramaestres, 12 cabos de Mar, 72 Marineros, 6 Maquinistas, 12 Fogoneros
Infantería de Marina: 1 Capitán, 2 Tenientes, 60 hombres.
Elementos de Guerra:
12 ametralladoras; 1000 granadas de mano, 12.000 disparos de ametralladora; 24 cajas de munición de fusil.
Elementos de desembarco:
6 remolcadores (vapores pesqueros requisados)
12 gabarras (lanchones de puerto requisados)
12 planchas de madera de 4m x 0.60 con tabloncillos transversales de 0,30 en 0,30. En uno de sus extremos un travesaño con ruedas de madera de 0,30 de diámetro y 0,10 de espesor.
6 planchas de hierro de 6 m x 0,50  y 0.30 de espesor. A 0,50 de sus dos extremos, una abertura longitudinal de 0,50 de largo por 0,10 de altura.
6 banderas color rojo de 0,30 x 0,40
6 iden verde
6 faroles rojos, 6 faroles verdes, 6 faroles blancos, modelo de marina
6 faroles blancos de haz concentrado.
24 remos
Listones de madera; clavazón; estachas y cabos de cáñamo; defensas cilíndricas de cuerda trenzada.
Material naval de cooperación y apoyo
2 Lanchas Gasolineras.
2 Cañoneras
1 Cazatorpedero
2 Acorazados o Cruceros

Concentración.
Las fuerzas marítimas y terrestres con todo el material de desembarco y elementos de guerra en Cala Tramontana.
El material naval de cooperación y apoyo se situará, en momento oportuno, a distancia conveniente de la Bahía de Alhucemas para recalar en ella a la media hora de solicitar su concurso por TSH.
Los dos Cañoneros se hallarán sobre Cala Tramontana el día designado para salir la expedición.

Reconocimiento.
Además del estudio previo de planos y cartas, el Jefe de la Expedición, acompañado por los oficiales de mar y tierra que han de tomar parte en la operación, concurrirá las veces que se juzguen precisas a la Bahía de Alhucemas utilizando el Cazatorpedero que frecuenta aquellas aguas, desde el que, a la vista del terreno, explicará el plan a desarrollar y las medidas que cada uno deberá tomar en las diferentes incidencias que pudieran presentarse.
El número de estos reconocimientos, se procurará reducirlos lo más posible para evitar sorpresas, tratando, por cuantos medios se puedan poner en práctica, de conservar el incógnito de los expedicionarios, disimulando y ocultando a todos el motivo del viaje.
Los Oficiales del Ejército anotarán en croquis los detalles convenientes y los de marina tomarán las enfilaciones que crean necesarias y cuantos datos consideren de utilidad.
Los Oficiales evadidos de Axdir, ilustrarán con sus noticias sobre los detalles de la posición.

Preparación.
I.       Reunidos en Cala Tramontana todos los elementos de desembarco, bajo la dirección de los Oficiales de Marina se procederá a acoplar el material naval en la siguiente forma: cada remolcador tomará a sus costados una gabarra. Las proas de estas han de hallarse a la misma altura, y la del remolcador, de modo que su popa sobresalga casi en la mitad de la eslora por las popas de aquellas. (Fª 1ª) Este sistema de embarcaciones conjugadas se fijará por medio de estachas del grueso conveniente.
Sobre las regalas de los lanchones y muy próximos a sus proas, descansarán los extremos de la plancha metálica que verticalmente, y sujeta por medio de listones de madera, hará las veces de escudo de cada grupo. (Fª 2ª y 3ª)
Montada a proa de cada barcaza y sacando el cañón por las aberturas practicadas en las planchas, se instalará una ametralladora.
A ambos lados del pequeño puente que tienen los remolcadores, se pondrán  a plan sobre cubierta dos planchas de madera para desembarcar, de modo que el extremo en que llevan colocadas las ruedas sobresalga por las amuras. En los puntos de apoyo, se fijarán defensas de cabo trenzado para evitar el ruido que pudiera producir  el roce de la madera sobre la regala al lanzar las planchas para apoyar en la playa al llegar el momento del desembarco. (Fª 4ª)
Formados los grupos conjugados, serán numerados del uno al seis; los tres primeros llevarán su número respectivo pintados en rojo sobre la parte de proa de la plancha protectora; los tres últimos en igual forma pero de color verde.
Durante el día arbolará cada remolcador el número de banderas rojas o verdes que le corresponda. De noche, cuando así se ordene, izará del mismo modo tantos faroles rojos o verdes como le toquen por su numeración.
En el puente de cada remolcador, se dispondrá de un farol de luz blanca de haz concentrado para hacer las señales que se convengan.
Bajo la chupeta de popa de cada barcaza se colocarán dos cajas de munición de fusil. A proa, al pié de cada ametralladora sus repuestos de municiones.

II.      Cada grupo de embarcaciones conjugadas, tendrá la dotación fija siguiente:
1 Oficial de Marina (Comandante); 1 Contramaestre; 2 Cabos de Mar: 14 Marineros; 1 Maquinista; 2 Fogoneros; 1 Sargento de Infantería de Marina; 1 Cabo de Iª de Mª; 8 Soldados de Iª de Mª; 2 Sargentos de ametralladoras; 2 Cabos de Ametralladoras; 4 Soldados de Ametralladoras.
El grupo Nº 1 rojo, será el insignia. En él embarcarán el Teniente de Navío y el Capitán de Infantería de Marina. Los Tenientes de Infantería de Marina, embarcarán en el 3 rojo y 3 verde.
Dentro de cada grupo, irán en el remolcador: su Comandante, Contramaestre, Maquinista, Fogoneros, 6 Marineros y el personal de Infantería de Marina. En cada barcaza: 1 Cabo de Mar, 4 Marineros y la dotación de la ametralladora que monte.
Para navegaciones, no se usarán mas disposiciones, que la línea de fila del nº 1 rojo al nº 3 verde, y la línea de frente (1ª formación) en igual orden.

III.      Organizados los grupos, se procederá a asignar a cada uno de ellos las tropas de desembarco que deberán conducir. Para ello las fuerzas de Regulares se dividirán en tres secciones que corresponderán a cada uno de los tres grupos de embarcaciones de distintivo rojo. Igualmente se distribuirán las fuerzas del Tercio de Extranjeros en las de distintivo verde.
Cada grupo conducirá, pues, cien hombres, repartidos cincuenta en cada barcaza, y al mando de dos Oficiales. Los Capitanes de Regulares y del Tercio embarcarán en los grupos nº 2 Rojo y nº 2 Verde.
Esta distribución de fuerzas, no se modificará para nada, acostumbrando desde el primer momento a las tropas a acudir al grupo que corresponda su unidad.

IV.     Hecha la asignación, se procurará sin pérdida de tiempo a efectuar ejercicios de desembarco y reembarco; primero de día, luego durante la noche. Los primeros días se llevarán a cabo sin salir de Cala Tramontana. Cuando se considere la instrucción bastante perfeccionada, se utilizarán las playas que hay al sur de "Los Charranes".
Tan pronto como se juzguen que los distintos elementos de mar y tierra han llegado al suficiente grado de perfección en las maniobras, se dará cuenta de hallarse la expedición lista para acudir a su objetivo.
Desde entonces, diariamente a las 12 el Comandante Militar de la Plaza de Alhucemas transmitirá por telégrafo a Melilla el estado del mar en la bahía. Al mismo tiempo los buques de guerra que crucen por las costas del Rif comunicarán por TSH a la misma hora, las circunstancias de mar y viento.
Para la elección de la noche en que ha de ejecutarse el golpe de mano, es esencial tener en cuenta el estado de la iluminación. Se precisa que la fecha coincida precisamente con la en que la luna se pone antes de las 2 de la madrugad.
Desde que la expedición se halle lista, los Cañoneros, Cazatorpedero y Lanchas Gasolineras de la fuerza naval de cooperación y apoyo, estarán sobre vapor para acudir a Cala Tramontana al primer aviso.
EL ACORAZADO "PELAYO" FRENTE AL PEÑÓN DE ALHUCEMAS

 La navegación.
Teniendo en cuenta las condiciones climatológicas y meteorológicas de la estación y lugar, es bien seguro que no tardarán en presentarse las circunstancias favorables para la empresa proyectada. Una vez llegadas estas y resuelta la operación, serán llamados a Cala Tramontana los Cañoneros y Lanchas Gasolineras, destacándose el Cazatorpedero poco antes del anochecer para que vaya a estacionarse a unas tres millas hacia fuera del centro de la enfilación Morro Nuevo - Cabo Quilates. Allí se mantendrá sobre la máquina y sin más luz que una blanca fija, solo visible desde el Este.
Dada la distancia de 53 millas que es preciso recorrer y habida cuenta de que a los grupos prácticamente no puede asignárseles velocidad superior a 5 nudos, a las 5 de la tarde han de hallarse embarcadas todas las tropas y elementos para emprender la marcha. Una vez a bordo de cada grupo la unidad que le corresponda, se abandonará el fondeadero de Cala Tramontana por el siguiente orden: una Lancha Gasolinera; los seis grupos de desembarco y la otra Lancha Gasolinera.
La formación será en línea de fila y a un cable de distancia entre las embarcaciones. Los Cañoneros, marcharán a estribor del centro de la línea y a dos o tres cables de distancia de ella. Ningún buque ni embarcación llevará mas luz que la blanca fija de popa, la que también será apagada a las doce en punto de la noche. Desde esa hora solamente se guiarán las diferentes unidades por la estela del matelote de proa.
Antes de embarcar la tropas cargarán sus fusiles, poniéndolos en el seguro, y se distribuirán las granadas de mano entre los 20 hombres de cada sección que han de utilizarlas.
Desde las 12 de la noche, el silencio ha de ser absoluto. Se prohíbe fumar ni encender luz alguna. Los Maquinistas evitarán por todos los medios que las chimeneas despidan chispas procedentes de la combustión ni resplandores consecuentes de forzar el tiro. Estas advertencias se observarán rigurosamente, sobre todo desde las 12 en adelante.
Los Cañoneros navegarán prestando constante y activa vigilancia a la columna de embarcaciones de desembarco. Cualquier novedad que alguna de estas creyere necesario comunicar, la transmitirán por medio del farol de luz blanca cuyo haz concentrado dirigirá al Cañonero más próximo que navega en conserva por el costado de estribor.
En caso de que algún remolcador sufriera avería que le impidiera continuar la navegación por sus propios medios, apagará su luz blanca de popa y se saldrá de la línea metiendo a estribor y avisando al cañonero quien le dará remolque.
Los Oficiales de Marina harán comprender a sus tripulaciones, especialmente al personal de máquinas, que el éxito de la operación se halla supeditado a su celo, acierto e inteligencia.
En el caso de que durante la navegación saltara mal tiempo y a juicio del Comandante más antiguo de los dos Cañoneros pudiera peligrar la expedición, por medio de señales ordenará la detención. Si la mar fuese rápidamente en aumento, los Cañoneros recogerán por partes iguales las fuerzas terrestres; se levantarán las planchas metálicas metiéndolas a bordo de un lanchón y se desharán los grupos conjugados  soltando las estachas que los unen, tomando cada remolcador a remolque  los dos lanchones de su grupo. Toda la Escuadrilla regresará al punto de partida o al lugar de la costa de Tres Forcas que se considere más seguro según la dirección de viento y mar.
Una vez que la columna haya llegado al punto donde se encuentra destacado el Cazatorpedero y dejando a éste por estribor, el jefe del grupo de cabeza utilizando la luz blanca de haz concentrado ordenará el cambio de formación. Dicha orden correrá de cabeza a cola y los Comandantes de grupo, tan pronto la hayan comunicado al que le sigue, meterán a babor 23 grados moderando la marcha para formar la línea de frente, regulando su velocidad por la del que divise por estribor.
Los Cañoneros y Lanchas Gasolineras seguirán el movimiento colocándose por la popa de la línea de frente de embarcaciones de desembarco, a la que acompañarán hasta hallarse tanto avante con el faro del Peñón de Alhucemas, en cuyo momento pararán, dando atrás si sus Comandantes lo consideran conveniente para contrarrestar la salida de sus buques. En todo caso han de tener en cuenta la conveniencia absoluta de que el movimiento de sus hélices no denuncie su presencia.
La línea formada por los grupos, tan luego como al cambiar de rumbo modere sus máquinas, procurará reducir las distancias lo más posible hasta casi tocar sus costados y al llegar tanto avante con el faro del Peñón de Alhucemas, disminuirán mas el andar para aminorar el efecto de la varada, cuya amplitud ya habrá sido calculada convenientemente en los ejercicios preparatorios.
Al divisarse desde los remolcadores la línea de playa, en voz baja y con toda precaución se ordenará que las tropas embarcadas se corran lo mas que se pueda hacia popa de los lanchones, con objeto de que estos levanten un poco la proa en el momento de varar.
Una vez que los grupos nº1 rojo y nº3 verde hayan abordado la playa encenderán su luz blanca de popa, para que los Cañoneros y Lanchas Gasolineras conozcan la extensión que la línea de embarcaciones ocupa en la playa y puedan situarse  a distancia conveniente y a ambos costados de ella, tan pronto como divisen en sus palos izadas las luces de color.
Los Acorazados o Cruceros que hayan de cooperar y apoyar la operación, se encontrarán con sus luces apagadas y a una distancia prudencial de la entrada de la bahía de Alhucemas a las 3 de la madrugada. La distancia que se indica no será menor de cinco millas con objeto de no entorpecer, en caso de retraso, los movimientos de la expedición propiamente dicha. Antes del amanecer, y a no haber sido solicitada su ayuda, no entrarán en la bahía aun cuando oyesen fuego.
Los Oficiales de las secciones de infantería, procurarán al acondicionar sus tropas en los lanchones, que los hombres queden de proa a popa en el orden en que han de marchar una vez desembarcados. En los ejercicios preparatorios se atenderá con el debido  cuidado a este extremo.
Si algún grupo, no quedase bien varado, el remolcador con su máquina avante y regulando convenientemente su fuerza, sostendrá los lanchones contra la playa mientras dura el desembarco. Una vez libre, dará atrás y volverá a tomar salida para abordar de nuevo la playa con suficiente velocidad. En último extremo hará saltar a la popa de los lanchones toda la gente disponible y si ni esto diere el debido resultado, cosa no probable, tendrá en función su máquina cuanto tiempo sea preciso.

El Desembarco.
Conforme vayan varando los grupos en la playa, la marinería auxiliada por las dotaciones de Infantería de Marina, lanzarán a tierra las planchas de desembarco. Con el mayor sigilo y procurando evitar todo ruido, las tropas irán pasando a tierra saliéndose inmediatamente de la zona de arena donde serán más visibles.
Por el orden prevenido dentro de cada unidad y conducidos por sus oficiales, emprenderán la marcha hacia los objetivos designados de antemano. Ha de evitarse en absoluto el menor ruido ; las órdenes se transmitirán en voz baja  corriendo la consigna de unos a otros.
Si al varar las embarcaciones fuesen descubiertas por algún servicio de vigilancia y seguridad que pudiese tener dispuesto el enemigo, no por ello se ha de considerar abortada la operación. Como los hombres que desempeñan dicho servicio no serán seguramente muy numerosos, se les perseguirá al arma blanca por un pequeño núcleo de Regulares. Pero ante todo se procurará, utilizando a algunos de éstos últimos, tratar de engañarlos asegurándoles (en árabe) que se trata de gente de la harka que regresa de Sidi Dris o Gomara por mar. Si se consigue  nada más que hacerlos dudar, será fácil deshacerse de ellos.
Si en el primer momento el enemigo se presentase numeroso y desde luego rompiere el fuego, el objetivo principal de la operación habría que considerarlo irrealizable. Entonces, las ametralladoras contestarían al fuego, los Cañoneros y Lanchas Gasolineras encenderían sus proyectores para dejar en la penumbra a la columna de desembarco y sus cañones intervendrán en la acción procurando no dirigir sus tiros hacia ningún caserío con objeto de evitar represalias en los prisioneros. Sosteniendo el fuego mientras la expedición se retirará lentamente de la costa, es indudable que acudirán a aquel punto que consideran amenazados los contingentes de la harka y habitantes de la bahía de Alhucemas. Fijado en aquel lugar durante una hora aproximadamente, la expedición emprenderá la retirada, mientras los Cañoneros y lanchas gasolineras sostienen el fuego para ir a abordar la pequeña playa que existe en una ensenada próxima al Sur de Morro Nuevo. Desembarcará rápidamente, tomará por asalto la altura donde los moros tienen emplazada artillería y se fortificará.
Con el auxilio de un buque de guerra podrá sostenerse el tiempo suficiente para recibir refuerzos embarcados en Melilla y así se obtendrá un excelente punto de apoyo para ulteriores operaciones. Las condiciones topográficas y lo deshabitado de aquel lugar son en extremo favorables para lo propuesto.
Este caso, estudiado como una eventualidad, debe considerarse poco probable, ya por las condiciones de la noche que se habrá elegido para la operación, ya por las costumbres de los moros, que siempre en las primeras horas de la madrugada es cuando ejercen menor vigilancia. Sobre todo, en la actualidad están tan confiados en que no hemos de intentar un golpe de mano precisamente en el lugar donde se consideran más fuertes, que es casi seguro que en el punto de la playa elegido para desembarcar no habrá las guardias por ellos usadas frente al Peñón, donde pueden detener y evitar la evasión de algún prisionero.

Desarrollo de la Operación.
Una vez en tierra toda la columna, se distribuirán las tropas en la forma siguiente:
La 1ª Sección de Regulares se situará cerca del riachuelo Guis, desplegando una mitad de su fuerza con frente al Oeste. Tendrá por misión la seguridad de la zona de desembarco contra el enemigo que pudiera venir por aquel frente. Se sostendrá, caso de ataque, hasta que reciba orden expresa de retirada.
La 2ª y 3ª Secciones de Regulares seguidas a corta distancia por la 1ª del Tercio, emprenderán la marcha por el camino designado, señalado en el croquis, hacia el objetivo.
La 2ª Sección del Tercio, irá a establecerse en el pequeño montículo que existe al sur del Guis y a unos 400 metros del punto de desembarco, marcado en el croquis. Protegerá la playa que queda a su retaguardia y servirá de apoyo a la retirada de las Secciones avanzadas. Mantendrá su puesto hasta que se le ordene.
La 3ª Sección del Tercio, desplegará perpendicularmente a la playa con frente al Este la mitad de su fuerza a una distancia de 200 metros del Grupo de embarcaciones que le corresponde. Defenderá el acceso a la zona de desembarco por el frente que ocupa y no se retirará hasta recibir orden de hacerlo.
A bordo de las embarcaciones, se prepararán las dotaciones para su defensa, distribuyendo granadas de mano entre la gente. La Infantería de Marina desembarcará situándose frente a sus embarcaciones fuera de la playa.
La 3ª Sección de Regulares destacará en el momento del desembarco o mejor aun al embarcar en Cala Tramontana, 5 hombres que se pondrán a las inmediatas ordenes de los oficiales Comandantes de las Secciones del Tercio, para que en caso preciso puedan servir de intérpretes y engañar al enemigo que se presente aislado.
Las Secciones que marchan a libertar a los prisioneros, irán en pequeños grupos sin perder el contacto entre sí y unos a continuación de los otros. A toda costa evitarán los caseríos, dándoles el mayor rodeo posible. Guardarán un silencio absoluto, procurando que no se oigan sus pisadas ni hacer ruidos al saltar zanjas o vallados.
Si durante la marcha se les diese el alto o si fuesen preguntados, un Regular que a prevención marchará a la inmediación de cada oficial, contestará que se trata de gentes de la harka que regresan a sus kabilas, y mientras los grupos más distantes se ocultan cuerpo a tierra, se destacarán unos cuantos hombres que reduzcan al silencio al preguntante o preguntantes sin utilizar las armas de fuego.

I.       Caso de no ser descubierta la columna, al llegar a las inmediaciones de la casa prisión, la cabeza hará alto para que se vayan incorporando las fuerzas. Tan pronto como la densidad de tropa lo permita, se rodeará rápidamente el lugar donde se hallan los prisioneros, sorprendiendo a los guardianes que se encuentren en ella y que seguramente más vigilarán el interior que hacia fuera. Un ataque violento, rápido con granadas de mano y el consiguiente efecto de la sorpresa, es indudable que dará el resultado perseguido, haciendo huir a los guardianes que no hayan sido víctimas de las armas.
Las 2ª y 3ª Secciones de Regulares, se lanzarán tras los fugitivos sin alejarse más de 400 o 500 metros de de la casa prisión.
Entre tanto la 1ª Sección del Tercio se hará cargo de los prisioneros libertados conduciéndolos sin perder momento y con la mayor rapidez hacia el punto de desembarco.
Enseguida que este núcleo de tropas haya rebasado hacia la playa el montículo donde se encuentra establecida la 2ª Sección  del Tercio, se retirará también esta, pasando ambas inmediatamente a bordo de sus respectivas embarcaciones las que tomarán el largo, dirigiéndose a marcha hasta la entrada de la bahía.
Conseguido el objetivo de la operación, se tocará retirada a las secciones de Regulares que se hallan combatiendo. Estas se despegarán del enemigo con un rápido salto a retaguardia, suspendiendo el fuego si se considera conveniente, emprendiendo la marcha retrógrada a la mayor velocidad para reembarcarse en sus respectivos grupos de embarcaciones.
En cuanto los prisioneros libertados se encuentren embarcados, una pitada corta con el silbato de vapor del remolcador en que se hallen, será la señal para encender las luces de color distintivas de cada grupo.
Cuando se calcule (por el ruido principalmente que hagan en sus movimientos a la carrera) que las Secciones 2ª y 3ª de Regulares están próximos a la playa, por medio de la corneta y dando varias pitadas cortas con el silbato de un remolcador se ordenará a la 3ª Sección del Tercio y a la 1ª de Regulares que se retiren a sus embarcaciones.
Desde ese momento la defensa del acceso a la playa de desembarco estará encomendada a las ametralladoras que montan los lanchones, a la artillería de los Cañoneros y Lanchas Gasolineras y a la Infantería de Marina desembarcada, a quien por instituto corresponde esa misión de abnegación y sacrificio.
Los Cañoneros al oír las pitadas cortas del remolcador encenderán sus proyectores para alumbrar la playa a derecha e izquierda del punto de desembarco, que de tal modo quedará en la penumbra.
Enseguida que las Secciones 2ª y 3ª de Regulares hayan reembarcado seguidas de la Infantería de Marina, los remolcadores de sus grupos comenzarán a pitar de modo continuo durante unos segundos.
A esta señal, todos los grupos que se encuentran varados darán atrás zafándose de la playa y navegando en esa forma hacia la entrada de la bahía. El Cazatorpedero que se encontraba frente a dicha entrada, tan pronto como vea los proyectores de los cañoneros en el interior de la bahía, encenderá el suyo dirigiendo el haz luminoso hacia el cenit, para servir de guía a las embarcaciones de desembarco.
Inmediatamente, los Acorazados o Crucero de cooperación y apoyo avanzarán a colocarse frente al Morro Nuevo y Cabo Quilates iluminando con sus proyectores y rompiendo el fuego contra las baterías que el enemigo tiene emplazadas en esos puntos.
Los Cañoneros, tan pronto las embarcaciones de desembarco hayan abandonado la playa, comenzarán a retirarse lentamente sin dejar de cañonear la costa, dirigiendo el fuego de algunas piezas contra la altura de Adrar-Idrum.
Las embarcaciones de desembarco apagarán sus faroles de color tan pronto como se hayan puesto en movimiento.
Es esencial evitar toda confusión al elegir el grupo correspondiente por las tropas que reembarcan. Los oficiales de Marina tan pronto vean sus lanchones llenos de gente tomarán             el largo. Es preferible dejar algunos prisioneros, que perder muchos hombres ahogados.

II.      Si la columna que se dirige a salvar los prisioneros fuese descubierta en su marcha hacia el objetivo y no hubiera dado la estratagema de engañar a los moros, las Secciones 2ª y 3ª de Regulares emprenderán desde luego la ofensiva llevándola con toda energía y rapidez, mientras la 1ª Sección del Tercio, sin disparar un tiro, acudirá a la carrera a libertar a los prisioneros. La lucha que se origine con los guardianes de estos indicará al Capitán de Regulares el momento en que puede comenzar su retirada. Las demás fases de la operación se ajustarán en un todo a lo prevenido en el caso I.
Dada la hora designada para llevar a cabo la empresa, las primeras luces del alba cogerán a las embarcaciones fuera de la bahía o casi saliendo de ella, lo que facilitará en extremo la reorganización de las unidades y la formación de la línea de fila.
Una vez fuera del alcance de los cañones que puedan quedar montados en Morro Nuevo y Cabo Quilates, se transbordarán los prisioneros salvados a un barco de guerra y en igual orden que a la ida, toda la columna escoltada por los buques de la Escuadra regresará a Melilla.
Si se considera conveniente y con objeto de evitar a las tropas las molestias de una nueva navegación de varias horas, uno de los Acorazados o Cruceros puede tomar a bordo todas las fuerzas terrestres que intervinieron en la operación y trasladarlos a la Plaza en pocas horas para darles allí el descanso necesario tan bien ganado.
De la presente memoria, pueden deducirse los datos que en forma de instrucciones se faciliten a todos los Oficiales de Mar y Tierra, ampliándolos con aquellos que la práctica de los ejercicios preparatorios, ponga de manifiesto.
La confianza en el éxito de la operación, se funda principalmente en la manera de ser de los moros; en la forma como prestan sus servicios de vigilancia en especial al llegar las altas horas de la noche; en la confusión producida por la sorpresa que forzosamente se ocasionará en los miembros de la harka y habitantes de la bahía de Alhucemas: Al primer momento creerán que los prisioneros trataban de evadirse; luego al sentir fuego sostenido en varias direcciones no sabrían a dónde acudir, y esos instantes de vacilación del enemigo son los aprovechados para el golpe de mano. Además, en general, los moros de noche no abandonan sus viviendas al sentir fuego y se ponen a la defensiva, como no sea que de antemano hayan convencido alguna empresa. Estas afirmaciones pueden atestiguarlas  los Oficiales de la Policía Indígena que han convivido con moros en sus poblados, en tiempo de paz y en tiempo de guerra.

Tarragona    Noviembre 1921
firmado
Cándido Díaz Montero
Comandante de Infantería de Marina


Nota: Las Secciones 2ª y 3ª de Regulares en su retirada, procurarán hacer algunos prisioneros en las casas aisladas por donde pasen.

Distancias

De Cala Tramontana a Alhucemas                         49 millas
De Melilla a Alhucemas                                    61 millas
De Ceuta a Alhucemas                                    84 millas
De Motril a Alhucemas                                    88 millas
De Málaga a Alhucemas                                  91 millas




martes, 31 de marzo de 2020

ACTITUDES ANTE EL COVID 19.



En estos momentos de aflicción que vivimos, el aislamiento domiciliario nos  ofrece la posibilidad de reflexionar en nuestras casas (lejos del mundanal ruido) para poder extraer algunas lecciones sobre la crisis que nos está afectando.  La primera de ellas es el ver como se han sacudido los cimientos en los que creíamos que se asentaba sólidamente nuestra sociedad y su capacidad de hacer frente a los problemas que se le plantearan. Nuestra confianza se ha desmoronado y ha quedado manifiestamente clara nuestra fragilidad individual y colectiva ante un problema insospechado, que cuando se manifestó por primera vez creíamos que no nos iría a afectar, pues las pandemias eran cosas del "tercer mundo", como tuvimos ocasión de ver con la del Ébola.
La actitud posmoderna ante la vida también ha quedado sacudida por la extensión del Covid 19. Sus ideólogos y profetas se han quedado sin respuestas. Para ellos, hasta ahora, el valor de la vida  para los no natos y la tercera edad era relativo; su nueva ética social permitía que la pirámide de población pudiera recortarse por las partes más vulnerables de ambos extremos, por medio de políticas activas de apoyo al aborto y la eutanasia: era lo moderno. Ahora, cuando ven en riesgo de muerte a sus abuelos,  padres, e hijos, no parece que sus frías recetas sociales sean tan de aplicación: eran buenas para los demás, pero no para ellos, aunque me temo que volverán por donde solían...
Hoy, ante el avance de esta pandemia, es evidente la fragilidad de toda la pirámide de población, aunque sea más acusada en las personas mayores, potenciales receptores de las políticas activas eutanásicas que estaban a punto de aprobarse en España, herederas de los mismos principios que inspiraron las políticas abortistas. En el fondo subyace la actitud ante la vida: la de los ateos y agnósticos, y la inspirada por la moral cristiana.
Yo creo con Kierkegaard, que “la vida es el mayor bien que un hombre le debe a otro y que ésta deuda, por muchos números que se hagan, siempre será incalculable”. En consecuencia, en mi opinión, el respeto a la vida desde la concepción hasta su finalización, y la veneración a nuestros mayores, deben ser sólidos pilares éticos en nuestra vida.
Parece que las posiciones darwinistas mas posmodernas se han ido abriendo camino en estos días. Como ejemplo, tenemos la postura calvinista-luterana de Frits Rosendaal, jefe de epidemiología clínica del Centro Médico de la Universidad de Leiden (Países Bajos) que recoge el ABC del pasado 27 de marzo, quien señala la posición cultural que en España e Italia tienen los ancianos; lo que explicaría los distintos estados de saturación de hospitales debido al coronavirus, comparados con los de su país. Rosendaal cree que los ancianos no se deben llevar a los hospitales y que en España e Italia admitimos a personas que ellos no incluirían porque son demasiado viejas. "Los ancianos tienen una posición muy diferente en la cultura italiana" dice este orate: Calvinismo y predeterminación en estado puro que reflejan el espíritu posthumanista de la moderna sociedad de los Países Bajos, en donde se han practicado 3.200 eutanasias el año pasado.
También en el ABC del día 31 de marzo se nos informa del dilema que se plantea en Bélgica y la recomendación que la Sociedad Belga de Geriatría ha elaborado para que no se trasladen a los hospitales  a los ancianos afectados con coronavirus, muy en línea con el espíritu que parece animar a sus vecinos de los Países Bajos.
Pero ese espíritu parece que también se ha extendido a sectores médicos de España, como se recogía en el ABC del pasado día 27 de este mes, dando la noticia de que la Sociedad Española de Medicina Intensiva Crítica y Unidades Coronarias (Semicyuc) había publicado hace unos días una guía para ayudar a los especialistas a priorizar enfermos. Entre otras recomendaciones, se aconsejaba no intubar a mayores de 80 años ni a personas con Alzhéimer y con enfermedades neurodegenerativas, teniendo en cuenta el "valor social" de los pacientes: darwinismo en estado puro.
En respuesta a este documento y a los nuevos dilemas éticos que plantea la pandemia, nos informa el ABC que el Comité de Bioética de España ha elaborado un informe con criterios comunes para todos los hospitales en el que corrige la orientación de los intensivistas. Este órgano asesor del Gobierno rechaza, por ejemplo, que la edad y la discapacidad sean criterios exclusivos para decidir a quién se le dedica el máximo esfuerzo terapéutico, subrayando que la discapacidad de las personas enfermas no puede ser por sí misma un motivo para descartarlas. Al comité le preocupa que se descuide a otros enfermos con patologías diferentes al coronavirus y rechaza el concepto utilitarista, y éticamente  rechazable, de valor social, y considera que "Todo ser humano por el mero hecho de serlo es socialmente útil, en atención al valor ontológico de la dignidad".
En particular y en relación con el descuido a los enfermos, la situación actual con las residencias de mayores es absolutamente injusta e indignante, y quien tenga algún familiar internado lo sabe. La desatención de las autoridades hacia esta población es de juzgado de guardia; el número de fallecidos lo evidencia, ya mas de 3000. El efecto de la desatención es que las personas más vulnerables y con mayor riesgo a un eventual contagio del coronavirus han quedado al margen de las medidas de prevención y cura, y son las más perjudicadas por esta crisis.
La ineficacia y el diletantismo se han combinado en la errática y tardía acción del gobierno, y es la población quien está pagando su precio.