lunes, 2 de septiembre de 2019

ARTE Y NACIONALISMO


Esta corta entrada no es un comentario de una magnífica exposición, sino mas bien, una reflexión inspirada por su línea argumental.
El siglo XIX fue el siglo de los nacionalismos, que todavía padecemos en España, en donde las autoridades se empeñan en subrayar "hechos diferenciales", o la perogrullada, elevada a dogma posmoderno, de la "diversidad española" con la que los partidos pretenden hacernos comulgar, y contentar a las autonomías que  buscan una "identidad" (inexistente). El problema es que desde la primera globalización ibérica, ahora ya acelerada,  los movimientos de personas, ideas, objetos, capitales... etc., nos han traído una tendencia hacia la fusión y uniformización de las "culturas" existentes, lo que hace ridícula la visión microscópica de los nacionalismos peninsulares que busca el "Olive Tree", mientras quiere viajar en un "Lexus" (*) En estos tiempos, lo fundamental es respetar las tradiciones e instituciones que sostienen la unidad de nuestra cultura, toda ella, la hispánica.
Esta reflexión viene al caso después de admirar en el Museo del Prado la exposición "Velázquez, Rembrandt, Vermeer. Miradas afines".

El bufón de Primo. Velazquez
El valor de la exposición, y mérito de su comisario Alejandro Vergara, es su hipótesis de que la pintura no es la expresión de la "identidad" nacional, como pretendió el nacionalismo en su interpretación de la pintura durante el siglo XIX, y que «El nacionalismo ha contaminado el relato de la Historia del Arte. Ni Velázquez, ni Vermeer, ni otros pintores de la época expresaron en su arte la esencia de sus naciones, sino unos ideales estéticos que compartían con una comunidad supranacional de artistas».
No hay que negar tampoco, que existieran diferencias entre las pinturas española y holandesa del XVII, «pero han sido muy exageradas. No somos iguales, pero tampoco tan diferentes». Esto queda claro al contemplar en la exposición las 72 obras de artistas, entre otros, como Velázquez, Rembrandt, Vermeer, el Greco, Murillo, Frans Hals, Ter Borch, sobre todo las de los holandeses, que para admirarlos hay que hacerlo principalmente en los museos de los Países Bajos. La disposición de las obras en las salas ofrece una excelente oportunidad de comparar las obras de los pintores españoles y holandeses y verificar la hipótesis argumental de la exposición. Hasta aquí las alabanzas, porque hay un asunto que no se puede pasar por alto. En la explicación que se expone en la sala 02 se afirma que "los holandeses se sublevaron contra el Rey Felipe II de España", lo que traslada un mensaje equivocado desde un Museo Nacional español. Creo que está claro que los holandeses se sublevaron contra el legítimo soberano de los Países Bajos y duque de Borgoña, Felipe II, y al hacerlo consumaron un delito de lesa majestad. 
El geógrafo. Vermeer.
¿Habrán consensuado con los herederos del pensamiento de los rebeldes holandeses esta redacción para poder exhibir la exposición en los Países Bajos, y así mantener viva la leyenda negra antiespañola? 
Esta leyenda, que todavía se mantiene viva, la refleja muy bien la placa situada en la Grand Place de Bruselas, escrita en francés y flamenco, y que hoy día aun recuerda la decapitación de los condes de Egmont y Hornes, "ilustres víctimas de la represión",  "durante la rebelión contra la autoridad del Rey de España Felipe II" (no contra su legítimo soberano).
Cuando comenzó la revuelta holandesa en el siglo XVI, los universos mentales del siglo XVI y la reacción de las autoridades ante delitos graves, no era la del siglo XXI, en el que hemos visto como las autoridades de una región española han organizado una rebelión contra el Estado, violando la Constitución y las leyes que las legitiman en sus cargos. Al parecer dicen que son una República (a la sombra del "olive tree" añado yo). Los Tercios no están ni se esperan.

(*) FRIEDMAN L. Thomas. "The Lexus and the Olive Tree". 



sábado, 15 de junio de 2019

MI ORQUESTA FERROLANA


Vine a Ferrol, despues de unos años de voluntario destierro, porque me dijeron que tenía que cerrar un asunto familiar. A la llegada me llamó la atención el silencio que envolvía la ciudad, de la que tenía muy grabado en la memoria su mundo sonoro: mi "orquesta ferrolana". 
    La casa de mi gens, donde nací, en el barrio de la Magdalena, está situada en la Calle Real, llamada en la época solo oficialmente General Franco, aunque en el pasado también se había llamado calle de Sinforiano López.  A mi llegada la fui a cumplimentar, y allí sigue, gracias a la protección que se ha dado al barrio, todavía en pié, orgullosa, susurrando el viento al oído de quién se detenga a verla, que en ella vivió una gran familia.
    En mi infancia, durante los años cincuenta, el tramo de la calle Real entre la Plaza de Amboage y la Plaza de Armas era el centro de la vida comercial y social de Ferrol. En ella se encontraba el Casino Ferrolano y los principales comercios: Almacenes Taca, Olmedo, Couto, un par de estancos, la mercería Landéira, Montalvo, Rosazul, la sombrerería Monzón, la librería España, y la papelería e imprenta El Correo Gallego, además de las oficinas del periódico del mismo nombre. Al menos tres farmacias y pastelerías completaban la calle. 
    Durante las noches, un "sereno", vestido con bata gris y gorra de plato, recorría la calle Real y las adyacentes, llevando unos aros metálicos de los que colgaban las llaves de los portones de las casas. Su localización la anunciaba los golpes que iba dando en el suelo con su chuzo, que además le servía de defensa ante posibles problemas nocturnos. La voz de orden para llamarlo era: ¡sereno!, a la que respondía, si te oía, con dos golpes de chuzo. Al clarear el día se marchaba, dejando abiertos los portones, y ya enseguida, una pareja de la Policía Armada recorría la calle de arriba a abajo. Como se ve, no se bromeaba con la seguridad ciudadana. 
    El ritmo de la vida de los vecinos de Ferrol lo marcaban los continuos toques de la sección de percusión de los relojes de sus campanarios, de las llamadas a misa, o los toques de difuntos, y también, de cuando en cuando, se unían a esta sección el argentino sonido de las campanillas que tocaban los monaguillos acompañantes de un presbítero, que protegía con el velo humeral el copón que llevaba para dar la comunión a los enfermos. A la sección de percusión de mi "orquesta ferrolana" se unía la de viento, con los cañonazos a las ocho de la mañana, al mediodía y al ocaso, y las sirenas de llamada a los empleados de la Empresa Nacional Bazán. No faltaban tampoco otros instrumentos de viento, como las cornetas que acompañaban el izado y arriado de bandera en Capitanía General o en el Arsenal. 
    Otro importante instrumento de la orquesta eran los chifles de los afiladores, anunciando su presencia con una melodía de notas crecientes hacia los agudos seguida de otra de notas decrecientes hacia los graves, que daba entrada al solista y su aria: ¡afilador y paragüero!, repitiendo la función hasta que se presentara algún cliente con sus cuchillos. Su máquina de trabajo era el propio vehículo que lo transportaba: su bicicleta, a la que levantaba sobre unas patas para poder pedalear y hacer girar el eje de la piedra de afilar, que previamente había unido a la cadena. Al oír el chifle, los niños nos acercábamos a ver salir las chispas del roce del cuchillo con la piedra, lo que confirmaba que el afilador era de Orense, a terra da chispa: los dueños de los secretos del oficio. 
    La música sinfónica sonaba los días de las festividades militares, cuando marchaban por la calle Real las Compañías de Honores, o con ocasión de las procesiones de Semana Santa, del Corpus Christi, o del Voto de Chanteiro. La Semana Santa ferrolana era algo especial. Mi casa se llenaba de familiares y amigos para ver procesionar las cofradías. No perdía detalle de los pasos y penitentes y, en especial, las largas filas de oficiales que vestidos de gala con bicornio, charreteras y sable, acompañaban al Capitán General en la Procesión del Santo Entierro o en la del Corpus. Esta última era particularmente esperada, pues las fuerzas de la guarnición de la Plaza cubrían la carrera en todo su recorrido, y a la finalización, desfilaban por la Carretera de Circunvalación ante el Capitán General en su tribuna delante de la Iglesia de San Julián. Volveré a Ferrol en Semana Santa, me dicen que tiene una grande y merecida fama.
    Los días importantes del calendario militar, los sonidos en el aire eran los redobles de los tambores y las agudas notas de las cornetas que acompañaban las marchas militares que la Música del Tercio Norte atacaba al embocar la Calle Real, acompañando a la Infantería de Marina a en su camino de regreso de Capitanía al Cuartel de Batallones. Los cristales de la galería de mi casa vibraban, mientras en el aire sonaba “Los Voluntarios”: "Arturito Cagallón", la llamábamos los niños de Ferrol. La Compañía del Tercio marchaba marcial, mientras algunos niños ¾sobre todo el día de la Pascua Militar¾ llevando sobre el hombro las pequeñas escopetas de madera, o espadas de caucho o madera con nervio metálico, se entremezclaban con los gastadores, quienes con aire distante  marchaban marciales con sus rojos cordones, amplias manoplas con doradas sardinetas y relucientes útiles de zapador a la espalda; siempre quise ser uno de ellos. 
    Otra función característica del Ferrol de la época que llenaba la atmósfera de sonidos, era la procesión cívico-religiosa del "Voto de Chanteiro". Conmemoraba el voto a que, a principios del siglo XV, hizo la ciudad a la Virgen de la Merced de Chanteiro, al pedir su intersección para combatir una epidemia de peste que asoló Ferrol. En 1839 se conmutó por la obligación de la ofrenda en la iglesia del Socorro, a donde se dirigía la procesión que yo recuerdo ¾no se si se celebra todavía¾. Salía de la Iglesia de  San Julián y en ella formaban la Corporación Municipal bajo mazas llevadas por ujieres con pelucas y dalmáticas; también formaban las autoridades militares, encabezadas por el Capitán General, al que acompañaban numerosas comisiones de Oficiales y Suboficiales, seguidas de numerosas personas devotas de Ferrol, que cantaban a coro. Cerraba la procesión la Compañía del Tercio Norte, cuya música tocaba himnos religiosos, como: “Cantemos al amor de los amores” o “De rodillas Señor ante el Sagrario”. La vida civil, militar y religiosa se entreveraban en el Ferrol y la España de la época y producían sonidos que daban vida a la ciudad, y son difíciles de olvidar. 
    Anochecía en Ferrol mientras paseaba por sus calles: parecía la noche de os caladiños, solo oí el coro de voces ¾sin orquesta¾  de sus habitantes sentados en las terrazas, aprovechando el buen tiempo de mayo. Campanas, chifles, campanillas, cañonazos, cornetas y sirenas han desaparecido. Por no oír, no oí ni el cañonazo del ocaso el día del arriado de bandera en Capitanía ¾escasamente solemne¾ manifiestamente mejorable. Está claro: la Marina no gasta la pólvora en salvas ¾a lo mejor estaba mojada, aunque el tiempo era bueno¾  y no quiere hacer más solemne la función para no subir los decibelios ambientales. 
    Escribía unas notas antes de volverme a la villa y corte para poder hacer mas adelante esta entrada en el blog. Me llevaba la pena de comprobar la desaparición de la "orquesta ferrolana" que había acompañado mi infancia. Seguro que al maestro Baudot también le pasaría lo mismo. A pesar de todo, volveré cuando haya alguna función pública solemne, con música de don Gregorio, para quitarme la morriña.  

lunes, 3 de diciembre de 2018

UN PASEO POR BURGOS Y LA RIOJA


Llevar un diario es una buena forma de recordar nuestra vida: te ayuda a pensar con orden y método. También el escribir -como yo hago a menudo en Panorama cuando algún acontecimiento lo merece-  es otra forma de cultivar la memoria: la nuestra, la historia. En consecuencia, en esta entrada relataré, con la ayuda de mi cámara Nikon, lo más significativo de un itinerario cultural que hice con dos buenos amigos, a las provincias de Burgos y Logroño, con el propósito de recorrer algunos lugares que han jalonado la construcción de nuestra Patria. En vista de que el desafío requeriría acometerlo con fuerzas, Lerma fue nuestro primer hito, para allí degustar el famoso lechazo de Casa Antón, regado con un excelente clarete.

TORRE DE FERNÁN GONZALEZ
De Lerma marchamos a Covarrubias, situado en la comarca del Arlanza y conocida como "la cuna de Castilla". A la entrada de la villa, nos recibió la mole de la torre de Fernán Gonzalez, del siglo X, que junto con sus murallas a la orilla del río, te anuncian que estás en una villa importante, como se comprueba al recorrer sus bien preservadas calles y contemplar sus casas autóctonas con fachadas de entramado de yeso y madera, algunas adornadas con viejos blasones.
SAN COSME Y SAN DAMIÁN

La iglesia más importante es la Colegiata de San Cosme y San Damián, construida en el siglo XV, de típica planta de cruz latina con tres naves y crucero. Acoge entre sus muros los panteones de numerosas familias ilustres de la villa; es de particular importancia la Capilla Mayor o presbiterio dedicada a San Cosme y San Damián, en cuyo suelo se encuentra el sepulcro del siglo V de don Fernán González (931-970), adornado con el pendón de Castilla, de la que fue su primer conde. Enfrente se encuentra el de su mujer doña Sancha, y a su izquierda y hacia atrás se encuentra Doña Urraca, para quién se creó el Infantado de Covarrubias en el año 978.
SEPULTURA DE FERNAN GONZALEZ

El claustro de la Colegiata tiene cuatro salas con una gran variedad de piezas de arte sacro, incluyendo la urna con las cenizas de San Arsenio, nombre de ilustre abolengo en mi familia. En una de las crujías del claustro se encuentra el sepulcro gótico de la princesa Cristina de Noruega, casada con el infante y abad de Covarrubias Felipe de Castilla.

Ya a la caída de la tarde, nos detuvimos en la Ermita de Quintanilla de las Viñas, en la comarca de la Tierra de Lara, muy cerca de Covarrubias, con la luz del atardecer iluminando los farallones calizos que la circundan. Esta ermita aislada en medio del campo, es una de las grandes joyas de la arquitectura prerrománica española, Monumento Nacional desde 1929 y de difícil y compleja interpretación. Los críticos y especialistas se han ocupado de los orígenes de esta ermita; hay quienes la consideran visigótica y erigida hacia el final del Reino Hispano Visigodo, antes de la invasión musulmana del siglo VIII; y los que la fechan a finales del siglo IX o comienzos del X, cuando con la reconquista empieza la repoblación cristiana y el fortalecimiento del Condado de Castilla.

MONASTERIO DE LA ASUNCIÓN
Al día siguiente salimos para visitar el pueblo de Castil de Lences en la comarca de la Bureba, considerada como "la verdadera esencia de Castilla ". La comarca está situada al nordeste de la provincia, surcada por numerosos arroyos que vierten sus aguas a los ríos Homino, Oca y Tirán, que van a desembocar al Ebro.
Las calles y plazas del pueblo están  muy cuidadas, aunque parece que no haya una población permanente. En él se encuentra el Monasterio de la Asunción o Convento de Santa Clara, en la actualidad habitado por 18 monjas clarisas que se dedican a la restauración de telas y bordados. Fue fundado en el año 1382 por Sancha de Rojas y Velasco, hermana de Ruy Díaz de Rojas,  señor de Rojas y de Castil de Lences, Adelantado Mayor de Guipúzcoa, y quien al frente de las galeras castellanas auxilió a Francia en su lucha con Inglaterra  durante la Guerra de los Cien Años, participando en 1370 en la toma de La Rochelle. A escasos metros del Monasterio se encuentra la iglesia parroquial de Santa María la Mayor, de estilo románico del siglo XV.

SAN COSME Y SAN DAMIÁN
Poza de la Sal fue otro de nuestros destinos en La Bureba. La sal ha sido un elemento muy importante para la conservación de alimentos y para Poza fue un importante activo. El esplendor de la villa se debe a sus salinas, con una larga historia de explotación, hasta que Felipe II decretó el monopolio de la sal que duró hasta 1888. La extracción de sal se abandonó definitivamente en 1974. 
El casco antiguo de la villa está rodeado por la muralla medieval que se conserva en su mayor parte. La localidad se encuentra enclavada en la ladera de una sierra y protegida por el castillo de los Rojas. En el interior de la Villa se encuentra la iglesia de San Cosme y San Damián, el Ayuntamiento, la Plaza Vieja, y la casa de la Administración de las Reales Salinas. El pueblo es también famoso porque en él nació el naturalista Félix Rodríguez de la Fuente, muy querido en la villa, que le ha dedicado algunos monumentos.

POZA DE LA SAL
Encontramos a Isabel, en su lento caminar a la fuente, aprovechando los rayos del sol del invierno castellano; charlamos con ella  un rato, diciéndonos que tenía la casa llena de manzanas, por cierto, extraordinarias. Su coquetería se desbordó cuando estimamos que su edad era mayor de la que tenía, casi reprochándonos nuestra escasa prudencia al decírselo. En su opinión Cesar Rodríguez de la Fuente fue un buen hombre, pero que no dejó dinero para desarrollar el pueblo con alguna industria, para que los jóvenes no tuvieran que emigrar.
La trama urbana conserva las características de los burgos medievales. Sus calles son estrechas y flanqueadas por casas de piedra con tonos bermejos, algunas de las cuales lucen orgullosas viejos blasones. En la Plaza del Ayuntamiento, con su balcón a la Bureba, el sol nos animó a entrar en un bar a caldear las entrañas antes de seguir nuestro itinerario.
IGLESIA ABACIAL DE SAN SALVADOR DE OÑA
Nuestra siguiente parada fue en Oña, que se encuentra al norte  de la Bureba, enclavada en una falda de los Montes Obarenes y bañada por el río Oca, que abre en la sierra de Oña un desfiladero estrecho y profundo, con sus aguas fluyendo hasta el Ebro.  Es una posición estratégica y, en consecuencia, los reyes tuvieron interés en protegerlo desde que la Reconquista fue avanzando hacia el sur; el monasterio es una prueba de ello. Después de comer en Oña, dedicamos parte de la tarde a visitar el impresionante conjunto monástico de la villa, en particular la Iglesia Abacial del Monasterio de San Salvador de Oña, porque el monasterio tiene hoy otros usos y se encontraba en obras. Para visitarlo hay guías voluntarios a los que hay que llamar por teléfono, aunque al que nos tocó en suerte pareciera que no fuera de su agrado abrir la iglesia y enseñárnosla a la hora de la siesta.
El monasterio fue fundado en el año 1011, y en el año 1033 el conde castellano Sancho García introdujo la orden benedictina, que lo abandonó con la desamortización de Mendizábal. Posteriormente, en 1880, los jesuitas transformaron el monasterio en un Colegio y Universidad Pontificia.
Como todos los monasterios castellanos está repleto de obras de arte. En el crucero de la iglesia destaca el órgano barroco del siglo XVIII, el altar mayor con el retablo de Santa Catalina, del siglo XV, y la bóveda qué cubre la capilla mayor diseñada por Juan de Colonia. El claustro,  construido a principios del siglo XVI, es una auténtica obra maestra del  estilo gótico flamígero, de factura de Simón de Colonia.
PANTEÓN REAL
La historia medieval española del siglo X se presenta delante del visitante al contemplar, a ambos lados del altar mayor, los panteones real y condal, con los sepulcros tallados en madera realizados en el siglo XV, que constituyen una obra única del arte funerario medieval en Europa. En el Panteón Real, del lado del Evangelio, reposan, como restos más significativos: los del rey de Pamplona Sancho Garcés III el Mayor (1004-1035) y los de su esposa doña Mayor; los de Sancho II el Fuerte (1065-1072) asesinado por Bellido Dolfos en Zamora, rey del Cid Campeador; y el infante García, hijo del rey Alfonso VII el Emperador (1126-1157). El encuentro con estos personajes recomienda repasar la compleja e interesante historia de los reinos hispánicos de la época.
PANTEÓN CONDAL
En el Panteón Condal, que se encuentra del lado de la Epístola, están entre otros restos: los  del tercer conde castellano don Sancho García, fundador de este monasterio y su esposa doña Urraca, así como el hijo de ambos el infante don García Sánchez (1009-1029), asesinado en León el día de su boda, lo que motivó que Sancho Garcés III el Mayor asumiera el gobierno de Castilla, y por esta circunstancia pudo la dinastía navarra iniciar un proyecto hegemónico peninsular, pero lo impidió el reparto patrimonial de su herencia entre sus hijos, y la personalidad política de las entidades territoriales. Habría que esperar tiempos más propicios para lograr la unidad peninsular.

FRIAS
Después de Oña continuamos hacia  la comarca de las Merindades para visitar Frías, que también se encuentra a los pies de los Montes Obarenes. Está situada en un estratégico emplazamiento para cruzar el Ebro, en un lugar denominado antiguamente como la Muela. La repoblación de estas tierras se inició hacia la segunda mitad del siglo IX después de su conquista a los musulmanes. En el siglo XI,  durante el reinado de Sancho Garcés III el Mayor, se integró en el reino de Pamplona y perteneció al primer conde de Haro, don Pedro Fernández de Velasco.

FRIAS
La ciudad fue declarada Bien de Interés Cultural en 2000, y desde el año 2005 está en las listas de los pueblos más bonitos de España. Tiene la estructura urbana de burgo medieval en el alto de una colina, rematada a ambos lados por el castillo de los Velasco y la iglesia de San Vicente.  Monte abajo los edificios van formando calles paralelas con igual pendiente.
La iglesia de San Vicente debió de tener también funciones defensivas, su torre se hundió a principio del siglo  XX y se reconstruyó otra nueva. Curiosamente el pórtico románico de esta iglesia se vendió al Museo de los Claustros de Nueva York, donde se puede admirar. Ya con luz de crepúsculo salimos hacia Burgos, después de una larga jornada.

CLAUSTRO DE SªMª DEL SALVADOR
A la mañana siguiente salimos hacia La Rioja, con una breve parada en Belorado, en una mañana en la que la nevada Sierra de la Demanda refrescaba la brisa. Nos detuvimos para visitar la Abadía Cisterciense de Santa María del Salvador en Cañas, en el valle del Najerilla. Es una de las primeras que se fundaron en España, después de que señor de Vizcaya donara, en 1170, algunas villas a las monjas del monasterio de Hayuela para que fundaran una abadía en este lugar. En la construcción del monasterio hay tres etapas claramente diferenciadas: la románica, de la que apenas quedan vestigios; la gótica que corresponde a parte de la iglesia y la sala capitular, fechadas en la segunda mitad del siglo XIII; y la posterior al siglo XVI, en la que se continúa la construcción de la nave central. La portada principal del monasterio data de 1757, siendo la parte que habitan las monjas la más tardía cronológicamente.

ABSIDE DE SªMª DEL SALVADOR
La iglesia del monasterio es un edificio de nave única con transepto y muy luminosa, pues está iluminado por amplios ventanales góticos situados en dos órdenes y cerrados con alabastro. La nave central queda rematada por un profundo presbiterio que conforma el ábside central. La iglesia conserva un valioso retablo renacentista de 1523, obra de Andrés de Melgar y Guillén de Holanda, y una sillería del coro también XVI. Este retablo estaba situado en el ábside principal, pero en 1975 se trasladó de lugar para dejar visibles los ventanales góticos. En las salas de su museo se conservan numerosas reliquias, entre las que destaca dos herraduras del caballo de Santiago Matamoros (¿siglo XIII?, se pregunta el letrero de la vitrina) lo que ya es llevar al límite la pasión por las reliquias.

MONASTERIO DE SUSO
     Para completar un día monástico, seguimos nuestro itinerario hasta San Millán de la Cogolla, que toma el nombre del santo ermitaño que vivió entre el 473 y 574. La villa, famosa por sus dos monasterios, de Suso y Yuso, se encuentra a la orilla del río Cárdenas, afluente del Najerilla, y en las estribaciones de la Sierra de la Demanda. 



PORTALEYO DE SUSO
          El monasterio de Suso surgió, alrededor del siglo VI, de unas cuevas que habitaban los eremitas discípulos de San Millán. Tuvo varias ampliaciones hasta el siglo XII, convirtiendo las cuevas en un cenobio y un monasterio, en el que hoy se aprecian las distintas etapas de su construcción. En el 1002 Almanzor incendio el monasterio, desapareciendo la decoración pictórica y los estucos mozárabes. En el portaleyo de acceso se encuentran las que se dice son las tumbas con los cuerpos de los Siete Infantes de Lara y la de su tutor Nuño, pues sus cabezas están en la iglesia de Santa María de Salas de los Infantes. Estos personajes pertenecen a un cantar de gesta recuperada por Ramón Menéndez Pidal.

Ya salen de Castilla castellanos con gran saña,
van a combatir los muros de la vieja Calatrava;

SACRISTÍA DEL MONASTERIO DE YUSO
El Monasterio de Yuso, según la leyenda, debe su origen, a cuando el rey García Sánchez el de Nájera, ordenó el traslado de los restos de San Millán desde Suso a Santa María la Real de Nájera y, al parecer, los bueyes se quedaron parados en el valle, interpretando ese gesto  como si el Santo quisiera quedarse, por lo que se decidió construir en aquel lugar un nuevo monasterio, llamado de Yuso. Inicialmente, en los siglos X y XI, fue un monasterio benedictino de estilo románico, pero fue destruido por un incendio. Posteriormente, entre los siglos XVI y XVIII, se construyó en el mismo lugar el actual monasterio, hoy ocupado por los frailes agustinos recoletos.
MONASTERIO DE YUSO
La importancia cultural de Suso se debe a la colección de manuscritos y códices de su scriptorio, pues en estos dos monasterios se escribieron las primeros frases en una lengua romance que hoy conocemos como español. La razón es que en torno al siglo IX algún monje, ante las dificultades de comprensión de terminadas expresiones latinas, comenzó a escribir al margen o interlineándolas en el códice, unas anotaciones para que el texto resultara mas comprensible. Las primeras glosas anotadas en el monasterio lo fueron en el códice 60, escrito en latín con letra visigótica pausada, y las anotaciones aclaratorias se conocen como las Glosas Emilianenses; además en el mismo códice 60 aparecen las primeras frases escritas en la lengua vascuence.
CÓDICE 60
La gastronomía riojana es algo que merece toda la atención del viajero, así que antes de salir de San Millán, nos socorrimos en el restaurante del Camping con unos caparrones con sus sacramentos, y unos cardos, todo regado con el excelente clarete de la comarca.
CATEDRAL DE BURGOS, PUERTA DEL SARMENTAL
Ya poco tiempo nos quedaba en la capital, así que antes de volvernos a la Corte hicimos una visita a la Catedral de Burgos, que siempre merece dedicarle tiempo para seguir descubriendo sus tesoros. En el crucero saludamos a  Rodericus Didaci Campidoctor, con la esperanza de que los españoles "abran los candados" de su tumba, para que su regreso inspire un poco de amor patrio a nuestros gobernantes, o al menos, los convenza de que visiten la provincia de Burgos para aprender algo de la historia de España.


Mas sobre Burgos en este Blog:
https://reymeric.blogspot.com/2017/11/una-visita-burgos.html







domingo, 18 de noviembre de 2018

LA MILLA DE LA PLATA

Durante un paseo por la calle de Bravo Murillo me comentó mi jubilado amigo don Fernando, que los mejores churros de Madrid los hacían en Casa Sotero, fundada en 1934 por Julia Nieto y Sotero García. A la vista de que la última vez que habíamos pasado por delante el establecimiento estaba cerrado, en el camino para ir a visitar a mi madre, en una agradable mañana  del otoño madrileño, decidí detenerme para degustarlos.
Es  Tetuán un distrito muy variopinto. La calle Bravo Murillo, anteriormente llamada calle O'Donnell, es el eje del antiguo barrio de Tetuán de las Victorias y está llena de vida. Isidro Maltrana (*) no creería lo que estarían viviendo sus ojos si paseara ahora por el barrio. Abundan personas mayores y jóvenes extra-europeos. Las calles aledañas más próximas, hasta unos 400 metros a ambos lados, están formadas por casas de finales del siglo XIX y principios del XX, pobladas por inmigrantes españoles que allí se instalaron. Después de la guerra civil llegó otra oleada migratoria, que fue ocupando la zona y ampliando sus barrios; al este los más prósperos, hacia el Paseo de la Castellana, y los menos al oeste. Ambos lados, en particular en el del oeste, sus habitantes los comparten con una abundante colonia de hispanoamericanos, además de magrebíes y chinos, convirtiéndolo en un barrio multirracial.
Como decía, en mi caminar por Bravo Murillo, con los ojos bien atentos, hice un alto en Casa Sotero para tomarme un cafelito con churros y ojear el periódico. Mientras llegaban los churros, observé que una señora pedía una participación de lotería de Navidad del establecimiento, así que en acabando el café, e ir a pagar los magníficos churros, pregunté a la amable dependienta si les había tocado alguna vez la lotería. Ante  su negativa respuesta y encontrándome en el barrio del juego, me decidí a arriesgar 5 € en el billete de la casa, pues un rápido análisis de probabilidades matemáticas (pardas) me llevó a la conclusión de que si nunca había tocado, éste podría ser el año de la suerte, así que le dije a la dependienta que me vendiera una participación, diciéndole que este año tocaría seguro.
Ante mi afirmación inmediatamente acudieron al fuego dos señores que estaban allí en la barra, a los que le dije: "hacen ustedes muy bien, porque dice el doctor Sánchez que puede tocar aquí este año". Por un momento ambos hombres dudaron, y el que iba tocado de boina de patriota hispano de la que sobresalían olas plateadas, sentenció sesudo: "Si lo ha dicho Pedro Sánchez, seguramente mañana dirá lo contrario, pero por si acaso voy a comprar". El otro caballero, bien maqueado, con gorra de chulapo y aire del pollo decadente que ya ha visto mejores tiempos, añadió: "Yo también... por si acaso".  Esta apreciación me pareció que venía a certificar la idea extendida de la falta de credibilidad de nuestro doctor magnífico, Presidente del Gobierno.

Este asunto del juego me recuerda qué hace una semana, paseando con don Fernando, por esa misma calle se nos acercó un equipo de Televisión Española para preguntarnos lo que pensábamos del número de casas de juego que se habían instalado en el barrio. Sabiendo que ya algunas asociaciones de vecinos habían protestado por esta instalación, yo respondí rápidamente que no consideraba muy razonable que en un barrio de limitados recursos se ofrecieran los cantos de sirena de un dinero fácil, sin esfuerzo alguno, preguntándoles si ellos habían visto la misma densidad de casas de juego en calles como Serrano o Juan Bravo por las que circulan personas de más recursos. De la ubicación de estos locales cabe deducir que son "el casino de los pobres".
Añadí que lo mejor sería que la alcaldesa propiciara la instalación de una casa de juego en el bajo de su casa o en sus inmediaciones, en vez de en Tetuán; de esta manera, por su presencia de santeira milagreira, no faltaría gente que allí acudiría en procesión laica a buscar la fortuna que no encuentran con las acciones de su populista Ayuntamiento, y de paso poder admirar las posibles epifanías de la senecta yaya. Cerré la entrevista añadiendo: "hay que cerrarlas todas, esto es intolerable"... sentencia que hizo fortuna y se emitió en los dos Telediarios del día. 
Siguiendo mi caminar, decidí comprobar el número y el grado de actividad de esos locales. Conté más de quince en esa nueva "milla de la plata". Animado por mi espíritu investigador entré en un par de ellos. Había una media entrada: españoles, sudamericanos, magrebís, y algún chino; sus caras mostraban pasión por el juego y la tensión de una mollera alerta, vigilante, como canes pointers de muestra, pero al contrario que las palomas y tórtolas de Campo de Criptana, aquí su presa era una recua de alineadas tragaperras, esperando el sonido que delatara un premio. Eran las 11:40 de la mañana, no sé qué pintaban allí gastándose con prodigalidad la plata, que seguramente recibían de alguna subvención del Gobierno Español. Evidentemente no tenían mucho trabajo para poder estar a esas horas liados con juegos de azar.
Yo creo que no caben términos medios en este asunto de la proliferación de locales de juego, pues la sabiduría popular sabe que van unidos a otro tipo de casas que también ofrecen pasión en corto espacio de tiempo, pero propician la trata y la degradación de las mujeres, con nuestras autoridades mirando para otro lado mientras se explota a las de la trata. Es una especie de Teatro de Sombras Chinescas en el que adivinamos lo que hay detrás, pero en el que las autoridades no quieren descorrer  la cortina; solo hay que buscar en Google para ver la extensión del negocio en el barrio. Sin embargo, las autoridades de la Junta del Distrito de Tetuán no necesitaran ordenador, pues para iniciarse en el negocio tienen un local en la puerta de enfrente, también con actividad en horas de trabajo para, en caso necesario, digo yo, relajarse de las tensiones edilicias.

No conviene olvidar la droga, cómo tercera pata de la tríada de la corrupción de las costumbres, siempre asociada a las otras dos. No creo que nadie dude  de que también en los alrededores del eje del barrio, prolifera la droga. Para eliminarla hay poco que hacer si no aprietan las asociaciones de vecinos para poder mandar a su casa al incompetente equipo municipal. Me parece que las cosas van a peor, mientras que la "partida" de gobierno municipal, en colaboración con el PSOE y Podemos, continúa repitiendo las consignas de su kulturkampf, en su esfuerzo de deconstrucción y trivialización de nuestro tradicional sistema de valores, para destruirlo, pues simplemente, lo odian.
COLEGIO DE LOS SALESIANOS DE ESTRECHO
No quiero terminar esta desalentadora entrada sin un tono de optimismo. En mi paseo me desvié un poco a la calle Francos Rodríguez, donde se encuentra el Colegio Salesiano de Estrecho. Este Colegio y su Iglesia fueron asaltados por las milicias populares en el año 1936; de los diez salesianos que allí servían, cuatro fueron asesinados; posteriormente, en octubre de 2007, fueron beatificados por Benedicto XVI.
Después de la incautación del Colegio, éste se convirtió en el Cuartel  del Quinto Regimiento de Milicias Populares, que se había fundado por iniciativa del Partido Comunista de España y las Juventudes Socialistas Unificadas. De este Cuartel salieron numerosas unidades para combatir en los frentes durante la guerra civil.
IGLESIA DEL COLEGIO DE LOS SALESIANOS DE ESTRECHO
Pues bien, los años han pasado, aunque hay quienes se empeñan en idealizar los tiempos del 5º Regimiento. En mi paseo me detuve a fotografiar el antiguo Cuartel, ya restituido a su función docente de colegio confesional, y contemplaba como salían de él, en vez de milicianos, grupos multirraciales de jóvenes que charlaban entre ellos usando como lingua franca  un fluido español, independientemente de su origen, chino, magrebí, hispanoamericano, o español. Parece evidente que el español es un activo de capital importancia y que en algunas instancias la integración de los emigrantes se está haciendo de forma muy eficaz. Ojalá fuera lo mismo en todo el territorio nacional, pues hay donde se usa la lengua regional como vehículo de exclusión social y de marginación en el resto de España y del mundo.

(*) Personaje de "La Horda", de Vicente Blasco Ibañez.