jueves, 23 de noviembre de 2023

CUANDO LOS CAMARONES DUERMEN TRANQUILOS

 

Sentado en el despacho ferrolano de un viejo amigo letrado (que se decía inmortal) con quien lucí cárdigan y botón de ancla, convenimos que los recuerdos de la infancia hacen inmortales nuestras vidas. El volver a recorrer, ya con paso cansino, los lugares en donde sucedieron, te lleva a un interesante ejercicio de introspección, en el que aparece una secuencia de tu vida en la que muchos de los actores con quienes compartimos aquel escenario están ya de espectadores en la platea de la otra vida, esperando ver desde allí nuestro debut. Esto propicia la aparición de la melancolía: malinconía, ninfa gentile… (suene la música de Bellini).

En las familias alguien debe ocuparse de algunos asuntos comunes, aunque a veces no sean platos de gusto. A Ferrol me llevó la necesidad de poner en orden un nicho familiar de Catabois, en el que reposan los restos de treinta y cuatro familiares de cinco generaciones; los más antiguos, de 1850, trasladados desde el antiguo cementerio de Canido en 1950. 

PUERTO Y RIA DE FERROL DESDE LA CORTINA

Los antiguos viajes a Ferrol desde Madrid eran como ir a Vladivostok en el transiberiano. Mi padre planeaba con mucho detalle los desplazamientos familiares: cestas de mimbre con viáticos y un buen botijo para que los niños no diéramos la lata. En épocas posteriores, ya haciéndolo solo, el viaje también era como el Orient Express, pero sin lujo. En los andenes, algunas nubes de vapor de la locomotora difuminaban la luz de los faroles. Animaba el viaje el sonido de los martillos golpeando los bujes de las ruedas, las voces que anunciaban las mantecadas al pasar por Astorga, o la voz del jefe de estación anunciando con su silbato, gorra de plato rojo y bandera: “viajeros al tren”.

Nada de eso sucede hoy en día, en que el tren corre por la línea de alta velocidad hasta La Coruña. La salida era las ocho de la mañana; se llega a Santiago a las 11.30, a tiempo para dar un abrazo al Apóstol, tomarte un buen pulpo, un cafelito en el hostal de los Reyes Católicos y vuelta a dormir a tu casa en Madrid: un planazo. A las 13.15 entrábamos en la estación de Ferrol: nada mal.

El regreso a la corte ya fue de harina de otro costal. El tren tenía prevista su salida de Ferrol a las 15.10. Tuve que andar a paso muy vivo para llegar a tiempo al tren, pues Tele-Taxi Ferrol no tenía coches disponibles; los taxistas debían estar de mariscada... En la estación me informaron que había unos "problemas técnicos", y en consecuencia, tendría que ir a la Coruña en autobús. Allí tuvimos que esperar media hora a la salida del tren, informándonos que subsistían los problemas técnicos en varias líneas férreas de Galicia. Total, que llegamos a Madrid con tres cuartos de hora de retraso, aunque vivimos la emoción de viajar a 247 km/h, pero eso es mérito de la generación de quienes viajában con botijo.

Mientras hoy escribo, se ha desvelado la naturaleza de los supuestos problemas técnicos. Se trataba de huelgas parciales de los funcionarios de Renfe, que todavía continúan y que van a más, saludando con los honores de ordenanza la llegada a la cartera de transportes del gobierno, del “fenómeno” de Valladolid, quien ayer lucía emocionado en las imágenes de su primer consejo. Sin embargo, la indiscutible estrella fue su colaboradora necesaria en la cartera de trabajo: una lacrimógena señora de la bisbarra ferrolana, vestida de Hopalong Cassidy o de George Armstrong Custer durante la campaña que le llevó a Little Big Horn… que mis dudas tengo, pero ella también muy emocionada. La posmodernidad nos ha traído el triunfo de los sentimientos y el distanciamiento de la realidad. Peor para quienes quieran vivir con los primeros, pues cuando se encuentren con esta última se llevarán un buen golpe: el triunfo del tiempo y el desengaño (suene la música de Händel).

Encontré mejor a Ferrol que cuando lo visité hace cuatro años; hoy, el famoso Racing milita en la 2ª División de la liga de futbol y eso anima al patio a consumir. Si el número de tiendas es un indicador de la vida comercial, podríamos decir que la ciudad está reviviendo, aunque de forma lenta. Al comercio se le ve más activo con nuevas tiendas; la calle Real con sus bajos ya casi todos ocupados con nuevos negocios, aunque en las calles paralelas todavía se aprecian los efectos de la crisis. Afortunadamente la piqueta no se llevó las obras de Rodolfo Hucha, ni la moderna Armada derribó venerables edificios que protegía la muralla del Arsenal. Ahora, derribada ésta parcialmente, se pueden ver desde el exterior algunos muy significativos, como la neoclásica Sala de Armas, de 1759. El Ferrol de la Ilustración sigue vivo.

SALA DE ARMAS DEL ARSENAL

Las palmeras de la plaza de Amboage siguen cimbreándose al viento, viendo jugar a los cativos donde un día nos vieron a nosotros.  Las obras en las calles invaden el barrio de La Magdalena, que confiemos sea para bien; mientras tanto, hay que tener cuidado al descender por la calle San Francisco, haciendo equilibrios en los tablones del suelo para no te trague la tierra en un foso. En conjunto parece un trabajo hecho a conciencia con el soterrado de modernas líneas de servicios y nuevo firme, retirando el incómodo adoquinado.

Se aprecian algunas casas restauradas o en proceso de estarlo, estas últimas con un cartel del programa Rexurbe, que financia la Junta de Galicia para la recuperacción de edificios y de esta forma reactivar los barrios. En este ámbito, esperaba que ya hubieran comenzado las obras de mi antigua casa familiar, tal como había anunciado un periódico, pero de momento no es así. Lo que no me convenció fue el acabado de la Plaza de Armas; poner el firme de tierra en un suelo en pendiente me parece algo muy poco original; el agua ya escarba abundantes surcos en la arena, como Cronos en mi faz. Seguro que habría alguna solución más adecuada para renovar el paisaje urbano del siglo XXI.


LA PLAZA DE ARMAS

Un paseo por el centro me llevó al bar “Meirás” en donde con un familiar y viejo compañero de profesión, tomamos unas tapas regadas con un buen Godello. Charlamos de nuestros recuerdos de familia, de nuestra profesión común, la salud, y la evolución del Ferrol de estos años.  La visión de los residentes no es tan optimista como la mía, así que me recomendó que no me fiara del tramo ferroviario hasta La Coruña, pues no es todavía de alta velocidad y tiene muchos problemas: un buen profeta… Un taxista, natural de Lugo, también me dijo que Ferrol era la única ciudad que conocía de la que sus naturales hablaran mal. Yo, nunca.

Una excursión que siempre me gusta hacer es a Doniños, así que allí me encaminé con un viejo compañero de armas que sienta sus reales en Mera. El sol pugnaba por asomar entre las nubes en una mañana fresca pero agradable que nos animó a dar un pequeño paseo por la playa. Encuentro que uno de los parajes más bonitos de Galicia es el tramo de costa limitado por cabo Prioriño, Monteventoso, la laguna, Outeiro, y los islotes Gabeiras. Todo ese paraje puede admirarse desde el antiguo semáforo de Monteventoso: muy recomendable. Una apreciable marejada me recordaba los tiempos de infancia y juventud en los que disfrutábamos de la playa revolcándonos en sus olas, para salir rápidamente a envolvernos en las toallas y no pelachar de frío: inolvidable. Cerramos la excursión dominical disfrutando en Outeiro de la excelente vista del restaurante “Valverde” sentados a una de sus mesas. Un almuerzo regado con un buen Ribeiro, nos hizo volver a Ferrol, notados, cumplidos y socorridos, pero sin poder saludar a mis queridos Maruja y Amadeo, quienes ya nos esperan en la platea.

PLAYA DE DONIÑOS

En resumen: en los tres días transcurridos en Ferrol me he encontrado con una ciudad en proceso de recuperación, con más vida en las calles, nuevos negocios y con otros que han cerrado durante la crisis. Como consecuencia de ella, una cosa ha quedado clara, y es que los camarones pueden dormir tranquilos una temporada, pues entre los restaurantes que han cerrado está “La Jovita”, falsando el viejo proverbio ferrolano de que “Camarón que se duerme, por la noche en La Jovita”.

(28) Rolando Villazón – Bellini: 'Malinconia, ninfa gentile' - YouTube

(28) Lascia la spina - Il Trionfo del Tempo e del Disinganno - Haendel - Cecilia Bartoli - YouTube

sábado, 19 de noviembre de 2022

TRES DIAS EN PALENCIA

 

Esta entrada no es una narración del género de viajes, sino la crónica del viaje de una partida de amigos, adornada con detalles de los lugares por los que discurrió y salpimentada con algunas reflexiones personales.

LA PARTIDA

   Los varios viajes que hemos hecho por las tierras de Castilla León necesitaban completarse con la visita a la provincia de Palencia qué, a pesar de atravesarla el camino de Santiago, parece algo olvidada. El planeamiento y elección de los itinerarios fue muy acertado, y cada uno de nosotros asumió un cometido; el mío, dejar testimonio gráfico y escrito.

      En la geografía de Palencia se distinguen varias comarcas naturales: al norte la Montaña Palentina en la cordillera cantábrica, en el centro los Páramos Valles y Tierra de Campos, y al sur el Cerrato. Los principales ríos que riegan la provincia de norte a sur son: al este el Pisuerga, y al oeste su afluente el Carrión, con el que confluye en Dueñas. Su población es de 160.000 habitantes, de los que 78.000 viven en la capital; hay 5 municipios de más de 5.000 habitantes y 186 de menos de 5.000, de los que 75 tienen menos de 100 habitantes. La pirámide de población tiene forma de columna estrechada por su base, lo que muestra la escasez de jóvenes. Esta distribución parece confirmar la noción de la España vaciada.

      En el primer día, el tren Alvia nos llevó en una hora y media hasta la capital. Estos modernos ferrocarriles en nada recuerdan a los que describen los libros de viajes de los siglos XIX y XX, y que conocimos a quienes el tiempo ha arado sus caras para recordarles lo rápido que pasamos por la vida.

     Las fuentes clásicas y arqueológicas muestran que los orígenes de la ciudad de Palencia, en territorio vacceo, se remontan a su fundación por los romanos después del año 72 d. C., a orillas del río Carrión, tras la destrucción de la homónima ciudad arévaca de Pallantia (Palenzuela). Las excavaciones también atestiguan la destrucción de parte de la ciudad romana durante las invasiones bárbaras. Tras la victoria del visigodo Teodorico sobre los suevos de Requiario, cerca de Astorga, su ejército arrasó la ciudad de Palencia en el 456.

   Parece que el primer prelado católico de Palencia fuese Murila, quien abjuró del arrianismo en el III Concilio de Toledo de 589. La invasión musulmana condujo a la práctica despoblación de la Tierra de Campos, perdiendo Palencia su rango de ciudad y durante más de un siglo el de Diócesis. Es probable que durante el episcopado de Ascarico, mediando el siglo VII, se construyese la catedral visigoda, de la que únicamente nos ha llegado la zona oriental de la cripta, que contiene las reliquias de san Antolín, que habrían sido traídas a Palencia por el rey godo Wamba (672-683). Olvidadas después de la invasión musulmana, se descubrieron por el rey navarro Sancho III, el Mayor cuando cazaba el jabalí, al parecer, por inspiración del propio San Antolín.

CATEDRAL DE PALENCIA

      Nuestra primera visita en la capital fue a la Iglesia de Nuestra Sª de la Calle, que fue construida por los jesuitas a finales del siglo XVI. En 1767, después de la expulsión de la orden, la iglesia se convirtió en parroquia-santuario al poner en ella la imagen de la Virgen de la Calle. Su fachada recuerda al Gesu de Roma.

IGLESIA DE LA VIRGEN DE LA CALLE 

       Continuamos hasta la Casa del Cordón y Museo de Palencia. Este edificio se construyó a principios del siglo XVI, siendo el único ejemplo de arquitectura civil renacentista que puede verse en Palencia. Su nombre se debe al cordón franciscano que decora la portada. Alberga el excelente Museo Arqueológico de Palencia, que reune colecciones de arte prehistórico, prerromano, romano y medieval, además de exposiciones temporales. La descentralización administrativa de España ha permitido la creación de excelentes museos municipales y provinciales, que impulsan la arqueología y la extensión de la cultura.
SAN FRANCISCO
SAN MIGUEL

      A la salida del museo, hicimos un recorrido por el exterior de la catedral, y bajamos a Puentecillas, que es el más antiguo de los puentes sobre el río Carrión. Tiene sus orígenes en el período romano, aunque la construcción actual es del siglo XVI. Es un paraje muy hermoso con la catedral de fondo.
      Desde allí continuamos nuestro paseo para visitar otras dos iglesias, aunque la suerte no nos acompañó, pues estaban cerradas al público. La primera, la de San Francisco, de estilo gótico del siglo XIII, fue residencia real y de nobles, y cuartel de las tropas francesas durante su ocupación de la ciudad. La segunda, la de San Miguel, de estilo tardo-románico y proto-gótico. Dice la leyenda que en esta última contrajeron matrimonio don Rodrigo Díaz de Vivar y doña Jimena.

SAN JUAN DE BAÑOS


      A continuación, nos fuimos a Baños de Cerrato, en la comarca sur de Palencia. El almuerzo fue en el restaurante “El Lagar”, digno, pero nada impresionante, solo para reponer fuerzas y admirar en su interior una prensa medieval de madera. Está situado delante de la basílica visigótica de San Juan de Baños, del siglo VII, que es la iglesia más antigua de España, y solo por eso merece una visita. Fue fundada por el rey Recesvinto aprovechando restos romanos, y tiene planta basilical con ocho columnas de mármol para sostener los arcos de herradura que separan las naves.

CASTILLO DE AMPUDIA

      Nuestra siguiente escala fue en Ampudia (606 habitantes), en Tierra de Campos, para ver su Castillo, construido entre los siglos XIII y XV en una colina que domina la villa. En 1521 fue el escenario de la batalla de Ampudia, reñida entre los Comuneros de Castilla y las tropas de Carlos I. Yendo del arte bélico al cinematográfico, citar que en sus alrededores se rodó la película “El Cid” de Charlton Heston. El castillo fue propiedad del Duque de Lerma, valido de Felipe III, y hoy es la sede de la fundación Fontaneda. Formando parte del conjunto monumental del castillo, se encuentra la Ermita de Santiago, construida entre los siglos XVI y XVII, y que muestra un cierto abandono. Recorrimos los alrededores del castillo en medio de una suave lluvia, que no consiguió disuadirnos de nuestras intenciones.       La colina está horadara por cuevas que albergan bodegas con zarceras, cuya excavación afectó a los cimientos de una de las torres, ocasionando su caída. El castillo se encuentra hoy bastante restaurado.

COLEGIATA DE SAN MIGUEL

      Descendimos desde la colina hasta la villa marchando por sus desiertas calles, algunas porticadas, sin apreciar signo de vida, y con algunas casas con sus puertas bloqueadas con tablas. Llegamos a la Colegiata de San Miguel, construida entre los siglos XII y XVI en estilo gótico renacentista, adornada con una esbelta torre de 63 metros, conocida como “La Giralda de Campos” por su tamaño y belleza.
     Se compone de tres amplias naves, con bóvedas de crucería y estrelladas. Cuenta con retablos renacentistas, platerescos y barrocos. En 1607 se incrementó su riqueza artística con el traslado de la Colegiata de Husillos (Palencia) a Ampudia, impulsado por Francisco de Sandoval y Rojas, Duque de Lerma, cuyo escudo de armas luce en la puerta del coro, en donde se encuentra un magnífico órgano barroco de 1779.

El segundo día nos trasladamos a Frómista (784 habitantes) atravesada por el Camino de Santiago, ayuno de peregrinos, pues solo vimos pasar un par de ellos. Mis acompañantes ya habían visitado la villa en sus respectivas peregrinaciones jacobeas, y para mí, era la primera vez que veía lo que ya había visto en mis estudios. Nos concentramos en la visita de dos iglesias.

IGLESIA DE SAN PEDRO. FRÓMISTA

      La primera, la de San Pedro, gótica del siglo XV con tres naves y retablo de comienzos del XVII; la portada es renacentista del XVI, proyectada por Juan de Escalante. En la plaza de Tuy, enfrente de la iglesia, se encuentra la estatua de San Telmo (1185-1246), patrono de los navegantes, y vecino de esta villa.

IGLESIA DE SAN MARTÍN DE TOURS. FRÓMISTA

    La segunda, la de San Martín de Tours, es uno de los edificios más significativos del románico europeo, en el que destaca su austera sencillez. Fue construida en el siglo XI para un monasterio benedictino, por la reina Munianona, esposa del rey de Navarra Sancho Garcés III el Mayor. En 1904 se sometió a una amplia restauración. De su decoración escultórica destacan varios capiteles de los cincuenta del templo, así como los trescientos canecillos. Su planta es basilical de tres naves, terminadas en ábsides semicirculares. Sobre el crucero luce un cimborrio octogonal, y en la fachada principal, dos torres cilíndricas

     El espíritu peregrino hay que sostenerlo con algo material, como el pan de la tierra con un buen chorizo, que nos permitió reponer fuerzas, aunque se echó en falta una bota de vino, que no debe faltar en los próximos viajes.
   Reavivados con ese frugal viático, nos dirigimos a Aguilar de Campóo, parando previamente en Santa María de Mave, a la orilla del Pisuerga que riega su vega, en la que se ven molinos harineros. Allí queríamos visitar el monasterio benedictino y su iglesia, ambos de comienzos del siglo XIII, pero se desamortizaron en el siglo XIX. Son propiedad privada, y sus dueños iniciaron la necesaria restauración del conjunto. Recientemente, se han restaurado como parte del proyecto “Románico Norte”. El monasterio está hoy convertido en el hotel “El Convento de Mave”, pero tanto la iglesia como la hospedería se encontraban cerradas, por estar fuera de temporada, pero por su aspecto bien merece regresar para descansar lejos del mundanal ruido.

SANTA MARIA DE MAVE

     Aguilar de Campóo, (6.749 habitantes), fue nuestra siguiente etapa. Ya algo vencidos por el apetito, sentamos nuestros reales en el restaurante “Cortés”, donde dos nos premiamos con sopa de cocido y menestra, y otros dos, cocido completo. El cocinero y el servicio de un antiguo legionario, quien nos traía la “comida sana y abundante…” fueron muy amables, solo faltando que el primero nos diera de comer de su mano. Empujamos el conjunto con un vino Maldibarra, de la Ribera del Duero, que me gustó mucho.
     El río Pisuerga atraviesa la villa; visitamos la Plaza Mayor, el palacio de los Manrique, la casa de los Velarde, la casa de los Siete Linajes, y el palacio Villalobos Solórzano. Muchas casas adornan sus fachadas con escudos de hidalguía, recuerdos de tiempos pretéritos en los que sus moradores servían al rey con las armas en la mano, formando aquellos tercios cantados por el poeta y soldado, don Pedro Calderón de la Barca: 
Este ejército que ves,
vago al hielo y al calor, 
la república mejor 
y más política es… 

 

AGUILAR DE CAMPÓO

      En uno de los accesos a la villa, atravesada por el Pisuerga, se encuentra el puente del Portazgo que tuvo gran importancia en el pasado, que une la antigua judería con el barrio de las tenerías. Pascual Madoz, en su Diccionario Geográfico, nos informa que en 1844 se recaudaron en el portazgo 143.942 reales, y por el pasaron 17.794 caballerías y 33.154 carros de distintas clases. Mientras pasamos por el puente (sin pagar), allí charlaba y cantaba un grupo de jovencitas, curiosamente, sin sus móviles en la mano. Parece que progresamos.

EL PUENTE DEL PORTAZGO

     La Colegiata de San Miguel Arcángel era una visita obligada. Su construcción se inició en el XIII en estilo románico, del que solo conserva la puerta principal, pero se completó en el XIV en gótico. Tiene una torre campanario rematada en el siglo XVI en estilo herreriano. Estuvo bajo la protección del marqués de Aguilar de Campóo, y está muy bien preservada, muestra del interés de la villa por su patrimonio.

COLEGIATA DE S. MIGUEL ARCANGEL

    Al regreso a Palencia, nos esperaba la visita al interior de su Catedral, la llamada “La Bella Desconocida”, en donde se había instalado una exposición de obras de arte con motivo del séptimo centenario de su construcción. Hay en curso un proyecto cultural denominado “La Bella Reconocida”, la verdad es que se lo merece.

CATEDRAL DE PALENCIA

      Su construcción comenzó en 1321, pero sus obras se desarrollaron muy lentamente. A principios del siglo XV se reanudó su construcción, replanteando el proyecto inicial aún con dificultades, ya que no será sino entre las últimas décadas de dicha centuria y las dos primeras de la siguiente cuando los trabajos reciban el impulso definitivo que determinó su actual aspecto. El muy ambicioso proyecto inicial se vio condicionado por la precariedad de medios, y alterado por la evolución estilística en tan dilatado espacio de tiempo. Todo ello, sin renunciar a la monumentalidad inicial, la convierten por su tamaño en la tercera catedral de España.

CATEDRAL DE PALENCIA

      Durante la primera mitad del siglo XVI, el Renacimiento es el estilo artístico dominante en la catedral palentina, sobre todo en lo decorativo, como atestiguan piezas excepcionales como el magnífico retablo mayor o el de la capilla de San Ildefonso, y obras tan refinadas como la puerta occidental del claustro.
      Los siglos del Barroco y el Neoclasicismo, se limitaron a incorporar al templo elementos ornamentales y retablos, salvo algunas transformaciones notables, como el añadido de la actual Capilla de las Reliquias y el cerramiento (de dudoso gusto) de las arquerías de su magnífico claustro a fines del siglo XVIII.

MONASTERIO DE SAN ZOILO

El tercer día visitamos Carrión de los Condes (2.035 habitantes), comenzando nuestra jornada por su centro urbano, en el que la iglesia de Santa María del Camino, en la plaza principal, y la de Santiago, ambas del siglo XII, se encontraban cerradas. En nuestro deambular nos encontramos con la casa natal de don Íñigo López de Mendoza, marqués de Santillana, el 19 de agosto de 1398. Una lápida, potencial víctima de lo políticamente correcto, lo recuerda como: Caudillo Cristiano, prudente consejero e insigne literato. La memoria, que practicábamos en épocas más fecundas, todavía recuerda los versos del vate castellano: 
Moza tan fermosa
non ví en la frontera, 
como una vaquera 
de la Finojosa...

     En una mañana en la que la niebla celaba el valle del río Carrión, nos dirigimos paseando por la vega al Monasterio de San Zoilo, que se negaba a descubrirse. Los cronistas benedictinos afirman que el monasterio se fundó en el año 948, y se reformó posteriormente en el siglo XI, cuando se trajeron las cenizas de San Zoilo. En 1076, se cedió a la orden de Cluny. Tras la desamortización de 1835 los monjes benedictinos dejaron el cenobio. Posteriormente, fue ocupado por los jesuitas hasta 1959.
   Lo más sobresaliente del conjunto monástico es el claustro gótico-renacentista, proyectado por Juan de Badajoz, el Mozo, en 1537 y concluido en 1604. El templo, del siglo XVII, construido sobre el antiguo románico, es de una sola nave cubierta por bóvedas de arista tabicadas y cúpula sobre el crucero, con un coro con sillería y órgano barroco. Desde 1992 es el “Hotel Real Monasterio San Zoilo”.

   La siguiente visita fue al yacimiento arqueológico de la Villa Romana de La Olmeda, cuyo descubrimiento tuvo lugar en 1968. La Villa es una gran mansión rural del Bajo Imperio, siglo IV d.C., cuyo edificio principal o pars urbana, es de planta cuadrada flanqueada por torres en cada esquina, y se dispone en torno a un patio central y peristilo al que se abren las distintas dependencias, decoradas con 1.450 m2 de mosaicos polícromos conservados in situ. Se puede apreciar el Oecus o salón de recepciones, una habitación con hypocaustum o calefacción, y el Triclinium o gran comedor. Se han encontrado restos de escaleras que condujeron a una segunda planta. La villa es uno de los yacimientos arqueológicos más importantes del mundo romano hispánico.

LA OLMEDA

     Al acabar la visita nos trasladamos a Saldaña, (2.958 habitantes), que se encuentra en las inmediaciones. Allí nos socorrimos en el Hostal-Restaurante “Saldaña”, en donde nos premiamos con lentejas, patatas a la riojana, y calamares en su tinta con arroz en blanco. Con las entrañas satisfechas, recorrimos la villa, que cuenta con un conjunto histórico-artístico muy bonito y armonioso, con su magnífica Plaza Vieja; vimos la Casa Torcida, el palacio de los Salamanca, el del marqués de Valdavia, y la iglesia de San Miguel, del siglo XIV, en donde se encuentra el sepulcro de los Salamanca en el lado del evangelio.

PLAZA VIEJA. SALDAÑA

     Tomamos un café en la Plaza Vieja, donde gracias a las habilidades dialécticas del Negro, que consigue hacer hablar hasta a la Esfinge de Guizeh, pudimos oír una pequeña glosa de los 91 años de vida de Eleuterio, incluyendo unas pinceladas de su época de trabajo en el campo. Nos relató alguna desgracia que le afligió, como la ceguera de su hija, de cuya carrera de derecho y su trabajo estaba muy orgulloso. Es un privilegio poder oír a nuestros antenatos relatar sus vivencias, exponiendo los valores que les sostuvieron en la vida en tiempos difíciles, y compararlos con los que predican los que hoy nos quieren adoctrinar, que ofrecen a las personas mayores facilidades para terminar con sus vidas antes que ayudarles a finalizarlas con dignidad.

CON ELEUTERIO

    Al regreso a la capital, cruzando los páramos centrales, el sol doraba las copas amarillentas de las choperas que orlaban el itinerario. Al llegar, nos quedaba por visitar la dársena del canal de Castilla, obra de ingeniería inconclusa, iniciada en la época del gobierno del Marqués de la Ensenada, con proyecto inicial del oficial de la Real Armada don Antonio de Ulloa, brillante científico, por lo que me pareció oír sonar, con legítimo orgullo, las trompetas de la banda del botón de ancla.

DARSENA DEL CANAL DE CASTILLA. PALENCIA

      Los cuatro puertos del canal, llamados dársenas, son las de Palencia, Valladolid, Medina de Rioseco y Alar del Rey. El proyecto inicial pretendía crear una red fluvial para distribuir los cereales castellanos por el reino. El plan preveía cuatro grandes canales que unirían Reinosa con El Espinar en Segovia. Las obras se detuvieron en 1804, sin llegar a completar el proyecto. En total se construyeron 207 kilómetros. El desarrollo del ferrocarril eclipsó al canal, que hoy pertenece a la Confederación Hidrográfica del Duero.

      Ya solo nos quedaba embarcar en el tren para Madrid, en el que el sueño derrotó a la partida, mientras mi mente volaba hacia el siguiente viaje.

martes, 16 de agosto de 2022

MUERTE INDIGNA

 

Descendiendo por la orilla del río Aragón sumido en mis pensamientos, llegué a la conclusión de que no debería permanecer impasible ante el ruido mediático que estaba produciendo la reciente sentencia del tribunal supremo de los Estados Unidos: Dobbs versus Jackson Women´s Health Organization. En consecuencia, decidí arriesgarme a escribir unas escuetas reflexiones sobre este complejo asunto, que tiene tantos factores, sabiendo que voy a contentar a muy pocos.

Dejo mi posición clara desde el principio. Considero que el aborto es un acto abominable, por realizarse contra un ser humano indefenso que está por nacer.

EL RIO ARAGÓN A SU PASO POR CASTIELLO DE JACA

Tras la publicación de la sentencia norteamericana, el progresismo imperante se ha rasgado las vestiduras, mientras los grupos pro vida hacen que "las campanas repiquen vibrantes"... El tribunal supremo deja a los estados la responsabilidad de decidir su regulación, y confirma que el derecho al aborto no existe en la constitución de los Estados Unidos, ni está implícito en otras garantías, como afirman sus defensores. Este reconocimiento anula la anterior sentencia de Roe Versus Wade, que facilitó en ese país la práctica del aborto. Desde 1973, el año de la sentencia, se han producido en los Estados Unidos 62 millones de abortos, lo que produce espanto y confirma que si eso es el progresismo, estamos perdidos porque, además, las políticas en favor del aborto van de la mano de las de la eutanasia. Como referencia, desde 1985, año de aprobación de la primera ley de supuestos, se han producido en España mas de 2 millones de abortos.

En la entrada “Vida Digna”, comentaba las memorias de Simone Veil, quien elaboró en Francia la ley del aborto, denominada eufemísticamente de la “Interrupción Voluntaria del Embarazo”. Este término se copió luego en España, en donde seguimos sin tener una posición racional común que permita afrontar con serenidad este debate. Las posiciones están muy alejadas, e incluyen consideraciones bioéticas, jurídicas, antropológicas, y médicas.

Cuando en democracia se discuten conceptos trascendentes como la vida humana, la expresión de la voluntad popular debe tener sus límites. No es razonable que aritméticas parlamentarias coyunturales puedan disponer de la vida de otros seres humanos no nacidos. La regularización del aborto merece una discusión sosegada muy razonada, y no estar impulsada por agendas ideológicas de extremismos radicales.

La ética debería proporcionar luz a este debate, pero es rechazada por los relativistas posmodernos que quieren librarse de ataduras filosóficas y, en su destructor camino, quieren eliminarla hasta de la enseñanza, para que la recepción de sus consignas en una sociedad estabulada en identidades colectivas con su libertad de expresión limitada, se admita acríticamente.

En mi opinión, el debate lo debería iluminar las consideraciones éticas y, además, dejar de considerar a la mujer como la única propietaria del nasciturus y a éste como una mera extensión de su cuerpo del que puede disponer a voluntad en virtud de su “autodeterminación individual”. Asombra que pueda incluirse en esa supuesta autodeterminación la eliminación física de un ser humano en desarrollo, indefenso, único e irrepetible.

La autodeterminación individual de la mujer no es un valor superior al derecho a la vida del no nacido. Ambos conceptos no pueden ponerse en el mismo plano, pues el primero puede conducir a la muerte indigna. En España deberíamos revisar todo lo que las mayorías coyunturales han tejido en este asunto sin la debida consideración a la ética, pero me temo que son vanas ilusiones, pues ya estamos recorriendo el camino de deconstrucción y posterior destrucción en detalle de los valores sobre los que se sustentan nuestras sociedades occidentales. 

PANORAMA: VIDA DIGNA (reymeric.blogspot.com)

miércoles, 1 de junio de 2022

EN LA TIERRA DE LOS VACCEOS

 

Las aguas del río Pisuerga también bajaban algo crecidas, pero esta vez mis ánimos estaban mejores que cuando veía bajar las del Aragón. Mi anterior entrada reflejaba un cierto pesimismo, así que me propuse que esta fuera algo más optimista, aunque no hay demasiados motivos para que así sea.

EL PISUERGA A SU PASO POR VALLADOLID

Escribo después de haber visto en la televisión el Día de las Fuerzas Armadas y la celebración del 40º aniversario del ingreso de España en la Alianza Atlántica; sin embargo, un gobierno dividido incapaz de explicar a la población la razón e importancia del “…para bellum”, se llena la boca con consignas como la defensa de la paz, sin citar el precio que hay que estar preparado a pagar para mantenerla.  

Tiene razón la ministra de defensa cuando afirma que: «el prestigio que España ha ganado a lo largo de estos 40 años en la Alianza se debe en gran medida al extraordinario mérito y saber hacer de nuestras Fuerzas Armadas.» ¡Claro!, digo yo, saber hacer con el ridículo presupuesto de defensa, impropio de una nación con una mínima ambición. Parece que en el ministerio se haya impuesto la visión derridana de que siendo todo texto, su contemplación y repetición crea la realidad; pero es que esas ideas solo sirven para deconstruir y debilitar la defensa nacional, pues a base de repetir los deseos de paz, ésta no se va a lograr. Lo único que se consigue es debilitar nuestra defensa y poner en riesgo la vida de los militares, que tienen que sobrevivir con exiguas dotaciones presupuestarias, y se enfrentarán a consejos de guerra si fracasan. Los aliados saben de sobra lo que le pueden pedir a nuestra patria; todo lo demás es propaganda, como lo es el jalear los grandes programas de equipamiento, que ocultan las debilidades reales.

El citado motivo de optimismo lo trajo la excursión por las tierras de Valladolid, que nos llevó al grupo de amigos compuesto por El Negro, Picaraña, Mera, y yo, para hacer algunas visitas culturales y repasar la gastronomía castellanoleonesa. Con un programa que con cuidado y atención preparó el Negro, y una ejecución satisfactoria, no hay espacio para lamentaciones.

El viaje en tren hasta Valladolid te lleva una hora, así que con un desayuno en la capital de la comunidad autónoma de Castilla y León, iniciamos nuestro recorrido. La provincia y su capital tienen una rica historia en la edad moderna castellana y española que animan a contrastar los acontecimientos con los lugares en donde sucedieron. La provincia cuna del pueblo prerromano vacceo, está hoy poblada por 517.674 habitantes, de los que 29.202 son extranjeros. Ante la baja densidad de población de 25 habitantes por kilómetro cuadrado, comparada con el 95 del total nacional, debería iniciarse una nueva repoblación, como la que se produjo en los siglos X y XI cuando se consolidó la línea del Duero.

LA ACADEMIA DE CABALLERÍA

Comenzamos la estancia en Valladolid recordando nuestros orígenes marciales en la primera visita que hicimos, que fue a la Academia de Caballería, instalada en un emblemático edificio de estilo historicista que preside la plaza de Zorrilla. El proyecto es obra del capitán de ingenieros José de la Gándara y Cividanes. Su edificio principal se inauguró el 1 de marzo de 1924. Nuestro propósito era el de visitar su museo, cuyo origen data del año 1899 pero que estuvo ubicado en distintas instalaciones hasta que en 1930 se dispuso que se instalara en la Academia en Valladolid. Con la creación del Museo del Ejército, desaparecieron los museos de las armas, pero en 1976, como consecuencia de la iniciativa y espíritu de cuerpo de profesores de la Academia, comenzó la creación del museo actual.


El contemplar el monumento a los héroes del Regimiento de Cazadores de Alcántara 14 de caballería, obra de Mariano Benlliure, ya da una idea de los hechos heroicos con qué nos vamos a encontrar. Hay varios lienzos que merecen contemplarse cómo es el de José Cusachs que representa al apóstol Santiago patrón de España y de la caballería. Augusto Ferrer Dalmau con su obra “El Deber Cumplido” nos muestra a un cazador de Alcántara después de la famosa carga. En el salón de actos se puede admirar el cuadro de gran tamaño "La batalla de Treviño" de Víctor Morelli, así como el retrato ecuestre del Rey Alfonso XIII de Román Navarro. La galería de retratos también merece verse con detenimiento para admirar los variados uniformes de las distintas épocas del Arma.

En las salas del museo se puede apreciar uniformes, y las distintas armas de fuego y blancas que usaron las unidades de caballería en su historia además de armas colectivas, material de comunicaciones, y recuerdos de las unidades, también hay algunos lienzos, destacando entre ellos el retrato del general Diego de León. También luce en sus salas una escultura en bronce de Benlliure del año 1924 que representa a un teniente con estandarte del regimiento Alcántara 14, que en su pedestal lleva los nombres de los oficiales caídos durante el combate de Annual. El museo cuenta con una “sala guadarnés”, en la que se pueden admirar monturas de muy diversos orígenes y finalidades de varios países.

Cerramos nuestra estancia en la Academia de Caballería en la capilla y en el patio que lleva el nombre del héroe del Arma, Teniente Coronel Primo de Rivera, en el que se encuentra su estatua ecuestre sobre plinto. La situación de la Academia y su arquitectura la hacen acreedora de una visita y de paso, sentir el orgullo de nuestro pasado militar.

La parte gastronómica del viaje incluyó una visita a las bodegas Menade, en Rueda, fundadas en el año 2005, aunque los actuales propietarios pertenecen a la sexta generación de viticultores, que inició en 1820 la familia Sanz en el pueblo de La Seca, a 4 km de Rueda, cultivando viñas en distintos lugares hoy adscritos a la denominación de origen Rueda. En la bodega están muy orgullosos de no usar tratamientos químicos, y en cambio emplear técnicas naturales como las de infusiones de plantas, que son más respetuosas con el suelo, que ponen extremo interés en impedir su sobrexplotación. Los insectos también juegan su papel para prevenir las plagas, de manera que utilizan unos jardines de polinización repletos de plantas para atraer a los insectos a las viñas. Este ecosistema se completa con una serie de arbustos y árboles móviles que mejoran la biodiversidad del viñedo. Menade produce varias variedades de Verdejo, Sauvignon, y Tempranillo.

VIÑAS DE LAS BODEGAS MENADE

En la visita nos acompañó Iván, quien con erudita pasión no contenida nos explicó las características de la viña y sus productos, haciéndonos muy agradable la visita, que completamos con una degustación de vinos, entre ellos los excelentes verdejos con los que regamos un escueto viático con quesos, gazpacho, espárragos y salchichas, para levantar los ánimos.

No podía faltar en nuestro periplo castellano un buen lechazo, servido en cazuela de barro y con la piel crujiente. El lechazo es la cría de la oveja que todavía mama y que no debe pesar más de doce kilos en el momento del sacrificio. En Castilla y León la cría de la oveja churra es todo un arte, que los pastores de la tierra practican con mucho cuidado, y requiere atenderlas todos los días, sacarlas las noches de verano, darles una buena alimentación y sal, renovar constantemente el rebaño cambiando la oveja vieja por ganado joven, y sacarlas siempre al campo independientemente de las condiciones meteorológicas. En el restaurante asador El Figón de Recoletos, no nos faltaron atenciones, y el lechazo, regado con vino de la tierra, estaba francamente bueno.

CASTILLO DE LA MOTA

Después de haber visto tantas veces la torre del homenaje del Castillo de La Mota, en Medina del Campo, desde la ventanilla del tren o del coche en tantos viajes de ida y regreso de Madrid a Galicia, por fin había llegado el día de visitarlo. La historia de la villa está asociada a la reina Isabel la Católica pues allí fue donde dictó su testamento y falleció en 1504, lo que nos recuerda en El Prado el magnífico cuadro de Eduardo Rosales.

Motas y motillas proliferan en la superficie castellana, y los primeros asentamientos en la de Medina datan de la edad del hierro, de los que se conservan testimonios en las excavaciones visitables. En el siglo XI, al adelantarse la frontera a la línea del Duero, comenzó la repoblación y es cuando nació la villa medieval protegida por un recinto amurallado, a cal y canto, que fue creciendo hasta convertirse en una fortaleza independiente de la propia villa. En 1390 Juan I la donó la villa junto con el castillo a su hijo Fernando de Antequera, futuro rey de Aragón. Tras la batalla de Olmedo en 1455, La Mota quedó bajo poder real, desempeñando funciones militares, de archivo y prisión. Enrique IV ordenó la construcción de la torre en 1460 y entregó la fortaleza al arzobispo de Toledo, cuya traición la devolvió al dominio aragonés. En 1468 por el acuerdo de Los Toros de Guisando se entregó la fortaleza y la villa a Isabel.

CASTILLO DE LA MOTA

El Castillo se remató con ladrillo rojizo de la zona que cubre el hormigón, mientras que la piedra únicamente se emplea en pequeños detalles. Tiene un trazado irregular y consta de dos recintos: el interno de uso residencial y el exterior con gruesos muros dedicado a la defensa del edificio de los efectos de la artillería. En el interior sobresale la torre del homenaje de 40 m de altura, y el patio de armas. La barrera exterior fue construida en tiempos de los Reyes Católicos y se protegía en primer lugar por un gran foso con puente levadizo. El estado actual del Castillo es el resultado de un largo proceso de restauración que comenzó en 1904, aunque la mayor parte de las obras interiores son de la reconstrucción realizada en 1940.

IGLESIA DE SAN PABLO Y PALACIO PIMENTEL

Valladolid merece recorrerse con detenimiento para apreciar los numerosos monumentos que atesora; entre ellos, el Palacio Real, el monasterio Iglesia de San Benito, la Plaza Mayor con su Ayuntamiento y el monumento a Pedro Ansúrez, el Palacio Pimentel (donde nació en 1527 Felipe II), la Iglesia de San Pablo (dode Carlos I fue reconocido como rey de Castilla), y por último el Museo Nacional de Escultura, establecido en 1933, que se encuentra instalado en el Colegio de San Gregorio, el Palacio de Villena, y la Casa del Sol, siendo el primero el principal (donde en 1518 reunió Carlos I su primeras Cortes Castellanas) que expone las obras maestras de escultura en madera policromada. La colección incluye obras desde la baja edad media hasta el siglo XX, y está especializada en el Siglo de Oro y en el arte de la escultura de temática religiosa en madera policromada. Adornan las salas las obras de artistas como Alonso Berruguete, Juan de Juni, o Gregorio Fernández, y se ha completado con obras de Pedro de Mena y Alonso Cano. El conjunto representa una visión muy cosmopolita, con artistas que proceden de Francia, Flandes, Italia o Alemania. En la colección abundan los retablos sepulcros y sillerías de coro, además de pasos procesionales.

COLEGIO DE SAN GREGORIO

Desde el punto de vista arquitectónico el colegio representa la transición de la arquitectura española tardo gótica hacia la modernidad. En su construcción está atestiguada la participación de grandes maestros del momento como Simón de Colonia o Gil de Siloé.

MUSEO NACIONAL DE ESCULTURA

De nuevo, nos marchamos de Castilla y León con ganas de volver, así que ya estamos pensando en un próximo viaje a las provincias de Zamora y Palencia. No hay nada mejor que recorrer España para conocerla mejor.

domingo, 1 de mayo de 2022

EL PEREGRINO FRANCÉS

Las aguas del río Aragón bajan crecidas, y mis ánimos lo hacen menguados en esta primavera que luce en España, pero que no ríe, ni parece que lo vaya a hacer; no hay muchos motivos para que lo hiciera. Pocas cosas levantan el ánimo cuando ves la senda decadente que lleva un país dirigido por el peor gobierno que podríamos desear. La traición es la moda, sin escrúpulos ni remordimiento; nunca creímos que llegaríamos a vivir lo que estamos viendo. La lista de agravios a nuestra dignidad es interminable y aumenta cada día. Un país sin dignidad no vale nada en el concierto de las naciones, por lo que es urgente recuperarla.

CASTIELLO DE JACA

     En mi paseo matutino del Día del Trabajo, me senté a descansar en el atrio de la Iglesia de San Miguel Arcángel, en pleno camino de Santiago. La iglesia se levanta en la zona más elevada de Castiello de Jaca sobre la colina que domina el valle del río Aragón y el arroyo Badieto. El templo, románico del siglo XII, es de una sola nave con un ábside de planta semicircular cubierto con bóveda de horno y con un presbiterio de bóveda de cañón. El retablo del altar mayor es una obra barroca de finales del siglo XVII, que preside el Arcangel, adornado con columnas salomónicas en cuyos plintos están representados los padres de la Iglesia Latina. 

      Castiello va creciendo poco a poco, demostrando que es posible repoblar los pueblos del Pirineo aragonés. Hasta aquí hemos venido, año tras año, para disfrutar de las estaciones de esquí del valle y de la hospitalidad de mis cuñados. El campanario de la iglesia nos convoca a los actos de culto a los que hemos acudido en las frecuentes reuniones familiares. También allí se bautizó mi sobrina, oficiando de madrina mi paciente y bella esposa. 

 En el atrio de la iglesia me encontré con un matrimonio francés que recorría el camino de Santiago. Tampoco sus ánimos iban crecidos, pues no le faltan problemas a la república vecina, pero confiaban que su recién reelegido presidente pudiera agrupar a los franceses en un renovado proyecto europeo que alejara a los radicalismos de ambos extremos para lograr que Europa fuera un actor de primer orden en el escenario mundial. El peregrino francés era hijo de un español del ejército republicano, refugiado en Francia al final de nuestra guerra civil y cuyas desgracias continuaron con la estancia en campos de concentración antes de la concesión del asilo; más tarde, su padre cumplió sus obligaciones con el país de acogida combatiendo con los maquis durante la 2ª Guerra Mundial. 

 El sol comenzaba a calentar cuando nos despedimos y la primavera seguía sin sonreír. En mi conversación con el simpático peregrino, envidié el tradicional orgullo francés que transpira quien sabe que su patria está por encima de las coyunturas, no como en la nuestra que estamos expuestos al permanente desafío a nuestra identidad nacional como si fuera un valor relativo; mas que eso, en permanente almoneda. Tenemos la desgracia de ver que nuestro país renuncia a la excelencia en la educación y en donde la incultura campa por sus respetos. Un país donde nos predican tolerancia para lo que piensan y predican con fe y ardor del converso los autodenominados progresistas, que esconden su rencor, relativismo y deseos de destruir el orden social y constitucional, bajo ese impreciso término pero sin ocultar la intolerancia que muestran a todos lo que no piensen como ellos. 

 El peregrino francés siguió su camino, cuyo propósito era para mi desconocido; quizás cultural o de reflexión en búsqueda de su identidad o fe religiosa. Me parece de urgente necesidad que España inicie su propio camino de Santiago lo antes posible. No debemos seguir así.