miércoles, 16 de marzo de 2022

LA CAMPAÑA DE MELILLA DE 1909

 Dedicado a la memoria de un abuelo inolvidable.

Las viejas fotografías familiares te ofrecen sorpresas, como el encontrar algunas de la campaña de Melilla de 1909, en la que participó el Teniente de Infantería Pedro Español Núñez. Revisando su Hoja de Servicios y el Historial del Batallón de Cazadores de Barbastro nº 4, creí posible preparar esta entrada del blog, que reflejara un episodio en la vida de un oficial del Ejército en aquella época, ilustrándola con unas fotografías, pues el contemplar a las personas que en ellas aparecen y que vivieron los acontecimientos que se relatan, añade matices a la narración, que en este caso es una recopilación de datos de archivos. No se pretende aquí analizar las causas del conflicto, con sus aciertos y errores, tampoco la política colonial española en Marruecos ni su impacto social, ni las operaciones militares, pero conviene recordar que la penetración española no pudo llevarse a cabo sin superar grandes dificultades, como demuestran estas líneas. 

En Melilla se tropezó con el carácter levantisco e independiente de las tribus del Rif, con las excitaciones del fanatismo religioso y los trabajos de los altos personajes marroquíes que veían amenazadas su autoridad y su posición por el avance europeo. Este conjunto de causas explica la razón por la qué las Kábilas fronterizas se mostraron hostiles a la explotación de las minas de Beni-bu-Ifrur y rechazaron la construcción de la línea férrea.

Los primeros trabajos se llevaron a cabo bajo la protección de los caídes rifeños y con la colaboración de braceros indígenas hasta octubre de 1908, cuando las tribus se sublevaron. Los talleres de las dos sociedades que explotaban las minas tuvieron que evacuarse precipitadamente, abandonando todos los trabajos y quedando todo el material a merced de los kabileños, que aprovecharon la ocasión para robar cuanto pudiese serles de alguna utilidad y destruir el resto.

La reanudación de los trabajos representó para España y particularmente para Melilla, un gran interés económico y político y por consiguiente las autoridades entablaron negociaciones con las tribus de Guelaya a fin de conseguir la reapertura de los talleres. Los caídes no se quisieron comprometer a garantizar la tranquilidad de los trabajos y alargaron cuanto pudieron las negociaciones dando respuestas evasivas, amparándose en la autoridad del Sultán.

El 7 de junio de 1909 los talleres se abrieron de nuevo, la sociedad española continuó sus trabajos de terraplenar a unos 6 km al sur de Melilla, y la Compañía Norte-Africana emprendió el asentamiento de la vía bajo la protección de las tropas españolas y, sobre todo, de la población indígena que el Gobernador de Melilla estaba organizando. El 9 de julio hacia las 8 de la mañana los obreros de la Compañía española fueron atacados por los rifeños situados en el barranco de Sidi-Musa, con el resultado de seis muertos y un herido. Este incidente fue suficiente para motivar la acción militar.

El Gobierno determinó la movilización de tres Brigadas de Cazadores: la 1ª de guarnición en Madrid, la 2ª de guarnición en Cataluña, y la 3ª en el campo de Gibraltar. La primera en marchar desde el puerto de Barcelona fue la de Cataluña, cuyos escasos efectivos se habían completado con reservistas, y cuya salida hacia Melilla motivó la explosión social conocida como “La Semana Trágica”. Las tres Brigadas Mixtas de Cazadores, después de reforzarse, se encuadrarían en una División de Cazadores al mando del general Antonio Tovar y Marcoleta.

El capitán de Infantería de Marina Cándido Díaz Montero, destinado en 1910 en el Estado Mayor de Melilla, describe[i] en detalle la organización de estas Brigadas Mixtas de Cazadores como sigue:  El General Comandante de la Brigada dispone de un Estado Mayor compuesto por un Comandante de E.M., un Ayudante de Campo y un veterinario. Los seis batallones están divididos tres a tres en dos medias brigadas puestos a las órdenes de un Coronel secundado por un Capitán Ayudante.

Cada batallón de cuatro compañías tiene 28 oficiales contando con los diferentes servicios (habilitado, almacén, representante, ayudante, etc.). Como medios de transporte, cada batallón dispone de 1 carro catalán y 34 acémilas, 8 por compañía (3 para municiones, 2 para bagajes, 2 para víveres y 1 para útiles). Municiones: Cada individuo lleva 150 cartuchos (105 en las cartucheras y 45 en el saco), las acémilas conducen 9.000 por compañía. Al mismo tiempo un aprovisionamiento de 30.000 cartuchos, 40 por individuo, se transporta a África al mismo tiempo que las tropas, quedando depositado como reserva en el parque de artillería de Melilla. En resumen, se dispone de 235 disparos por fusil sin contar las municiones del parque móvil del ejército de operaciones. El personal está armado con carabina Maüser y el machete reglamentario.

A las brigadas mixtas se les asignaron dos secciones de ametralladoras afectas cada una a un batallón de las dos medias brigadas a efectos administrativos, pero el grupo forma un organismo puesto a disposición del General de la Brigada. En cuanto a las piezas Hotchkiss, la sección en pie de guerra está mandada por un teniente montado y se compone de 30 hombres y 12 acémilas. La dotación de municiones se eleva a 12.000 cartuchos por pieza. En la formación de combate se fracciona en dos escalones, el de tiro que comprende 2 piezas y 4 acémilas que conducen 5.400 disparos y el segundo escalón que está formado por 5 mulos con los repuestos de municiones.

El escuadrón de Caballería afecto a cada Brigada se completó entre los cuatro del mismo regimiento. A su plantilla de 5 oficiales (1 capitán y 4 tenientes) se le añadió un veterinario, y los efectivos normales de 90 hombres y 80 caballos fue ampliado a 120 hombres y 120 caballos. Cada escuadrón llevó a campaña solamente un carro catalán. Los jinetes, armados de carabina Maüser y sable, conducen cada uno 50 cartuchos.

Para constituir el grupo de 3 baterías de montaña afecto a cada brigada fue necesario echar mano de todos los recursos en hombres y ganado que poseen en tiempo de paz los tres regimientos de esta especialidad. Es indudable que hubo que recurrir a medidas más completas, como la compra de mulos y la llamada a filas de todos los individuos con licencia, porque los grupos se constituyeron con efectivos de 591 hombres y 248 mulos, lo que representa para las tres Brigadas un total de 1.773 hombres y 744 acémilas y las plantillas de tiempo de paz representan para los tres regimientos de montaña y el grupo del Campo de Gibraltar solamente 1.467 hombres y 536 mulos. Si bien es cierto que desde 1908 fue adoptado el cañón de montaña sistema Schneider, el material no se había distribuido a los cuerpos al comenzar la campaña y las baterías tuvieron que llevar a Melilla el cañón Krupp de 75 mm que prestaba servicio desde la Guerra de Cuba (1898).  Los 512 disparos conducidos a lomo constituyen el aprovisionamiento de 1º escalón. El 2º escalón que no comprende más que 64 tiros por pieza tuvo que transportarse en un carro catalán, porque el carro de municiones para baterías de montaña no se adoptó en nuestro ejército hasta muy poco tiempo antes de comenzar la guerra.

Cada Brigada cuenta con un Grupo Mixto de Ingenieros, compuesto por 1 jefe, 8 oficiales, 220 hombres, 12 caballos y 63 mulos que se distribuyen en dos compañías de Zapadores y Telégrafos. La compañía de Zapadores tiene unos efectivos de 130 hombres repartidos en tres secciones, disponiendo cada una de un parque de zapadores-minadores que conduce a lomo el material y útiles de diferentes especies (32 mulos por sección). La compañía de Telégrafos está formada por la sección Óptica que consta de 12 aparatos, y la Eléctrica, que comprende teléfonos, transmisores, receptores y 30 km de cable.

Al organizarse en 1904, a cada una de las tres Brigadas se les asignó una Compañía de Montaña de Administración Militar que estaba formada en tiempo de paz por 1 oficial y 22 hombres. Este organismo, a fin de satisfacer a todas las necesidades fue elevado a 5 oficiales, 200 hombres y 155 acémilas y subdividido en dos grupos: una columna de víveres destinada a transportar dos días de víveres para la Brigada y una panadería de montaña con 4 hornos franceses Lespinasse y la provisión de harina necesaria para el consumo diario. La ambulancia de montaña agregada desde 1904 a cada Brigada de Cazadores se compone de 2 médicos, 24 individuos, 14 acémilas y 8 artolas, 12 sillas suecas, 12 camillas y 12 cajas de medicamentos e instrumentos de cirugía. El personal de tropa se aumentó a 54 hombres y a 20 el número de acémilas. Finalmente, a mediados de agosto, con el fin de facilitar las relaciones y transmisiones de órdenes y noticias, se organizó en cada Brigada una sección de 8 ciclistas bajo el mando de un oficial.

La 1ª Brigada Mixta de Madrid[ii], mandada por el general Guillermo Pintos Ledesma, se organizó en dos medias brigadas con un coronel cada una: los coroneles Federico Páez Jaramillo y Enrique Fernández Blanco. La orden de movilización la recibió el 13 de julio y comenzó su marcha a Málaga el día 21, llegando entre los días 23 y 26 del mismo mes. La Brigada estaba integrada por las siguientes unidades:

Batallón de Cazadores de Madrid nº 2; Batallón de Cazadores de Barbastro nº 4; Batallón de Cazadores de Figueras nº 6; Batallón de Cazadores de Arapiles nº 9; Batallón de Cazadores de las Navas nº 10; Batallón de Cazadores de Llerena nº 11; Un Grupo de Ametralladoras de dos Secciones; Un Escuadrón del Regimiento de Cazadores Lusitania nº 12; Un Grupo de Artillería de tres Baterías del 2º Regimiento de Artillería de Montaña con 12 cañones Krupp de 75 mm; Un Grupo de Ingenieros con una Compañía de Zapadores y otra de Telégrafos perteneciente al 2º Regimiento Mixto de Ingenieros; Una Compañía de Administración Militar y una de Ambulancias de Sanidad Militar.

Ahora seguimos lo recogido en el Historial del Batallón de Cazadores de Barbastro: Al Batallón se le había señalado en 1908 la fuerza de 300 hombres[iii]. En septiembre se mandó organizar en Madrid una sección de ametralladoras. Al ser destinado para la campaña del Rif se puso en pie de guerra con reservistas hasta completar una fuerza de 788 hombres. Salió de Madrid, al mando del teniente coronel Luis Jiménez Pajarero y Velasco, el 21 de julio por ferrocarril hacia Málaga en cuyo puerto embarcó el 22 en el guardacostas “Numancia”.

El día 23 el general Marina inició las operaciones, de manera que desembarcado el 23 en Melilla, el Batallón de Barbastro marcha inmediatamente en apoyo de las tropas de la guarnición que ocupaban las posiciones de Sidi Musa, los Lavaderos de Mineral y Posada del Cabo Moreno. Las compañías 1ª y 3ª, a las órdenes de su teniente coronel Luis Jiménez Pajarero protegieron un convoy a la segunda caseta del ferrocarril minero; las compañías 2ª y 4ª, con el comandante Francisco Alcalá Virto sostienen a una batería de campaña que cañoneaba las guaridas del enemigo, consiguiendo contener la furiosa embestida de los rifeños a costa de la muerte de cuatro soldados, quedando heridos un capitán y 6 de tropa.

En el combate del día 27, en las estribaciones del Gurugú, el batallón avanza impávido con desprecio heroico del mortífero fuego que le hacían los rifeños ocultos en el Barranco del Lobo, mandados por Abdelkader, y a la bayoneta toman una altura que batía la entrada del escarpado barranco al que habían descendido los Batallones de Cazadores de Figueras, Arapiles, las Navas, y Llerena con el general Pintos, jefe de la Brigada. Muerto tan intrépido general y forzados dichos batallones a retroceder ante el huracán de fuego que arrebató la vida a casi todos sus jefes y oficiales y diezmadas las filas, el batallón de Barbastro protege el repliegue de tan heroicas tropas al nudo del barranco opuesto al que ocupaba el enemigo. En este combate el batallón tuvo 8 oficiales y 39 cazadores muertos.

Posteriormente, en la conducción de un convoy hostilizado por el enemigo toma posiciones entre la Posada del Cabo Moreno y la primera caseta y sufre un muerto y varios heridos al relevar a otras fuerzas en la posición. Después del combate del día 27 en el Barranco del Lobo, el general Marina, jefe del Ejército de operaciones, decidió acumular fuerzas y abastecimientos antes de iniciar operaciones ofensivas de más entidad, aprovechando el tiempo para adiestrar a las fuerzas recién llegadas de la península, que venían con un adiestramiento muy limitado.

Teniente Pedro Español Núñez
Pasamos ahora a los acontecimientos que vivió el Teniente de Infantería don Pedro Español Núñez[iv], quien ya tenía experiencia africana, como se recoge en su Hoja de Servicios: Por real orden del 22 de enero de 1907 fue destinado al Regimiento de Infantería del Serrallo nº 69, de nueva creación, al que se incorporó en Ceuta el 10 de febrero siguiente donde quedó de servicio ordinario. El año siguiente continuó de guarnición en Ceuta hasta el fin de febrero que pasó, por real orden del 19 de ese mes, destinado al Regimiento de Infantería Zamora nº 8 al que se incorporó el 30 de abril en Ferrol, donde quedó de guarnición. Posteriormente, para completar las unidades que se enviaban a Melilla, el 9 de agosto fue destinado al Batallón de Cazadores de Barbastro nº 4. de guarnición en Madrid. El día 11 de agosto salió por ferrocarril de Ferrol llegando a Málaga el 13, embarcando el 14 en el vapor “Ciudad de Cádiz”, llegando el 15 a Melilla donde se incorporó al batallón el mismo día, quedando de servicio de campaña, participando en las operaciones de su unidad.
         Oficiales del Batallón de Cazadores de Barbastro. Melilla, septiembre de 1909. Fotografía de la colección familiar. 1. General Felipe Alfau Mendoza. 2. Coronel Federico Pérez Jaramillo. 3. Teniente Coronel Luis Jimenez-Pajarero. 
4. Comandante Francisco Alcalá Virto      5. Teniente Pedro Español Núñez

El día 20 de septiembre comenzaron las operaciones ofensivas de la 1ª Brigada, mandada por el General Felipe Alfau Mendoza, quien había relevado al General Guillermo Pintos Ledesma, muerto en el combate del Barranco del Lobo. Ese mismo día, el Teniente Español Núñez, formando parte de la columna mandada por el General de Brigada Alfau, asistió con su batallón a la toma de Taurit, en cuyo puesto quedó de servicio de campaña hasta el 10 de octubre, que marchó con el batallón al campamento de Tectana, donde continuó hasta el 29 que marchó a Zeluán quedando en ese puesto hasta el 29 de noviembre en que se trasladó a Nador. El 26 tomó parte en el avance de las fuerzas dispuestas por el general en jefe José Marina López que dio por resultado la ocupación de Atlanten y otras posiciones quedando en la de Ulad-Saud, terminando el año de servicio de campaña.

     Oficiales del Batallón de Cazadores de Barbastro. 1. Teniente Coronel Luis Jimenez Pajarero; 2. Comandante Francisco Alcalá Virto; 3. Teniente Pedro Español Núñez.                Melilla, octubre de 1909. Fotografía de la colección familiar.

Comenzado el año 1910 continuó de servicio de campaña en Ulad-Daud y Ben Tahar hasta el 3 de enero, que fue relevado el batallón, marchando a Melilla y llegando el mismo día al campamento del hipódromo, donde quedó de servicio de campaña hasta el 15 del mismo mes, en que en virtud de la orden telegráfica del ministro de la guerra y por disposición del Jefe del Ejército de Operaciones, embarcó a bordo del vapor “Cataluña”, y llegó a Málaga el día 15, saliendo por la tarde en tren militar con dirección a Madrid. Llegó a Getafe el 18 y por carretera a Leganés el mismo día, quedando acantonado en dicho punto hasta el 22, que por ferrocarril se trasladó con el batallón a Madrid, donde hizo su entrada triunfal en medio de aclamaciones públicas con su Brigada, formando parte de la División de Cazadores al mando del General Tovar, quedando de guarnición en esta plaza.

Vida en campaña. 1. Teniente Pedro Español Núñez. Melilla, 1909. Fotografía de la colección familiar.

Por real orden del 15 de enero de 1910 se le concedió al Teniente Español Núñez la Cruz de 1ª Clase del Mérito Militar con distintivo rojo, por su distinguido comportamiento y méritos contraídos en el combate sostenido en las lomas de Jatet y Taurit. Por real orden comunicada de 19 de mayo se le autoriza el uso de la medalla de plata conmemorativa de la campaña de Melilla con los pasadores de Tardix y Atlanten.

La Armada también contribuyó a estas operaciones en Marruecos, pues se contó con el apoyo de los buques de la Escuadra que operaban en la costa, entre ellos, el crucero “Carlos V”. El Teniente de Infantería de Marina, Cándido Díaz Montero, comandante de la guarnición del crucero, recoge en su hoja de servicios las actividades del crucero con sus entradas en Melilla y fondeos en la Restinga y las Chafarinas, destacando como más significativas: El 7 de septiembre salió para Restinga fondeando el mismo día y después en Melilla. El 8 salió para Restinga donde fondeó continuando luego viaje a Muley-Alí-Cherif (Kebdana) para aprovisionar de agua a las tropas del Ejército de Operaciones en aquel territorio, marchando a Chafarinas donde fondeó aquella noche.

Crucero "Carlos V".

El 10 volvió a salir para la Restinga donde fondeó, regresando a Melilla el mismo día. El 20 salió de Melilla con el “Pinzón” y “Concha” a cooperar a las operaciones del Ejército en la Península de Tres Forcas, y siendo hostilizados por los moros cerca de Punta Negri, se rompió el fuego de cañón en la ensenada de Zera; el mismo día se fondeó en Melilla. El 21 volvió a salir de Melilla, bombardeando la costa desde Cabo Negri a los Charranes, siendo también hostilizados por los moros; el mismo día volvió a Melilla. El día 1 de Octubre fondeó en Málaga y el 9 salió para Melilla, fondeando el mismo día. El 18 salió a bombardear la costa correspondiente a las Kábilas de Beni-Said y Beni-bu-Gafar, regresando el mismo día a Melilla. El 20 salió forzado por el temporal, arribando el 21 a Cartagena con pérdida de dos anclas y algunas averías. El 29 salió de Cartagena y fondeó el 30 en Melilla. 

Para finalizar recogemos los ecos de la entrada triunfal en Madrid de la Brigada de Cazadores, que un blog de internet[v] describe con detalle:  

La animación se palpaba ese día un tanto gris por falta de sol el 22 de enero de 1910 por las calles de Madrid con cierre total de los comercios. Todas las vías llenas de ansioso gentío se encontraban engalanadas de banderas, gallardetes, estandartes y guirnaldas. La Orden General del 21-01-1910 disponía que el General Tovar tomara el mando de las fuerzas que desfilarán vestidas en traje de campaña siguiendo el itinerario que empezará por la Calle de Alcalá, Puerta del Sol, lado del Ministerio de la Gobernación, Calles Mayor y Bailén hasta la plaza de San Marcial.

El General Tovar y su Jefe de Estado Mayor el día de la entrada en Madrid. Fotografía de la revista "Actualidades"

El desfile comenzó a eso de las 11 de la mañana con el General Tovar montando un brioso caballo poniéndose en marcha por el Paseo del Prado. Abría el paso una sección de la Guardia Civil que fueron destinadas a Melilla en numero de 40 miembros del 14ª Tercio. Inmediatamente detrás el General Alfau con sus ayudantes, los Cazadores de los batallones de Arapiles, Madrid, Barbastro, Figueras, Las Navas y Llerena. Una compañía de Ferrocarriles y la de Aeroestación montado en columnas de piezas. En columna el Regimiento de Lanceros de la Reina seguido de las ambulancias.

La revista “Actualidades”[vi] incluyendo algunas fotografías recogidas en esta entrada, también recoge que: EI sábado último, como se había dispuesto, se verificó la solemne entrada en Madrid de las fuerzas de la brigada de Cazadores perteneciente a la división que manda el bizarro general Tovar. No hemos de intentar aquí una descripción de aquel día de júbilo, de aquella nunca vista aglomeración de público en las calles, de aquella explosión de amor al Ejército que inflamó todos los corazones madrileños. Mejor que cuanto pudiéramos escribir, expresan lo que aquello fue las fotografías que reproducimos. Dejando a un lado censuras para las autoridades que no supieron prever, consignaremos que la entrada de las tropas de Melilla en esta corte revistió caracteres imponentes, conmovedores y que no la olvidarán fácilmente los que la presenciaron.

El abanderado del Batallón de Barbastro en la entrada en Madrid. Fotografía de la revista "Actualidades"

En el entusiástico recibimiento tributado a los triunfantes Cazadores de la brigada madrileña tomó parte principalísima el elemento femenino, distinguiéndose las artistas de los diferentes teatros de esta corte y Ias obreras de la fábrica de tabacos. Las artistas y sus compañeros los actores ocupaban una amplia tribuna levantada delante del teatro de Apolo. Provistas de muchos y grandísimos canastos de flores y de ramos atados con cintas de los colores nacionales, arrojaron unos y otras al paso de las tropas, siendo el primer obsequiado el general Tovar, que iba al frente de la formación. También echaron miles de ejemplares de una inspirada y patriótica composición poética. Las cigarreras ocupaban, en número que algunos calculan en 4.000, todo el terreno que se extiende por delante del Dos de Mayo, acotado para ellas por medio de una doble alambrada, y adornado con una colgadura de los colores nacionales. En nombre de todas sus compañeras sujetaban una hermosa bandera Manuela Embir y Elena Reig. Esta bandera es la que estrenaron para ir a despedir a los soldados que marcharon a Cuba, y tiene una leyenda que dice: «Las cigarreras de Madrid la dedican al Ejército español y a la Marina». La ovación que les tributaron fue estruendosa, entusiástica, interminable. Dando vítores, arrojando flores, agitando los pañuelos, estuvieron desde que apareció el general Tovar hasta que terminó el desfile. La actitud de las cigarreras fue elogiadísima.

No acabó aquí la pacificación del territorio marroquí, ni la experiencia africana del Teniente Pedro Español Núñez, pues unos años después volvió a Marruecos a combatir sirviendo en el Batallón Expedicionario del Regimiento de Infantería Extremadura nº15, y en el Grupo de Fuerzas Regulares de Ceuta nº 3.

 

REFERENCIAS:



[i]DÍAZ MONTERO, Cándido.  La campaña de Melilla de 1909. Archivo de la Comandancia General de Iª Mª.

[ii] De MESA, José Luís, y otros. Las campañas de Marruecos. 1909, 1927. Almenara Ediciones, 2001, Madrid.

[iii] Historial del Batallón de Cazadores de Barbastro nº3. Archivos del Servicio Histórico Militar.

[iv] Hoja de Servicios del Teniente de Infantería don Pedro Español Núñez. Archivos del Servicio Histórico Militar.

[vi] Revista Actualidades. Número 102. Jueves 27 de enero de 1910. Biblioteca Nacional.

 

martes, 8 de febrero de 2022

LA ESPAÑA VACIADA


Esta es una sucinta crónica de un corto viaje de amigos que me llevó de nuevo a Burgos, a donde vuelvo siempre con ganas de disfrutar de su patrimonio artístico y de su gastronomía. Esta vez el reclamo era la aventura de degustar un cabrito o cordero, que había encargado el "Negro", nuestro guía local, jinete valeroso y temerario. En una mañana de sol El Talgo a San Sebastián nos llevó a "Picaraña" y a "Reymeric" por la vía de alta velocidad hasta Valladolid y desde allí a Burgos, en dos horas veinticinco minutos.  

Situada en la comarca de la Sierra de la Demanda, al sureste de la provincia, por muchas veces que la visites, ni la villa de Santo Domingo de Silos, ni su monasterio benedictino, defraudan al viajero. La poca gente por sus calles y el monasterio sin visitantes fueron la tónica, hasta que llegó un autobús con un grupo de turistas.

EL CLAUSTRO DE SILOS

Las primeras noticias del monasterio son del año 954. La iglesia abacial fue reconstruida por Ventura Rodríguez a mediados del XVIII, e inspira serenidad y armonía, y más aún, durante el canto de los monjes en la hora canónica de la Sexta. Poco se puede añadir a lo ya dicho del precioso claustro, y su ciprés cantado por Gerardo Diego:

            Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,
            peregrina al azar, mi alma sin dueño.

Estos días se habla mucho de la España vaciada, y el paseo por la villa nos mostró los efectos de la despoblación que sufre Castilla. En la provincia de Burgos, según los últimos datos del padrón, hay 356.035 habitantes (177.912 hombres y 178.123 mujeres), con una pérdida de población, con respecto al año anterior, de 2.367 habitantes. También hay que reseñar que unos 100.000 burgaleses viven en otras provincias españolas, lo que parece una proporción muy elevada.

En la provincia de Burgos residen extranjeros de 140 nacionalidades, que hacen un total de 22.376 personas. La mayoría son rumanos, búlgaros, marroquís, colombianos, portugueses, brasileños, venezolanos, hondureños, ecuatorianos, dominicanos, argelinos, y otras Nacionalidades. Los iberoamericanos forman una significativa mayoría, lo que es una muy buena señal por su facilidad de integración en nuestra sociedad. De los vecinos magrebíes, también hay alrededor de 3.600 inmigrantes, aunque importan tradiciones ajenas a nuestra cultura. Yo no creo que todas las culturas tengan el mismo valor, lo que no quiere decir que no se les dé la consideración debida. Según los datos publicados el 23 de diciembre de 2021, la localidad de Santo Domingo de Silos tiene una población censada de 262 habitantes, de los cuales 166 son hombres (45 monjes) y 96 son mujeres. Desde el 2000 ha perdido 54 habitantes.

Recorriendo sus calles nos encontramos con Ubaldo, quien a sus ochenta años, sentado al sol vigilaba la maduración de las calabazas desplegadas en el suelo, pensando en los magníficos purés que, según decía, iba a hacer con ellas. La charla derivó hacia la aparente despoblación que se apreciaba en las calles y nos confirmó los datos que lo demuestran. Al preguntarle por cuantos hijos tenía, declaró su soltería, añadiendo que los numerosos años dedicados al campo y al ganado no facilitaron su matrimonio, pero sobre todo no se había casado «por falta de cerillas». Ante nuestra perplejidad nos aclaró que eran «para encender el fuego…». En realidad, extrapolando las cifras actuales del padrón, nunca debió de ser fácil encontrar novia. En la España vaciada la realidad es más dura de lo que parece.

Revisando los datos del padrón se puede apreciar que la pirámide poblacional tiene una exigua base y toda ella con forma de peonza, con datos preocupantes, como la baja tasa de nupcialidad y natalidad. No parece que vaya a ser fácil repoblar una provincia con una densidad de población tan baja, de 24,9 habitantes por kilómetro cuadrado, y con 271 municipios. Teniendo en cuenta que la densidad media de población en España es de 91,1, parece necesaria una racionalización de la estructura administrativa local para garantizar los servicios a los habitantes actuales y potenciales. No debemos admitir la despoblación de nuestro medio rural, y resignarnos a su invierno demográfico. No sé qué han estado haciendo los políticos ante los datos disponibles, pero lo sospecho.

Otra visita en la comarca fue a La Yecla, en las estribaciones de la Sierra de la Demanda, en el parque natural Sabinares del Arlanza. Allí, el arroyo El Cauce ha excavado en la roca caliza de las Peñas de Cervera un angosto desfiladero con tramos de dos metros de ancho y una longitud de unos 500 metros. Está bien preparado para recorrerlo sobre la pasarela metálica que tiene instalada. Al finalizar el recorrido, para recordarnos los abundantes espacios naturales de la provincia, se acercaron a cumplimentarnos un numeroso rebaño de cabras montesas que nos mostraron sus habilidades de equilibristas.

DESFILADERO DE LA YECLA

Finalmente, el resultado de l’aventure du pot fue la degustación en el restaurante del hotel Tres Coronas de Santo Domingo de Silos de lechazo asado (de churra, comme il faut) en el que solo había ocupada una mesa con cuatro personas. La España vaciada llega hasta a los restaurantes.  La camarera que nos atendió era una simpática joven de Almería, que se había trasladado con su marido a vivir al pueblo. Se ve que es todavía atractivo vivir allí para la gente de provincias más soleadas. 

Por mi parte, yo huiría de la gran ciudad para gozar de la descansada vida del que huye del mundanal ruido… que cantara fray Luís de León, e instalarme en esa villa, en el que seguro no faltarán los auxilios espirituales y algunos materiales, pero las exigencias de la salud crecen en paralelo con los lustros que vives, sobre todo cuando se llega al punto de no retorno en el que la recuperación total de la salud se hace extremadamente difícil en un escenario de gastos crecientes e ingresos decrecientes.

COVARRUBIAS. COLEGIATA DE SAN COSME Y SAN DAMIAN

Desde Silos partimos a visitar de nuevo la villa de Covarrubias, para cumplimentar al Conde Fernán González, que allí descansa, y a San Arsenio, éste último de gran tradición familiar. En un bar tomamos un escueto cafelito con dulces de la localidad, y después de comprar unas morcillas artesanas seguimos para visitar el Cementerio de Sad Hill. Se encuentra en el Valle de Mirandilla, un paraje precioso situado entre Contreras y Santo Domingo de Silos, donde se filmó en el año 1966 el duelo final de la película “Il Buono, Il Brutto, e Il Cattivo”. En mis años mozos Sergio Leone nos hizo disfrutar mucho con sus películas del oeste.  Una asociación cultural recuperó este falso cementerio en el año 2015 para que los aficionados al western lo puedan visitar mientras oyen en su teléfono la música de Ennio Morricone. Clint Eastwood se habrá alegrado al saber que este escenario ha sobrevivido a los años, y no como el vecino monasterio de San Pedro de Arlanza, que no sobrevivió a los desastrosos efectos para el patrimonio artístico de las leyes de desamortización de Mendizábal, y que ninguna asociación cultural ni organismo público parece tener interés en invertir en su rehabilitación.

CEMENTERIO DE SAD HILL

En Burgos, la visita a su Catedral en su octavo centenario era también obligada, pues no te cansas nunca de admirar las obras de arte que atesora. De paso, ante la proximidad de la celebración de San Lesmes, aproveché para pedir al santo patrón de la capital que buscara las llaves del sepulcro de Rodericus Didaci Campidoctor para que en su nueva salida, por tantos anhelada, guie en su viaje a los españoles del siglo XXI por caminos de grandeza y prosperidad, y que no sigan las consignas que nos predica un desprestigiado gobierno y las taifas de sus compañeros de viaje nacionalistas, comunistas y filo terroristas.

SEPULCRO DEL CID

Antes de la comida nos trasladamos a hacer una rápida visita a la Cartuja de Miraflores, que siempre la merece, aunque sea corta. De nuevo admiramos las obras de Gil de Siloé: el retablo del altar mayor, y los sepulcros de los reyes Juan II e Isabel de Portugal, padres de Isabel la Católica, y el del infante Alfonso. Su contemplación hace sentirte orgulloso de nuestra historia y su patrimonio artístico.

Hace ya algunos años, en una visita a una bodega de Jerez, después de mostrarnos como los ratones bebían fino de un catavinos, nuestro simpático guía contestó científicamente a la pregunta sobre cuantos hectolitros tenía la bodega, añadiendo a la impresionante cifra, medio tartamudeando: «aquí no se acaba nunca el mollate…». Pues bien, eso también parece suceder con el vermut en Burgos, en cuya vermutería Victoria llevaban ya contabilizados 386.138 vermuts, lo que comprobamos en el contador, mientras tratábamos de no desentonar cantando el tradicional “Himno a Burgos”.

Con unas morcillas engrosando el equipaje en las mochilas subimos al Talgo de Madrid, en una noche fría que pedía volver a casa a socorrerse con algo caliente. Me iba con ganas de volver y con la esperanza de que en las inminentes elecciones autonómicas los burgaleses acertaran a escoger al gobierno que ayude a solucionar los problemas que les afectan.

 Otras entradas sobre Castilla-León en este blog:

PANORAMA: UN PASEO POR TIERRAS DE LEÓN (reymeric.blogspot.com)

PANORAMA: UN PASEO POR BURGOS Y LA RIOJA (reymeric.blogspot.com)

PANORAMA: UNA VISITA A BURGOS (reymeric.blogspot.com)


 


martes, 10 de noviembre de 2020

UNA VISITA AL MUSEO NAVAL

 

Hay lugares que se deben visitar ya aprendidos; los museos son para mi uno de ellos, otros son los teatros de ópera y de conciertos. Sin una preparación previa no se puede sacar el máximo rendimiento a la visita o a la velada. 

Desde la lejana juventud disfruté en Madrid con mis visitas al Museo Naval y al del Ejército, en cuyas salas, sin muchas explicaciones, aprendí muchos pasajes de la historia de ambas instituciones. Me hubiera gustado haber profundizado en ellas durante mi formación militar, pero, lamentablemente, la adoración de la técnica y la táctica convirtieron en secundario el estudio de la historia.

A finales de octubre fui a visitar el Museo Naval de Madrid, recién reformado en su aspecto museográfico y en su infraestructura. Creo que se ha hecho un buen trabajo, pues las salas están más despejadas y lo que se ha seleccionado para exponer está acompañado de abundantes carteles explicativos. Antes de la reforma, el discurso museológico te llevaba a ver la historia de la Armada a través de una secuencia algo diferente de la actual, pero acertada, con la que disfrutabas y aprendías los hitos importantes de la vida de una institución, varias veces centenaria.

 Ahora se ha empleado una nueva secuencia que te lleva de la mano en la trayectoria histórica de la Armada, usando un menor número de obras, pero encuentro innecesario dedicar una sala a la Armada actual, que podría tener mejor empleo en un museo histórico necesitado de espacio. En la disposición actual, el conjunto mantiene un poco el aspecto que tenía de “pañol histórico”, con muchos artefactos, aunque echo de menos algunos de los que se han retirado.

Sobre la selección de obras a exponer hemos visto una polémica epistolar y en los medios. Ha surgido porque no se ha expuesto el cuadro de Ferrer-Dalmau “El último combate del Glorioso”, que llevaba poco tiempo en el museo. Daré mi opinión al final, pero lo que me ha animado a publicar esta entrada son otras razones ajenas al debate, de más importancia para mí.

Las que esgrime el Director del Instituto de Historia Cultura Naval para retirar el cuadro, en mi opinión, no son de recibo. En la carta dirigida a los miembros de la Asociación de Amigos del Museo escribe que “el nuevo discurso histórico del Museo Naval trata de ser equilibrado frente a la perspectiva anglosajona, qué deudora de su propia propaganda de guerra, maximizaba nuestras derrotas y olvidaba nuestras victorias”. No entiendo a que viene ese comparatismo con el discurso británico. Supongo que no se referirá a nuestro museo… ¿o sí?

Pero para entender el discurso museológico actual, solo hay que recurrir a YouTube y ver el vídeo de la presentación ante los medios de la apertura del renovado museo. En él, se puede ver al Director del Instituto hablar de: “revisar el discurso del museo… presentar un discurso equilibrado y libre de complejos… sin tener que inventar excusas para justificar lo que hicimos mal y sin tener que pedir excusas por lo que hicimos bien...”  Y yo me pregunto: ¿pero es que el discurso anterior inventaba excusas? El momento más lamentable del video, y que responde a mis preguntas, llega cuando el director afirma que: “el discurso anterior tenía la tendencia a mostrar a la Armada como una institución ineficaz, mucho más derrotada que vencedora”. O sea: la perspectiva británica que “maximizaba nuestras derrotas y olvidaba nuestras victorias”.

Desde luego esta crítica es injustificada e inaceptable, pues echa tierra encima de sus antecesores, muchos de ellos brillantes historiadores navales, cuya categoría la evidencian sus perfiles académicos y sus obras.

Trafalgar
(Daniel Parra)

 Contemporáneamente con la reapertura del museo se inauguró en el Museo de Madrid una exposición de cuarenta obras del pintor Daniel Parra, titulada “Trafalgar, el viaje con Galdós”, que también visité, y lo merece. Las obras presentan la batalla en tres etapas y tres salas, y se inspiran en la interpretación que hace Galdós de ella. Algunos cuadros, de gran formato, son particularmente emotivos y merecerían exponerse en los museos de la Armada, al mostrar el heroísmo de los marinos, pero me temo que la dirección actual del Museo Naval podría pensar que desequilibrarían su nuevo discurso museológico.

Algunos cuadros me trajeron el recuerdo de la obra de Antonio Alcalá Galiano “Recuerdos de un anciano”, que describe el ambiente que se vivía en Cádiz en aquellos días en los que la Escuadra Hispano-Francesa estaba fondeada en la bahía. El autor vio la batalla en la lejanía desde un cerro de Chiclana, con la incertidumbre de saber la suerte del navío “Bahama”, que en ella combatía a las órdenes de su padre, el Brigadier D. Dionisio Alcalá Galiano, que murió a bordo luchando.

Tomás Pérez, Granadero de Marina del navío "Bahama". 
(Daniel Parra) 

Cierra esta exposición un retrato del Contralmirante D. José Ignacio González-Aller Hierro, con un cartel que glosa la personalidad de quién durante años fue el alma del museo, siguiendo la estela de otros brillantes directores, como los Almirantes D. Julio Guillen Tato o D. Fernando Bordejé Morencós.

Para finalizar, propondría traer de nuevo el cuadro de Ferrer-Dalmau para recordar al visitante, pero sobre todo a los marinos, que la esencia de su profesión es el combate, y que la suerte de las armas no siempre es favorable, pero se gane o se pierda, siempre hay que hacerlo heroicamente, con honor y valor. La Armada debe preservar la memoria de sus héroes y sus gestas.

Muerte de Churruca en Trafalgar (Museo del Prado)
Eugenio Álvarez Dumont

martes, 18 de agosto de 2020

RETORNO A LA ISLA DE LEÓN


                                                                                                  
En el año 1968, un jueves de junio qué lucía mas que el sol, visité la Isla de León por vez primera. Era el día de Corpus Christi. Se intuía el final de época.
 Las calles estaban llenas de gente para ver pasar la procesión: la custodia con escolta militar, presbíteros, acólitos, devotos, niños vestidos de primera comunión, representantes de las cofradías, el Alcalde con la corporación municipal bajo mazas, y el Capitán General acompañado de comisiones militares vestidos de gala; cerraba la procesión una compañía de honores con bandera, banda y música: todo un espectáculo. En el aire, un aroma de incienso y flores, y en los balcones, con frontales de damasco o banderas, las personas arrojaban pétalos al paso de la custodia.
Las unidades de la guarnición cubrían la carrera, rindiendo sus armas rodilla en tierra al paso de la custodia. Era una apoteosis religiosa en la que se manifestaban aspectos civico-militares del régimen, entonces empeñado en la modernización de España. Al concluir la función, desfilaban ante el Capitán General las unidades que habían cubierto la carrera. Todo el conjunto contribuía a confirmar el carácter castrense de San Fernando. Me recordaba mi Ferrol natal, en cuya procesión yo lucí mis galas de marinero de primera comunión.
En los años siguientes volví a San Fernando para visitas profesionales al Arsenal de La Carraca, la Empresa Nacional Bazán, la Fábrica de Artillería de San Carlos, el Panteón de Marinos Ilustres, y el Cuartel de Batallones de Marina; hasta que en 1971 volví ya para residir allí. Desde entonces la Isla fue mi hogar en repetidas ocasiones, en periodos de dos años, hasta llegar a un total de dieciséis.
En el año 1974, destinado en San Fernando, la Compañía en la que yo servía cubría la carrera el día del Corpus Christi. Con un calor de justicia esperábamos el paso de la procesión, mientras veíamos como la gente en ropa playera, con sillas y sombrillas, huían hacia la playa. Pocas almas piadosas adornaban las calles y balcones. Rendimos armas al paso de la custodia, y desfilamos al acabar la procesión. Vivíamos en los amenes del régimen de Franco, y sus manifestaciones religiosas no estaban muy concurridas. Era el final de una época de nuestra historia.
Siempre me sentí muy unido a esa ciudad, fundamentalmente por motivos profesionales. En ella, mis primeros amores de juventud me descubrieron alguno de los inescrutables misterios del carácter femenino; mis camaradas de armas isleños, oficiales y suboficiales veteranos, me introdujeron en los secretos de la milicia, y en particular en los del Cuerpo en que servía. Fue una etapa de aprendizaje, de aciertos y errores.
La movilidad, a la que me obligó la profesión, hizo qué el cuartel de Batallones de Marina de San Carlos fuera la vivienda en la que residí más tiempo de mi vida, hasta que colgué los hábitos. En el Hospital de Marina nació mi hijo varón, un día en el que en el Tercio de Armada tronaba el cañón rindiendo los honores de ordenanza a don Juan de Borbón que visitaba la unidad.
Desde el principio aprecié las cualidades de la vida tranquila de San Fernando, sus costumbres, gastronomía, playas, y el calor de los amigos que intentaban hacer la vida agradable a los ferrolanos que habíamos “secado los pies”; y como no, sus damas, algunas de corazones… y otras de espadas.
Con los años, siempre volví con ganas a pasar periodos de descanso, y disfrutar de su magnífica Semana Santa. Este verano he vuelto a residir unos días en La Isla, invitado por unos amigos, quienes con la tradicional hospitalidad isleña nos abrieron su casa, lo que nos permitió recuperarnos un poco de los acaecimientos de un año para olvidar.

LA PLAZA DEL REY
LA PLAZA DEL REY


Recorrí la calle Real con el fresco de la mañana y me premié con unos churros del “44” en la Plaza del Rey mientras charlaba con un viejo amigo y antiguo jefe. Me agradó ver que el isleño General Varela seguía cabalgando en el centro de la plaza, pero encontré incomprensible la iconoclasia de los ediles, con la KulturKampf que han emprendido para descabalgar a un hijo del pueblo, que inició a los catorce años el ascenso de los peldaños de la milicia, desde educando de banda, pasando por cabo y sargento, hasta llegar a Capitán General del Ejército, y con dos Cruces Laureadas en el pecho… ¡casi nada! Es despreciable el interés por destruir todo el pasado de la ciudad que no sintonice con las letanías de consignas que predican estos “progresistas de estero”.



Me desagradó ver que la imagen del Corazón de Jesús había desaparecido de la fachada principal del Ayuntamiento, al parecer en aplicación de la malhadada ley de la Memoria Histórica. Según me contó mi antiguo jefe, un piadoso benefactor consiguió recuperar los azulejos de la imagen y financiar su instalación en la esquina de la calle del Almirante Faustino Ruíz.
Con las restricciones de gasto, que deberían ser la norma en todas las administraciones, me sorprendió el 16 de julio, día de la Virgen del Carmen, los fuertes fuegos de artificio, unos próximos y otros mas lejanos, celebrando no sé qué, quizá el “día de la mascarita”, porque la feria se había suspendido. Aquello era un despilfarro de dinero, o en términos militares: tirar con la pólvora del rey. Cui prodest? El dinero, por ejemplo, estaría mejor empleado en una restauración de urgencia de la Casa Lazaga antes de que le cayera encima a algún viandante…o al tranvía, si algún día entra en servicio.

LA CASA LAZAGA

Mientras paseaba por la calle Real, me asustaron los toques de timbre del tranvía en su recorrido, pero vi con asombro que no llevaba viajeros, y procuré enterarme de la razón. Pues bien; al parecer el tranvía estaba en la fase de “integración” y todavía no podía incorporarse a las vías de Renfe para llegar a Cádiz. Creo recordar que el proceso de obtención del tranvía Chiclana-Cádiz comenzó hace diez años. Todo un éxito.

EL TRANVÍA POR LA CALLE REAL

        Da gusto ver los espacios culturales que ofrece San Fernando, con su Museo de la Ciudad y el nuevo Museo Naval, pero uno de los principales activos de La Isla es su playa de Camposoto. Se tardó años en conseguir que el Ministerio de Defensa desviara la línea de tiro del Polígono González Hontoria para permitir su uso público. 
    Subsiste en ella el problema del aparcamiento, pués de nuevo el Ayuntamiento, “ecológico, sostenible, inclusivo, y paritario...”, prefiere la incomodidad de los usuarios a la de los escasos cangrejos que merodean por los secos esteros. Para solucionar el problema del aparcamiento, han ampliado un poco el arcén en la carretera de la playa, pero en el arcén del lado contrario han construido un bordillo para que los usuarios destrocen las puertas de sus coches o tengan una lesión lumbar al contorsionarse para salir de ellos al subirse a una acera demasiado alta. En fin: “ingeniería estérica”.
También hay que alabar la proliferación de excelentes restaurantes repartidos en los barrios, que complementan a los habituales bares de tapas, entre ellos: "Casa Naca", "La mar de fresquita", el "Bodegón Andalucía"... Disfrutamos de la magnífica cocina y servicio de “La Alhóndiga”, en el que cenamos sentados en su terraza, con el fondo rosso pompeiano de la remozada fachada trasera del Ayuntamiento.
Completamos la gastronomía con una visita a un freidor para comprar una selección de sus productos típicos: bienmesabe, chocos, huevas, chipirones… pero no pude menos que llamar la atención del encargado por el descuido con que tenían colgado una lámina del maestro “Camarón de la Isla”. Intolerable. Prometió enmendarse.
Dejando las críticas edilicias a un lado hay que alabar el sentido cívico de los isleños que obedecen la consigna del incompetente y mentiroso gobierno nacional de usar las mascaritas, incluso al pasear por la playa, haya levante, poniente, o lo que sople ese día. En la playa se pueden ver a damas y señoritas luciendo sus pechos desnudos al sol, pero con la mascarita en la cara. Produce regocijo.
En resumen: unos días excelentes gozando de la amable hospitalidad y cocina de nuestros anfitriones, que me permitieron apreciar los avances en el nivel de vida del que disfrutan sus habitantes, y recordar nuestros años en La Isla, a donde prometimos volver.